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lunes, 4 de mayo de 2009

Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, 9 aniversario


Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia
Noveno aniversario

Compatriotas:

Cuando se cumplen hoy 29 de abril, 9 años del histórico lanzamiento y creación en San Vicente del Caguán, del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, una organización que pretende agrupar a todos quienes buscamos el fin del terrorismo del Estado, de las injusticias contra el pueblo, de las desigualdades y de la indignidad ante la prepotencia del imperio, por las vías de la acción política y desde las trincheras de la clandestinidad, que resguarde a sus militantes de la barbarie oficial y paramilitar, queremos convocar a integrantes y colaboradores, amigos y simpatizantes y a todas las colombianas y colombianos, a las siguientes reflexiones:

Ya han transcurrido casi 7 años de una mala gestión en contra de los intereses de los pobres de Colombia, del gobierno de Álvaro Uribe Vélez. Muchos volcanes sociales han hecho erupción en Colombia, en el continente y en el mundo, colocándonos ante nuevas realidades sociales, y ninguno de los problemas estructurales que tenía el país, cuando él fue elegido y que prometió solucionar, se ha resuelto.

Su prédica de guerra total y su promesa de derrota fácil de la guerrilla, cada vez está más dudosa y más lejana, y la sensación de seguridad que le vendió al país durante sus dos gobiernos, ha ido dando paso a una creciente desazón, a una suerte de angustia contenida, por el aumento en los índices de desempleo, de pobreza, de arbitrariedad, de impunidad, de inmoralidad y nepotismo en los altos círculos gubernamentales los males que prometió acabar, no solo no han desaparecido, sino que se están acrecentando.

Vamos a completar ya casi medio siglo de una guerra contra el pueblo en cuyo trasfondo lo que hay, es, unos que reclaman y enarbolan consignas populares y participación real en la toma de decisiones de las mayorías nacionales y justicia frente a tanta injusticia, y otros, que representando los intereses de una irritante minoría de prepotentes e insensibles banqueros, capitalistas, terratenientes, políticos corruptos y criminales, mafiosos ligados al poder y a la política, han instaurado un régimen político basado en el engaño y la mentira, en la represión, el amedrentamiento y el crimen.

Un régimen político antidemocrático profundamente reaccionario, excluyente política y socialmente, construido y pensado para garantizar la permanencia en el poder de una clase dirigente que no solo no ha vacilado en arriar todas las banderas sociales que inspiraron el nacimiento de la colombianidad, sino que han traicionando, o asesinando a los mejores hijos de la patria, para atornillar en el poder a una cúpula dominante egoísta y mezquina, que se formó en las peores hazañas, en innumerables traiciones y deslealtades y en aberrantes conductas sociales contra los intereses populares.

Una casta política que más parece de salteadores, pues manejan el erario público como si fuera el botín del pirata, que históricamente le han usurpado los derechos a las grandes mayorías de la nación y le han arrebatado el futuro a la patria.

El sistema electoral, la presidencia, el parlamento, las fuerzas armadas, los medios de comunicación, la justicia, los medios de control, todo, se ha ido organizando, normativizando, reglamentando y regimentando a favor de los que se sienten dueños del país: la oligarquía y esa casta de políticos mafiosos y corruptos que hoy encarna Álvaro Uribe. Para ellos el pueblo no cuenta.

Ya vamos a cumplir 50 años en que la clase dominante de este país no ha encontrado otra fórmula para contener las ansias de justicia de nuestro pueblo que ofrecernos como panacea de solución a todos nuestros males, el aumento de la represión a través de militares, policías y el terror paramilitar, hasta completar una fuerza pública que ya alcanza casi 500 mil hombres, convertida hoy, en razón de la ideología ultraderechista que la inspira, en el verdadero poder real y el principal sostén de este régimen político injusto que nos mal gobierna.

Unas fuerzas armadas, que se pregonan portadoras legítimas de las armas nacionales y de nuestras tradiciones libertarias, pero tienen las manos tintas en la sangre de nuestro pueblo y están ligadas a los peores episodios de crímenes políticos, violación de derechos humanos, torturas, desapariciones forzadas y guerra sucia, de que los colombianos tengamos memoria.
Un poder voraz que ya se apropió de cerca del 20% del presupuesto nacional, que controla la vida de casi todos los colombianos y el resultado no ha sido otro que una mayor prolongación y degradación del conflicto, más desapariciones y más muertes.

¿Hasta cuándo vamos a aceptar los colombianos que una mayor militarización del país, con la consecuente pérdida de libertades ciudadanas y la abultada cifra de muertos, mutilados y heridos que eso conlleva, sea como una especie de pomada milagrosa, que cura todos nuestros males?
Hasta los Estados Unidos, empecinados durante 50 años en aplastar la revolución cubana a través de la criminal política del bloqueo, reconocieron en la cumbre de las Américas, el fracaso de su estrategia y prometieron revisarla, pero aquí no, aquí no cambia nada, y al contrario, quieren eternizar la represión y el crimen.

Tiene que estar muy podrida una sociedad y una clase dirigente que permite que sus fuerzas armadas se alíen con mafiosos y depravados paramilitares, cometan masacres contra el pueblo y hasta asesinen inocentes, para cobrar miserables recompensas de millón doscientos mil pesos, (500 dólares), para obtener indignas condecoraciones ascensos, y hasta permisos de salidas dominicales, hecho que está comprobado y reconocido por el propio jefe de las fuerzas militares y el Ministro de Defensa. Y todo eso, con el único pretexto y la inmoral justificación de combatir una insurgencia que ha luchado heroicamente y en condiciones infinitamente desiguales, durante casi medio siglo, contra esos privilegios que venimos denunciando y por alcanzar unas reformas sociales estructurales que mejoren las condiciones de vida de nuestro pueblo.

La descomposición moral a que ha llegado la clase dirigente y este gobierno, han ido de manera gradual rompiendo todos los diques éticos y sobrepasando cualquier límite.

No hay escándalo en este país en el que no estén involucrados miembros del gobierno, los de su círculo, sus hijos, altos mandos militares y policiales, parlamentarios, alcaldes o gobernadores.
El tiempo corre como un río de oro que se aleja y aún no logramos resolver los grandes problemas sociales que subyacen en el seno de la sociedad colombiana, ni que el pueblo asuma como algo propio la defensa de sus intereses y de su soberanía.

Mientras tanto, la vida sigue y el país se corrompe, se militariza, se derechiza, se complejiza cada vez con más gravedad.

Hoy nuestra patria se hunde en la más devastadora crisis, y de ella solo será posible salir con el activo concurso de las masas, de los revolucionarios, de los demócratas y patriotas que aspiramos ser motores del cambio, para alcanzar por fin, el sueño de una nueva Colombia para todos.
Asistimos hoy a un hecho sumamente grave y sin precedentes: el raponazo y la reelección de un mal gobierno contra el pueblo.

Es necesario hacer que cuaje la fuerza de masas necesaria que enarbole la dignidad de la patria, de la patria de verdad y que cierre el paso o que ponga fin a la iniquidad que significan las marrullas, las trampas y las mangualas que cada vez con más evidencia y mayor descaro saca del cubilete presidencial el aprendiz de tahúr que mal gobierna, para perpetuar su dictadura y la de esa humillante minoría de banqueros y terratenientes, que él encarna y representa.
Con el retiro de Luís Carlos Restrepo, José Obdulio Gaviria, Juan Lozano, del fantoche a quien apodan "Uribito" y los otros, va quedando cada vez más claro el diseño y la puesta en marcha de un plan, elaborado con absoluta y fría antelación, tal vez, desde antes de su primera elección, para prolongar el mandato de Álvaro Uribe hasta el 2022.

Ingenuos los que no creyeron en lo que ya se venía venir y pensaron que arrodillándose y corrompiéndose hasta la indignidad, torciéndole el cuello a su propia legalidad y traicionando sus principios y la Constitución que juraron defender, permitieron que mediante la comisión del delito del soborno, el cohecho, la amenaza y el chantaje, el príncipe se reeligiera, con la secreta aspiración que les daría después, la oportunidad de relevarlo y ocupar ellos, el segundo turno.
Tarde se dieron cuenta las Nohemís, las Martha Lucías, los Vargas Lleras, los Santos y toda esa caterva de lambones y aspirantes, que el papel que les asigna el príncipe, es solo el de meros servidores, de alfiles y de vasallos, pues la regencia y la función de titular, se la reserva para él, ya que los considera a todos, mentecatos e inferiores.

Sin la menor consideración por la más elemental decencia, por las normas de la Constitución, la mencionada división y equilibrio de poderes, traicionando, menospreciando, por debajiando y avasallando a todo el mundo, y sin parar mientes en delitos, como en los casos de la Yidis-política, la parapolítica y el referendo espurio, el tahúr sigue raudo y rampante su camino hacia hacerse el amo absoluto, el autócrata, apoderarse de la totalidad de las tres ramas del Estado y poder declarar como el fatuo rey de Francia Luís XIV: ¡el Estado soy yo!

Es el camino hacia una especie de autocracia, una dictadura civil que marcha en dirección hacia la implantación de un fascismo siglo XXI, que amalgama los intereses del capital financiero, el latifundismo y el narcotráfico, acudiendo cada vez con mayor frecuencia y cinismo a la trampa, la interpretación amañada de la ley y al terror militarista y paramilitar.

Para eso tienen ya un plan, que han venido siguiendo rigurosamente:
Se apoderaron apunta de terror paramilitar del Congreso, con trampas van raudos a apoderarse de la Fiscalía; la Procuraduría y la Contraloría ya son de bolsillo; a la Corte Constitucional, el Consejo de Estado y de la Judicatura, la comisión de televisión, y la junta directiva del banco de la república ya casi los copan, haciendo elegir allí a sus incondicionales y hasta de la inane y mal llamada Defensoría del Pueblo, han hecho su fortín y la han puesto al servicio de su causa.

Aún no han podido apoderarse de la Corte Suprema de Justicia, que resiste con dignidad, pero para eso también tienen ya su plan, y mientras dan el zarpazo, apelan a la calumnia, al chantaje, a la amenaza e intentan el desprestigio, recurriendo a la artería y la falacia.

Pobre país lo que le espera, si dejamos prosperar esta artimaña contra los más altos intereses de la patria. Nepotismo hirsuto, pues entre lo que le critican a Uribe de los negociados de sus hijos y lo que hacían Hussein, Pinochet, Fujimori y Somoza, con los de ellos, no hay mucha diferencia. Ni tanto descaro. Negociados y más guerra, más terror paramilitar y más hambre.

En los últimos meses, la insurgencia ha generado hechos políticos nuevos, ha dado suficientes muestras de flexibilidad, de realismo y de apertura. Ha liberado y está ofreciendo liberar nuevos prisioneros de guerra. Y ahora, cuando a través de un extraordinario esfuerzo, realizado por millares de compatriotas agrupados en el movimiento de Colombianas y Colombianos por la Paz, que surgió precisamente debido a la desidia y al vacío que creó la ausencia de políticas y de voluntad gubernamental para interesarse por la suerte de sus hombres capturados en combate, se logra alcanzar las condiciones para que las FARC liberen unilateralmente al cabo Pablo Emilio Moncayo, el presidente se atraviesa como mula muerta en el camino de su liberación, aduciendo razones politiqueras y mezquinas que no son de principios sino de simple procedimiento.

¿Entonces qué? ¿Quiere o no quiere la liberación de sus prisioneros?

Durante años, él, sus ministros y sus altos mandos militares, alzaron la voz y se desgañitaron con fines politiqueros y de propaganda, pidiendo la liberación de sus hombres prisioneros de guerra, y, ahora, cuando se los van a entregar, se encapricha y se opone. ¿Quién entiende eso?
Eso pone en evidencia ante la faz del mundo que el interés que mueve al gobierno y particularmente a Uribe, no es la suerte de sus hombres, ni razones humanísticas, sino el cálculo político de su estrategia militarista y vengativa contra las FARC-EP.

Ni siquiera el inmenso sacrificio y el tamaño de la hazaña que ha hecho ese padre por alcanzar la libertad de su hijo, capturado en combate y portando el uniforme de unas fuerzas armadas que abandonan a sus hombres en desgracia, lo conmueve.

Compatriotas, tenemos la convicción de que una Colombia en paz, incluyente, más igualitaria, con oportunidades para todos y no solo para los hijos del Ejecutivo y de los poderosos, es decir, con más justicia social, esa Colombia es posible; y tenemos también la certeza, que con el esfuerzo mancomunado, la inteligencia colectiva y el sacrificio de cada uno de nosotros, lograremos algún día ese sueño, que era el sueño de nuestro libertador Simón Bolívar y es el sueño, por el que han muerto y sufrido tantos de los que nos antecedieron, y de los que luchan y combaten hoy, en campos y ciudades a todo lo largo y ancho de la geografía patria y en el exterior. Los invitamos a persistir en el esfuerzo y a continuar la lucha, hasta alcanzar una Colombia para todos.

Los invitamos también a prepararnos para participar con propuestas, con iniciativas y con creatividad en la conmemoración de los 200 años del 20 de julio de 1810, histórica jornada que marcó un hito en nuestro proceso de liberación y en nuestra formación como nación. Los invitamos a seguir luchando por la liberación de Colombia de la coyunda oligárquica.
Esta es la más linda y la más sagrada de todas las causas; por ella bien vale toda una vida de combate, por ella, vale la pena seguir luchando.

Con sentimientos de consideración y aprecio.

Compatriota

Pablo Catatumbo/Jefe del Movimiento Bolivariano por la nueva Colombia
Desde la clandestinidad, Abril 29 de 2009



 


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