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martes, 18 de septiembre de 2012

Nuevo escenario de la confrontación política entre el pueblo colombiano y la oligarquía

por Pável Blanco Cabrera*

Concluido el encuentro exploratorio, el Gobierno de Colombia y las FARC-EP han anunciado el inicio de una Mesa de Conversaciones para buscar una salida política al conflicto social y armado en que se encuentra el pueblo colombiano desde hace cinco décadas. Participarán también los gobiernos de Cuba y Noruega como garantes, y los de Venezuela bolivariana y Chile como acompañantes.


No es la primera vez que ello se intenta, y la insurgencia siempre ha mostrado su voluntad para dialogar con el adversario, que en todas las ocasiones incumplió. Uno de los intentos previos de salida política fue la Unión Patriótica, a la que le asesinaron candidatos presidenciales, parlamentarios concejales y miles de militantes en crímenes ordenados por el Estado, ejecutados por él o por grupos paramilitares. Fue una campaña de exterminio político.

Los diálogos en San Vicente del Caguán mostraron a los colombianos y al mundo que la guerrilla estaba bien armada de propuestas para dar solución a los problemas sociales. En cada mesa temática, las FARC-EP demostraron no solamente un conocimiento profundo de cada asunto nacional, sino contar con un ejército de cuadros preparados para su resolución, con talla de estadistas. Recordamos, por ejemplo, la propuesta de sustitución de cultivos para combatir el tráfico de drogas, considerándolo un problema social  al que atender desde sus raíces. El gobierno de Pastrana se empecinó en generar pretextos que inviabilizaron esa oportunidad y reinició las operaciones militares.

El imperialismo apostó por la derrota militar de las FARC-EP con el Plan Colombia, en el que se empeñaron las administraciones de Clinton y Bush.

Durante las dos gestiones de Álvaro Uribe, se vivió como nunca el terror contra la población. La  mezcla de Estado, paramilitarismo y narcotráfico resultó en años dramáticos cuyas terribles heridas se prolongan hasta hoy: tan sólo con el caso de los falsos positivos se cuentan ya miles de asesinados, miles de personas a las que el ejército asesinaba, los vestía con el uniforme fariano y los presentaba a la prensa como bajas de la insurgencia; cinco millones de desplazados en el proceso de despojo de tierras por vía institucional a favor de la oligarquía; empobrecimiento de la población, desvalorización del trabajo, privatizaciones y entrega de la soberanía nacional para favorecer a los monopolios colombianos y de otras nacionalidades. En las cárceles del Estado languidecen actualmente más de 7000 presos políticos.

Las dimensiones de la guerra, con bases militares norteamericanas y el Comando Sur del ejército de los EEUU en plena acción, dan base para que algunos especialistas e intelectuales expresen que se vive un nuevo Vietnam.

Lo que pasa en Colombia es de importancia continental y mundial y no hay motivo que justifique darle la espalda al tema. Con mayor razón para las fuerzas revolucionarias. Dejando de lado a la jauría de voceros de los monopolios, que han derramado tinta calumniosa para criminalizar la insurgencia y el derecho de rebelión, lo cierto es que hay debates profundos sobre el conflicto social y armado por el que atraviesa ese pueblo hermano. El Comandante Fidel Castro escribió un libro sobre el tema y le dedicó Reflexiones muy polémicas. Otros han optado por un silencio injustificable. Muchos intelectuales han tomado partido abierto por la guerrilla. Desde la izquierda también surgieron voces hablando de la inviabilidad de la lucha armada y casi exigiendo la rendición de las FARC-EP y del ELN.

Pero los marquetalianos han demostrado con hechos la viabilidad de la rebelión, de la lucha armada, y de la estrategia y táctica enarbolada por Manuel Marulanda y Jacobo Arenas, siguiendo a Lenin: la combinación de todas las formas de lucha. La fuerza de los principios, la justeza de los objetivos de lucha, de las demandas, del programa, han permitido a los camaradas de las FARC resistir. Las operaciones de guerra contra Raúl Reyes, Jorge Briceño y Alfonso Cano, son la prueba, por una parte, del despliegue militar para aniquilar esa lucha y por otro, de la gran voluntad del pueblo para continuar la lucha hasta vencer.

Las FARC-EP, un partido comunista en armas, no fueron, ni serán, vencidas militarmente; y tampoco abandonarán las armas sin alcanzar los objetivos que los llevaron a la senda guerrillera. El objetivo de las FARC-EP es la conquista del poder y la construcción de una Colombia nueva.

En un equívoco pensar que los diálogos de Oslo son los de la desmovilización. Serán, eso sí, un nuevo escenario de la confrontación, de los de abajo contra los de arriba, de las clases oprimidas contra los explotadores, de Bolívar contra Santander, de las mayorías oprimidas en duro antagonismo con la minoría que es la clase dominante. Y habrá que esperar un debate de grueso calibre y ráfagas de argumentos que presentará la delegación de las FARC-EP, como ya adelantan las opiniones del comandante Jesús Santrich sobre el tema de la tierra.

Con gran firmeza lleva la columna fariana dirigida por el comandante Iván Marquez, para ese encuentro con sus adversarios de clase, la bandera de la paz con justicia. Veremos un ejército del pueblo con grandes pertrechos culturales, con dominio de la historia, compromiso con el pueblo trabajador, solidaridad e internacionalismo. Llegan a esa nueva batalla las FARC-EP con gran dignidad y siendo portadores de la esperanza de su pueblo. Y con las FARC-EP van las luchas del continente por emancipación y socialismo. En ese equipo debe integrarse sin dilación el comandante Simón Trinidad, actualmente en una cárcel de los EEUU.

Un factor contra la burguesía es que en Colombia existen grandes movimientos socioclasistas, antiimperialistas y anticapitalistas, de trabajadores, estudiantes, campesinos, indígenas, mujeres, jóvenes, afrodescendientes, ambientalistas, algunos de ellos expresados en la Marcha Patriótica. En sus alocuciones el Comandante en Jefe de las FARC-EP, Timoleón Jiménez, expresó su convicción de que el pueblo es el hacedor de la historia y señaló la importancia de que el pueblo se involucre en esta oportunidad para la solución política.

Las FARC-EP deben ser acompañadas en ésta batalla por los pueblos y sus organizaciones revolucionarias y clasistas. El Partido Comunista de México, sin importar la criminalización en su contra, no ha desistido nunca de la solidaridad con la insurgencia colombiana y hoy estará atento al desenvolvimiento de la situación.

Pensamos que éste es el deber de todos aquéllos que compartan la idea de construir un mundo nuevo, que necesariamente será socialista-comunista.  

*Primer Secretario del Partido Comunista de México 

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