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martes, 21 de julio de 2009

20 de julio: Por la patria Grande y el Socialismo ¡Hemos jurado vencer y venceremos!

“Nada hemos adelantado, hemos mudado de amos pero no de condición”
Antonio Nariño

Y 200 años después, seguimos siendo esclavos, expoliados y sometidos por las armas y las leyes a la misma institucionalidad del coloniaje y al predominio voraz de los imperios con la complicidad y la traición de criollos aristócratas con almas chapetonas.

Nada hemos adelantado, como dice nuestro precursor Antonio Nariño, verdadero héroe nacional, hombre de miras continentales hermanadas con las de Miranda y de Bolívar. Hoy se sigue invitando a reyes y príncipes borbones para que continúen el saqueo y se implora de rodillas al gobierno de Washington le clave el puñal del TLC a un país que nunca ha sido libre. Terribles traidores de la patria los que hoy venden la dignidad de Colombia por llenar su bolsa y apuntalar su poder.

Es necesario un nuevo grito de independencia, un grito que estremezca, que despierte y movilice la conciencia de los pueblos. El ronco grito de los de abajo que ahogue el de aquellos que solo querían reemplazar a los españoles en la opresión. El grito de los que Bolívar amaba; el de los pobres, por los que luchó su espada y su corazón.

En el Palacio de Gobierno está el florero que hoy debemos romper: la maldita dependencia al “monstruo del norte”, como llamaba Bolívar al gobierno de los Estados Unidos, al cual nos engrilletó la perfidia infinita de Santander. El creciente poder de los nuevos chapetones españoles que hoy dominan la banca, la telefonía, los servicios públicos, el agua y los medios de comunicación. El Plan Patriota que busca con el fuego de la guerra y la violación de los derechos humanos, garantizar la seguridad inversionista de los saqueadores trasnacionales. En ese Palacio se atrinchera el autor intelectual de los “falsos positivos”, el Presidente Uribe que ordenó matar a diestra y siniestra para mostrar la eficacia de su política fascista de seguridad nacional. Allí está el hombre de las detenciones masivas, del desplazamiento forzoso, de las fosas comunes, de las interceptaciones telefónicas, el que se niega a reparar a las víctimas del terrorismo de Estado, el que quiere arrollar con sus patas la rama judicial del poder, conductas que son objeto de investigación de siete relatores de Naciones Unidas. Allá están los cerebros de la absurda privatización de las empresas rentables del Estado. No les importa que la soberanía se vaya al diablo, y que ello signifique mayor desempleo, bajos salarios, pérdida de conquistas laborales; sólo les importa que después de la transacción, sus bolsillos queden bien repletos. Todo fluye hacia la privatización: la educación, el petróleo, el agua, la telefonía, la energía eléctrica, el mantenimiento de autopistas… El sueño de Uribe es un país de empresarios y son sus dioses Sarmiento Angulo, Julio Mario Santodomingo y Ardila Lulle. Su exclusión de los pobres está enlazada con la preocupación de Santander frente al proyecto político y social del Libertador. De este decía el hombre de las leyes para enredar a los débiles: “Bolívar quiere provocar una guerra interior en que ganen los que nada tienen, que siempre son muchos, y que perdamos los que tenemos, que somos pocos”.

Su política impositiva huele a pólvora. Las grandes empresas no pagarán el impuesto al patrimonio o impuesto de guerra porque fueron blindadas con gabelas tributarias. Quieren poner al pueblo a pagar el sostenimiento del desbordado pie de fuerza que se aproxima a los 500 mil efectivos y sacar recursos de la miseria para financiar el oneroso mantenimiento de los equipos bélicos con que se le persigue y asesina.

El 20 de julio de 1810, el pueblo volcado en la plaza de Santafé pedía castigo para el Virrey y sus secuaces y no abandonó el lugar hasta no ver amarrados y encarcelados a los envilecidos instrumentos del poder opresor español. Estaban molestos con los impuestos de la corona, los abusos del poder, la odiosa discriminación y el incremento de los precios en los productos de consumo popular. Se sentía la presencia de José Antonio Galán con su grito comunero de “unión de los oprimidos contra los opresores”.

Un grito de independencia, un grito de dignidad y de justicia debe brotar desde los confines de Colombia exigiendo castigo penal para el Presidente Uribe y Juan Manuel Santos, responsables de los crímenes de Estado llamados “falsos positivos”. Sanción a este gobierno por traición a la patria, por empujarla a las fauces depredadoras de las hienas neocoloniales. Un grito de rechazo y de condena al jefe de la parapolítica que es el propio Uribe. Un grito de protesta por su delictuosa reelección sustentada en el cohecho y por la desafiante impunidad con que actúa, por pago de favores con Notarías, por las masacres, por su actitud pendenciera con los vecinos, por refugiar asesinos del pueblo en el servicio diplomático, por reunirse con mafiosos y sicarios en el Palacio de Nariño, por incendiar al país con la guerra en detrimento de la política social, y por utilizar el poder para enriquecer a sus hijos.

No más gobiernos mafiosos y corruptos. No más institucionalidad fascista y paramilitar. Colombia debe reconstruir su decoro.

Pero el solo grito no es suficiente. Decía el precursor Antonio Nariño que: “la patria no se salva con palabras, ni con alegar la justicia de nuestra causa. ¡La hemos emprendido, la creemos justa y necesaria! Pues a ello: vencer o morir, y contestar con los argumentos de las bayonetas”. Las FARC ponen sus armas al servicio de los más caros anhelos de justicia y libertad de los colombianos y de sus iniciativas que apuntan a la solución política del conflicto. Es necesario un Gran Acuerdo Nacional hacia la Paz, un pacto social que haga ondear la bandera de la patria, la soberanía del pueblo, las garantías sociales y la felicidad de todos, para lo cual requerimos construir una alternativa política de unidad para el cambio.

La aurora de Colombia es un nuevo gobierno patriótico, bolivariano, democrático y socialista. El proyecto político y social del Libertador, truncado por Santander, la Corona y el gobierno de Washington, ha reiniciado su marcha.

En las proximidades del bicentenario del grito de independencia, Uribe programa una celebración fastuosa de la efeméride del 20 de julio para pavonear por las calles de Tame (Arauca) su arrogancia fascista con redoble de tambores. El ejército que mostrará no es el de la patria. No puede serlo el que apunta sus armas contra el pueblo. La marcha que programa el gobierno a través del páramo de Pisba es para borrar de la conciencia colectiva que quien marcha es el ejército de los “falsos positivos”. Ese no es el ejército del Libertador ni el de la gesta heroica de la batalla de Boyacá, el nuevo ejército de Bolívar, con su espada desenvainada y su pensamiento como faro, recorre el país encarnado en el compromiso y la vigorosa lucha de la guerrilla revolucionaria.

Insulta la memoria histórica la invitación del Presidente Uribe al Rey de España a celebrar el grito de independencia frente a la metrópoli. Parece un criollo descolorido de 1810 gritando por las calles ¡Viva el Rey Fernando VII! Tal vez quiera agradecerle los 140 millones de negros muertos en las cadenas de la esclavitud, los 70 millones de indígenas borrados del mapa con la represión y la servidumbre, los siglos de oscurantismo y de inquisición, y la prohibición a Nuestra América de asomarse a los avances de la ciencia y el progreso. No pueden venir aquí coronas anacrónicas en la sociedad del siglo XXI, a hacernos callar a los americanos de Bolívar. En repudio a la afrenta organicemos eventos y manifestaciones de patriotismo verdadero que nos distancien de las pretensiones manipuladoras del gobierno.

La independencia definitiva de Nuestra América y la unidad de sus pueblos en una gran nación de repúblicas, es irreversible. Que prosiga la marcha hacia la victoria. Con Bolívar, a la carga.

Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia julio 15 de 2009

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