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lunes, 10 de agosto de 2009

EL derrumbe de Uribe (II)

Por: GABRIEL ANGEL

Las FARC-EP somos y simbolizamos algo más que ese grupúsculo despreciable que miran en nosotros Salud Hernández o Claudia López. En realidad, y con el perdón de tan augustas representantes de la libertad de pensamiento y prensa vigentes en nuestro país, somos mucho más que eso. Otra cosa que los compromisos con los conglomerados económicos de los que derivan la subsistencia, les impidan a ellas y a otros muchos consagrados servidores pagos del gran capital, apreciar de manera objetiva y responsable el acontecer de nuestro país y el mundo circundante. Gente así jamás podrá entender que hay una Colombia distinta a la que paga las suscripciones de sus importantes medios de prensa.

Somos la encarnación más viva y consecuente de los intereses populares en Colombia. Lo acredita la sangre de centenares de guerrilleras y guerrilleros, mujeres y hombres de la más pura extracción popular, que han caído enfrentando con las armas el salvajismo neoliberal que no sólo quita el empleo, la vivienda, la salud y la comida al pueblo colombiano, sino que además lo asesina sin vacilación cuando intenta protestar o reclamar por su suerte.
Los intereses populares no coinciden con los de Luis Carlos Sarmiento, ni con los de Carlos Ardila Lulle, ni con los del Banco Santander o el Grupo Prisa. Son los de la gente que pierde su casa ante las compañías hipotecarias, los de los campesinos sin tierra, los de los indígenas asediados por el latifundio, los de las negritudes olvidadas, los de las auténticas multitudes marginadas en las grandes ciudades, los de los millones de desempleados angustiados, los de los trabajadores explotados. Son los de gente así, que nada tiene en común con los potentados o las plumas que escriben para ellos. Por eso nos tiene sin cuidado si no punteamos en las encuestas. Nuestro compromiso es con los de abajo, pero de verdad, en la práctica y no de mera palabra. Por eso, además de las lluvias y pantanos de la selva en el invierno, enfrentamos los aguaceros de plomo y bombas que nos vienen a diario de arriba. Las que pagan los gringos con sus ayudas y los potentados con sus contribuciones de guerra.

Y salimos adelante, pese a todo. Porque contamos con un respaldo y un apoyo popular que haría rabiar de envidia al más enfermizo aspirante uribista a la Presidencia de la República. Sólo que no podemos decir quiénes ni cómo nos apoyan. Si pese a nuestro silencio se persigue, se asesina, se desplaza y llena de terror a un inmenso sector del pueblo colombiano, qué tal que nos pusiéramos a alardear del apoyo con que contamos. Hasta doña Salud, cuando se siente obligada a expresar una opinión contraria a la de sus contradictores en el uribismo, se ve obligada a recordar de manera cuidadosa que nadie puede acusarla de tener alguna simpatía con las FARC. Qué puede esperar entonces un colombiano raso.

Son muchos los comentaristas que en ejercicio de la decepción de las clases dominantes con el modelo violento de Uribe, se ocupan de su desprestigio con miras a minarle el camino a la reelección. Cualquiera menos él, parece ser la consigna ordenada desde los más altos círculos del poder económico. Y es que no son ciegos. Perciben lo que ocurre en las vecindades de Colombia. Se han hecho conscientes de que proseguir con la barbarie uribista pondrá más temprano que tarde a nuestro país en lo que llaman la órbita de la expansión chavista. Algo así ven los gringos. Es evidente el intento de imponer una fórmula más presentable que el vergonzoso espectáculo que ante el mundo entero está dando Uribe, así obre en defensa de sus intereses. Toda acción genera su reacción y ya la comienzan a sentir. La sobrevivencia de las FARC y su creciente accionar combativo es la mejor prueba de eso.

Sin embargo, las contradicciones en Colombia han llegado a tal grado de agudización, que va resultar imposible para el imperialismo y las clases dominantes sostener su control absoluto por medios diferentes al terror ejercido por Uribe. Lo intentarán con Santos, con Noemí, con Sergio Fajardo, con el que sea. Siempre que no aflojen la tenaza. De ahí su coincidencia en perpetuar la seguridad democrática. La fórmula está clara, uribismo sin el insostenible Uribe. Ninguna posibilidad para sectores democráticos, alternativos o progresistas. La situación está más que caliente para eso. Cerrarle el paso a cualquier apertura hacia la izquierda les resulta urgente. Muy fácil con Bush, más complicado con Obama.

Con lo que no cuentan los sectores pudientes es con el grado de descomposición moral al que llegó la política tradicional en Colombia. No es Uribe el paramilitar, el narcotraficante, el corrupto, el soberbio, el politiquero, el nepotista, el fascista. Es toda la clase política colombiana, son sus fuerzas armadas, son los más caracterizados voceros del enriquecimiento fácil que llegaron al poder. David Murcia arribó tarde al festín, simplemente eso. Resultó un advenedizo que no alcanzó a colarse a tiempo. La Gata sí. El reciente atentado contra Víctor Carranza pone de presente cuáles son las fuerzas y los intereses económicos que se encuentran actualmente en los entretelones del poder político. Colombia es un país de intocables. De grandes capos imbricados con el gran capital. De corrupción institucionalizada. De Rito Alejos y Mario Montoyas, de Fernando Londoños y Fernando Araújos.

Y ese poder reclamará su lugar con el nuevo gobierno. Quien sea su cabeza llegará en representación de ellos. Y tendrá que recurrir a los pestilentes medios con los que Uribe se apoltronó en el poder. Padecerá sus mismos males, idéntica violencia criminal. Su misma putrefacción. Sólo que Colombia está mostrando que ya no aguanta más de eso. Una cosa es lo que quieran o necesiten las clases dominantes. Otra cosa muy distinta lo que están reclamando y comenzando a exigir los sectores dominados. Nuestro país, nuestros nacionales, nuestro pueblo han de comenzar a prepararse para ocupar el lugar que le reserva la historia. Los grandes cambios se aproximan a pasos agigantados. La izquierda, los sectores progresistas y democráticos tienen por delante un horizonte halagüeño. En Colombia está a punto de pasar algo. Otro gobierno así, sea de Uribe u otro, no va lograr sostenerse. Se abre la oportunidad para las grandes transformaciones.

No será fácil. La derecha militarista lo intentará todo para impedir el avance popular en nuestro país. Ese pueblo que espera redención, sabe desde ya que cuenta con un Ejército fiel a sus intereses y que jamás va a traicionarlo, las FARC-EP. Es urgente que sean las voces de la unidad y la convergencia las que primen en las próximas contiendas. Se lo merece Colombia y no vamos a defraudarla. El derrumbe del uribismo equivale al hundimiento del régimen. Hay que tumbarlo entre todos. Y vamos a lograrlo.

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