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lunes, 8 de octubre de 2012

Qué tiene de modelo la economía

Por Rubén Zamora

Modelo o recetas corporativas

Así se le dice a lo que impusieron como recetas de libre mercado que sigue impactando a las economías en el mundo. El blindaje del que tanto nos hablaron no resulta y la depresión comienza a sentirse. Así se lee en el balance del segundo trimestre, presentado por el gobierno nacional.  Aunque la cifra global  de crecimiento sea de un 4,9 por ciento, en general la tendencia fue negativa respecto 6,1 por ciento del primer trimestre. Ahora bien,  al discriminarlo nos damos cuenta que dicho crecimiento lleva acuestas pésimos resultados para la inversión nacional. Según el economista Eduardo Sarmiento, la primera en ingresar a la fila fue la industria que descendió 0.9% en marzo y 1.7% en abril, y en este último mes la siguieron el comercio con baja de 2.4%, la licencias de construcción de 20%, las exportaciones industriales de 9% y el consumo de energía de 0.1%.

Salomón Kalmanovitz, advierte que el gobierno se mostró desmesurado con los resultados, según plantea el sector estrella fue la construcción con un resultado de 18,4 por ciento y le siguió la minería con el 15 por ciento, el petróleo un 4,4 por ciento y el níquel un astronómico 86 por ciento mientras se deprimieron otros sectores.

En todo caso, al ver los resultados del crecimiento económico de cada sector, nos damos cuenta que los beneficiados son el sistema financiero y las empresas multinacionales. Recordemos que Sarmiento Angulo, ha desorbitado sus ganancias. Un informe de Colprensa del 31 de julio, asegura que estas equivalen a 1.229 dólares por segundo y es el 39 empresario más rico del mundo.

En el sector agrícola, debe tomarse en cuenta la diferencia entre la producción agroexportadora con los productores nacionales de alimentos. En el primer grupo invierten multinacionales y el sector financiero beneficiados con ayudas económicas del gobierno nacional, este es el que muestra una tendencia al crecimiento, mientras se deprime el segundo grupo, dígase pequeños, medianos y  grandes empresarios productores de alimentos, todos afectados por la competencia internacional desde la época de la apertura económica complementada con los tratados de libre comercio.

Sin duda que el país está entrando en una etapa de desindustrialización y de agonía del sector agropecuario. La ANDI ha reconocido la desaceleración industrial, por ejemplo,  entre enero y junio de 2012 su crecimiento fue de 1,3 por ciento, frente a un 6,4 por ciento en el mismo lapso de 2011; las ventas totales entre enero y junio, aumentaron un 3,2 por ciento, mientras que en el mismo periodo de 2011, llegó al 6,4 por ciento.  A ello se agrega que las ventas hechas en el mercado interno en la primera mitad de este año, aumentaron 1,9 por ciento, frente al 6,3 por ciento del mismo semestre de 2011.

La caída del sistema productivo nacional es inminente, si se toma en cuenta que la orientación de la política no se transforma  sino que se profundiza con los Tratados de Libre Comercio. La participación de la industria al PIB, entre 1990 y 2010, cayó del 16.5 al 12.9 por ciento y la agricultura fue del 13 al 6.5 por ciento. El informe presentado por Planeta Paz titulado "Impactos del TLC con Estados Unidos sobre la economía campesina colombiana", prevé que el 70 por ciento de los campesinos serán afectados con una reducción de sus ingresos en un 16 porciento como producto de la implementación del tratado.

Mientras esto le ocurre a la economía nacional, el Banco de la República advierte que durante 2010-2011, la inversión extranjera directa ascendió a 20.043 millones de dólares, reportando en el mismo lapso,  utilidades y dividendos por 24.180 millones de dólares. Inversiones que fundamentalmente son en explotaciones de minería y petróleo cuyas participaciones a la economía nacional son precarias. Al país le queda un poco más del 8 por ciento de las regalías, la depredación ambiental, las cicatrices de la violencia y la desigualdad social.

Las regalías las centralizó el gobierno nacional por efecto de cálculos políticos, se las devora la corrupción, una mínima parte es inversión pública y buena parte va al despilfarro de la guerra. La depredación ambiental estimula el cambio climático y provoca la destrucción de fuentes de agua provocando problemas graves de desabastecimiento en los grandes conglomerados humanos. Estas inversiones minero energéticas son un acelerador de la violencia si se toma en cuenta que influyen poderosamente en la intensidad del conflicto interno.  Para enero de 2013, la fuerza pública completará 18 batallones destinados a la seguridad de empresas transnacionales, un ejército con funciones de seguridad privada multinacional, que en algunas regiones supera tres veces el número de su población.

Adicionalmente el país se ancló en el atraso tecnológico, consecuencia nefasta del papel asignado a Colombia en el contexto internacional. El fortalecimiento de la infraestructura si les resulta una necesidad tanto para distribuir mercaderías importadas como para garantizar las exportaciones de materias primas provenientes de la minería y de la agricultura agroexportadora. Sin embargo, se encuentra estancada; la desidia y la corrupción se conjugan y resultan afectando su posibilidad de crecimiento.

El problema va mucho más allá de las cifras económicas y sus efectos a los inversionistas nacionales, que no serán tantos respecto al resto de la población colombiana pero su trascendencia social es gravísima.  La última medición de indigencia y pobreza del DANE, Planeación Nacional y otros organismos es dramática. Unos 5 millones 653 mil colombianos reciben  un ingreso mensual  por debajo de $ 87.672, unos 17 millones 818 mil reciben ingresos por debajo $192.696 mensuales. A los primeros los clasifican como indigentes, mientras a los segundos, en condiciones de pobreza. Vale recordar que la OIT advirtió que una persona en Colombia cuyos ingresos estén pode debajo del salario mínimo se clasifica dentro del rango de indigencia.  Entre los resultados de la medición, que suma 23 millones 471 mil colombianos,  y los que ganan por debajo de un salario se completa un cuadro de indigencia indignante.

Desencuentros de la política con la economía nacional y lo social.
Los resultados vistos desde el gobierno nos indican sin equívoco que la prosperidad democrática es un eslogan propagandístico muy lejos de ser realidad.   El gobierno de la Unidad nacional oculta la causa fundamental del fenómeno económico y social consecuencia de la abyección de la clase política a los mercados internacionales y su irresistible voracidad acumulativa de capital.  Uno de los problemas centrales es que en la medida que se incremente la crisis de dichos mercados, se incrementan con más rigor las medidas de ajuste y pavorosos serán los impactos en las mayorías sociales.

La política tradicional va por un lado distinto a los intereses de la sociedad, y cada vez más lejos. Sus partidos predominantes carecen de principios de inspiración social y nacional, siguen ciegamente las condiciones de la globalización neoliberal, están corroídos por la corrupción y penetrados hasta la médula por el narcotráfico. Las expectativas de paz, de recuperación de la economía nacional y de desarrollo social se confrontan con su intransigencia y los intereses que abanderan desde dentro y fuera del Estado.

Cambiar el rumbo del país
No van a para el propósito de desnacionalización de la economía que lleva al ocaso a muchos sectores económicos, de consuno al desastre social y al recrudecimiento de la violencia. Resulta de este fenómeno la disyuntiva entre seguir apoyando el programa neoliberal consolándose con algunos paliativos inútiles o se impulsa un nuevo gobierno que consolide la paz sobre la base de la participación política y la convivencia democrática, que supere la corrupción, garantice el estímulo a la pequeña, mediana y gran industria, recupere el proteccionismo de Estado a la economía, controle sus sectores estratégicos, impulse la investigación científica, realice la reforma agraria, reivindique a los trabajadores y suprima las formas de explotación que han degradado el valor del trabajo, dignifique a las grandes masas empobrecidas, transforme socialmente al país y recupere todos los valores sociales.

Estamos hablando de convertir la política en una ciencia que dinamice el desarrollo nacional integralmente, orientar las relaciones internacionales bajo premisas de soberanía nacional, integración, multilateralidad y complementariedad. Es necesario asimilar los cambios que han ocurrido en el continente y comprender que ha sido a partir de romper con las recetas de los centros de poder mundial.

Comprendiendo las necesidades del país, las FARC-EP,  hemos exhortado a los colombianos a luchar por un nuevo gobierno democrático, patriótico y bolivariano. Aportamos a la discusión programática la Plataforma Bolivariana, que abarca el sentir de gran parte de la diversidad del país. En medio del disenso existen muchas coincidencias sobre temas cardinales que deben unificarnos a los colombianos hacia soluciones efectivas a la grave crisis del país.

La solución política debe ser el punto de partida del un proyecto transformador, requiere de fuerzas suficientemente comprometidas y capaces de liderarlo. No implica la desmovilización y anexión a las políticas neoliberales del actual gobierno, implica crear, transformar realidades  que sectores en el poder se resisten a concebir siquiera como posibilidad. Un nuevo gobierno debe plantearse  desde la necesidad y la diversidad social, cultural y política del país.

Esa propuesta debe afrontar tareas difíciles, pero superables, con iniciativa podemos despertar el fuego patriótico que descansa en el alma colombiana. Es preciso romper esas corrientes negativas arraigas, en algunos casos muy polarizadas o muy sumisas en otros. Grandes masas toman como líneas de acción las elaboradas en los poderosos centros de poder mediático, ellos convierten la verdad en su primera víctima y luego a quienes actúan por las emociones que despiertan. No se comprende el papel que desempeñan en la lucha política e ideológica, sus nexos con el proyecto neoliberal, con los programas de guerra sicológica, que también estimulan el crimen por la estigmatización, que justifican el crimen político y la desenfrenada militarización de la sociedad, o caen en el plano de la complicidad cuando ocultan las más graves aberraciones cometidas por el sistema represivo del régimen político. Ese poder hay que romperlo con iniciativa popular, ganar la confianza de muchos sectores del país que representamos, porque su dolor es el nuestro dolor y nuestras iniciativas los asumen en la lucha que estamos desarrollando para lograr que las mayorías sean quienes decidan su destino.

No es fácil el conflicto social y político, pero tampoco es fácil vivir en la pobreza o la mendicidad que nos muestran como horizonte los balances del gobierno y la cruda realidad nacional. Tanta precariedad, también nos pone en el horizonte que una gran fuerza social y política  puede replantear el rumbo del país, proyectarse como alternativa democrática, corrigiendo estilos que hacen daño a la unidad y al ejercicio de la actividad política, formulándola  bajo los principios que aseguran la voluntad de las mayorías.

Solo un formidable haz de voluntades hará posible   edificar el mañana.  Este proceso de diálogo apenas nos ofrece una luz de esperanza que debemos fortalecer ampliando el debate con la participación de la sociedad,  es ahí donde están los más fuertes dolores de la patria, y jamás podrá corregirse el rumbo a sus espaldas.

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