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lunes, 17 de diciembre de 2012

Todos te queremos, Chávez

Comprendemos el enorme significado que Hugo Rafael encarna para el
pueblo venezolano y su proceso, para los pueblos de Latinoamérica, el
Caribe, África y Asia.

Por Gabriel Ángel

A veces la política obliga a guardar silencio, a no pronunciar las
palabras que se sienten madurar al interior de nosotros, porque
intereses más altos y probables repercusiones en contra obligan a la
prudencia. Sobre todo cuando se roza con la agresividad de enemigos
tan poderosos, capaces de desatar todo el poder de su intolerancia y
ocasionar mucho daño.

Pero también hay momentos en los que cualquier consideración de ese
tipo debe quedar a un lado. Que hablen, que digan lo que les venga en
gana, que se agarren de una frase, de un verbo, de una palabra de
afecto para alborotar cuanto quieran. Momentos en los que la decencia,
la higiene moral, la solidaridad, el afecto y la sinceridad tienen
derecho a expresarse.

Por eso abro paso a mi alma para que fluya el intenso dolor, su honda
preocupación, la más sentida esperanza por la salud y vitalidad del
compañero, camarada y Presidente de República Bolivariana de
Venezuela, Coronel Hugo Rafael Chávez Frías. Mi condición de
revolucionario, de latinoamericano, de colombiano, de guerrillero de
las FARC-EP me mueve a hacerlo.

Hugo Chávez es un hombre de dimensión mundial, un referente inequívoco
para los pobladores de cualquier continente, pero sobre todo un
paradigma, un símbolo, un ejemplo, una voz de aliento para todos los
pobres y explotados del planeta. Su grandeza no estriba en la fuerza
militar o la riqueza del país que dirige, sino en el amor a su pueblo
y a la causa de la justicia.

En haber sacado adelante un proyecto de dignificación de su patria,
que la puso a caminar por senderos distintos a los fijados por los
poderes dominantes de gran capital transnacional, en haberse atrevido
a apostar a la causa de la construcción del socialismo, en momentos en
que la unipolaridad devastadora y criminal del Imperio se creía la
única verdad posible.

El imperialismo y las oligarquías que dominan las diferentes naciones,
particularmente a Colombia, no ocultan su felicidad por la tragedia
que padece el Presidente venezolano. Todos a uno permanecen a la
expectativa del soñado desenlace final que saque de en medio a un
rival tan formidable. Cómo se frotan las manos y preparan sus
hipócritas notas fúnebres.

Cuentan con sus periódicos, sus revistas, sus grandes cadenas radiales
y televisivas, sus múltiples sitios en el ciberespacio, para
entorpecer y anular el entendimiento de los pueblos. Pocos hombres
públicos han despertado tal coro de infamias y calumnias en su contra
como el Presidente Chávez. Todas resbalan miserables al asfalto sin
manchar su silueta impermeable.

Se cansaron de hablar del supuesto eje La Habana, Caracas, FARC,
porque sencillamente la limpieza de cada una de esas causas hacía
imposible la misión de aplastar a las tres juntas. Nosotros no podemos
negar la admiración y el afecto que sentimos por Hugo Chávez, como no
podemos negar los mismos sentimientos hacia Fidel Castro, Che Guevara,
Jorge Eliécer Gaitán o Simón Bolívar.

Como no podemos dejar de llamarnos hijos de Manuel Marulanda Vélez y
Jacobo Arenas. Hay seres capaces de iluminar de tal manera su entorno,
de inspirar a generaciones enteras a actuar contra toda adversidad a
fin de materializar sus sueños. Seres de talla monumental, auténticos
titanes frente a los cuales los más soberbios entre los amos solo
parecen gusanos.

Y Chávez es indudablemente uno de ellos. Un guerrero de la talla de
Espartaco, de Viriato, de Jesucristo, del inmortal Guaicaipuro, de los
negros Miguel o Biojó, de Miranda, Bolívar o Sucre. Un coloso que como
todos los nombres mencionados, deriva su fuerza del apoyo cerrado de
enormes multitudes que lo eligieron líder. Humanamente,
civilizadamente, es de lejos un héroe real.

Sé que la canalla saldrá de inmediato a afirmar que lloramos por
Chávez porque sabemos que su ausencia significará la pérdida de sus
apoyos de toda índole a nuestro proyecto. Pobres imbéciles. Sus
juicios derivan de su pérfida condición moral. Piensan de verdad que
sólo puede sentirse amor por quien suministra dinero. Que sólo se
quiere a lo que proporciona ganancias. Así ven ellos todo.

Somos revolucionarios, de la más pura estirpe. Creemos en la
solidaridad y el internacionalismo proletarios. Comprendemos el enorme
significado que encarna Hugo Chávez para el pueblo venezolano y su
proceso, para los pueblos de Latinoamérica, el Caribe, África y Asia.
Reconocemos la importancia de su voz en todos los escenarios globales.

Sabemos que todos los seres humanos pobres y explotados de cualquier
rincón del tercer mundo, se sienten bien representados por él, que su
discurso antiimperialista, socialista y democrático reproduce los
sueños del ochenta por ciento de la humanidad, que mira horrorizada
como el otro veinte por ciento se adueña del ochenta por ciento de la
riqueza que todos ellos crean.

No hemos conocido ningún gesto, por mínimo que sea, de la vida pública
del Presidente de Venezuela, que pueda interpretarse como una traición
a su pueblo o a los demás pueblos del mundo. Supimos de él cuando
encabezó el golpe del 4 de febrero contra los planes de ajuste del
Fondo Monetario Internacional que hundían a sus conciudadanos en el
hambre y el desespero.

Reconocemos su sensatez y firmeza a la hora de la derrota, como
aprendimos con curiosidad a desentrañar su discurso patriótico y
bolivariano al salir de la prisión. Lo vimos elegido Presidente en
contra de todos los poderes económicos. Aplaudimos cuando su pueblo se
lanzó a la calle a reclamar su regreso tras el golpe de abril y cuando
venció el sabotaje petrolero.

Sabemos que ninguno de los Presidentes, de ninguno de los países
dominados por la burguesía, puede igualar el número de elecciones
populares convocadas por Chávez, en las que limpiamente su pueblo le
ha dado respaldo. Gozando la oposición de derechas, apoyada por el
imperialismo, de todos los derechos que ninguna burguesía concede a
los movimientos populares en sus países.

No estoy escribiendo aquí para hacer un obituario. Desde lo más
profundo del corazón deseo una pronta y exitosa recuperación de
Chávez. Lo que no disminuye mi alarma ante la franca declaración de la
Vicepresidencia venezolana. En realidad deseaba expresar mi
solidaridad con Venezuela, mi devoción por su Presidente, mi fe en su
victoria, enviar mi abrazo hermano desde estas montañas.

¡Viviremos y venceremos, Chávez! Todos te queremos, y desde ya podemos
decir que triunfamos.

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