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martes, 8 de enero de 2013

Saludo de Año Nuevo, a las Fuerzas Militares y de Policía


Policías, soldados y guerrilleros, además de incontables mujeres y hombres de la población han entregado sus vidas, su integridad o su libertad en desarrollo de un conflicto que se prolonga indefinidamente y amenaza con extender la sangre todavía por muchos años.

 

Saludo de Año Nuevo, a las Fuerzas Militares y de Policía

 

Nuestro país se aproxima a los cincuenta años de guerra continua, por cuya causa han perecido miles y miles de compatriotas, la inmensa mayoría miembros de familias humildes. Son demasiados los afectados y las víctimas de todo orden causadas por la confrontación.

 

Policías, soldados y guerrilleros, además de incontables mujeres y hombres de la población han entregado sus vidas, su integridad o su libertad en desarrollo de un conflicto que se prolonga indefinidamente y amenaza con extender la sangre todavía por muchos años.

 

Las fuerzas militares y de policía no son creadoras de política sino ejecutoras de las decisiones de los políticos profesionales. Además, reproducen en su interior la estratificación clasista de la sociedad, con oficiales, suboficiales y tropa, siendo estos últimos quienes se juegan la vida.

 

Un reducidísimo grupo de oficiales generales, escogido por su fidelidad a la casta acaudalada a la que sirve, se encarga de planificar y dirigir la confrontación, enviando a morir o a matar a sus subalternos. Para lograrlo, siembran y alimentan el odio fanático.

 

Cada vez que la insurgencia ha logrado entablar conversaciones encaminadas a la concertación de la paz, se han interpuesto y primado los intereses de las clases dominantes, las más ricas, que prefieren la continuación del desangre antes que la discusión y disminución de sus privilegios.

 

La guerra nos ha dejado un país dividido en buenos y malos. Entregado cada vez más al saqueo de sus riquezas por intereses foráneos, sometido política, económica y militarmente a los Estados Unidos. Con abismales desigualdades sociales y una inmensa masa humana sin esperanzas.

 

El pie de fuerza militar y policial, el armamento cada vez más sofisticado y las permanentes operaciones represivas no consiguen la pacificación. Sólo garantizan la permanencia de la injusticia que da origen a la guerra y son causa de más muerte y sufrimiento para Colombia.

 

Es hora de que militares y policías del pueblo se pronuncien por la terminación de la guerra. Por la recuperación de la soberanía patria lacerada, por la reconciliación con la otra Colombia, la de sus propias familias empobrecidas al igual que las de otros 30 millones de colombianos.

 

Las Fuerzas Armadas no pueden seguir a las órdenes del Comando Sur de USA, no pueden seguir machacando compatriotas inconformes, no pueden seguir sacrificando sus vidas y las de miles de colombianos para satisfacción de bancos, multinacionales y hacendados.

 

De ellas también depende la conquista de la paz. Estamos seguros de que sus integrantes no son enemigos del pueblo, que pueden llegar a entendimientos con la insurgencia y el movimiento popular, que pueden desprenderse de la nefasta influencia de la oligarquía gobernante.

 

Sean esta navidad y año nuevo la ocasión para reflexionar. Trabajo, ingresos dignos, salud, vivienda, educación, respeto por las ideas contrarias, sincero amor por la patria, son reivindicaciones sencillas que no pueden seguir siendo causa de duelos a muerte entre hermanos.

 

Compatriotas,

SECRETARIADO DEL ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP

Montañas de Colombia, 18 de diciembre de 2012.


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