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lunes, 4 de febrero de 2013

Comunicado EMC - FARC-EP

La campaña de la ultraderecha contra el proceso de paz de La Habana arrecia su intensidad. Lo que algunas cadenas radiales y otros medios de comunicación califican como la primera gran crisis de los actuales diálogos entre gobierno y FARC, no pasa de ser otra de esas creaciones virtuales de los medios de comunicación a fin de crear falsedades inexistentes en la realidad.

Las conversaciones en la Mesa prosiguen de modo normal, nadie se ha puesto de pie o amenazado formalmente con retirarse. Por el contrario, las dos partes trabajan en busca de puntos de aproximación sobre el tema agrario, con el afán de producir acuerdos significativos que representen avances ciertos hacia la terminación del conflicto y la paz.

Lo demás es especulación, escándalo promocionado con fines malintencionados. Los hechos de guerra que sacuden el país y que afectan personas e intereses de las dos partes involucradas en la confrontación, son precisamente eso, los avatares del conflicto que se procura solucionar en la Mesa. Pretender destruir la vía de la paz apelando a ellos es una verdadera locura.

Antes que echar leña al fuego, aquellos que se califican a sí mismos como patriotas y bienhechores del país, debían de promocionar de modo franco y positivo el fortalecimiento de la vía dialogada. El ex Presidente Uribe difunde histérico las fotografías de unos agentes de la Policía caídos en una emboscada, pero aplaudía emocionado en su momento las de Raúl Reyes o Iván Ríos mutilados.

Eso para citar solo un ejemplo. Los sucesores de los generales de la República que dieron partes orgullosos acerca de la aniquilación de las guerrillas en el Chocó o la Guajira, para no ir más lejos, exponen hoy su preocupación por el accionar de las FARC en esas mismas regiones. Escarbar hasta encontrar y solucionar las causas de la confrontación resulta más práctico y humano.

Si algo debe ser puesto en duda y condenado es el recurso de invocar sentimientos humanitarios con el fin de azuzar la agresión y la muerte. Algo que se ha convertido en característica del tendencioso programa del señor Herwin Hoyos en Caracol Radio, quien propone ahora una marcha contra el proceso de paz, y lo hace a nombre de la libertad y la vida.

Suele criticarse por excesivo el calificar a alguien como fascista. Pero eso de considerar que en un país existen grupos humanos que no pueden ser objeto sino de la eliminación física, con los que no cabe ningún trato o acuerdo porque se trata de terroristas despreciables, omitiendo protuberantes realidades históricas y sociales, no puede ser llamado de otro modo.

Y así precisamente piensan todos esos fanáticos furiosos que sueñan con unas FARC humilladas y vencidas. Valerse del uso de la fuerza, de la violencia extrema para aplastar a sus contradictores. Como si la guerra popular no hubiera brotado de la sangre y los cuerpos torturados o despedazados de la oposición política revolucionaria en Colombia.

Toda vida humana es sagrada, incluida la de los policías y soldados de Colombia, claro está. Pero si estos llevan décadas triturando compatriotas sin piedad, cabe pensar también en el valor de la vida de sus víctimas. Cualquier parte victorioso del Ministerio de Defensa pone de presente que se ha conseguido con la actuación conjunta de la Policía, el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada.

Todo el poder armado del Estado e incluso poderes criminales paralelos a su servicio, en una cifra que rebasa el medio millón de hombres y mujeres, apoyados por la inteligencia y la tecnología de guerra de los Estados Unidos, se dedica las veinticuatro horas del día a localizar y matar colombianos en pie de lucha. Mal puede pensarse que resultan intocables. Hay una guerra.

Y una guerra en el que la parte fuerte y bufona miente, engaña, desinforma. Con el pleno respaldo de los grandes medios de comunicación. El Ejército y los paramilitares asesinaron impunemente miles de personas en Urabá, y desterraron decenas de miles. Cuando la Corte Suprema de Justicia ordena al Estado pedir perdón sólo a la Comunidad de Paz de San José de Apartado, todos callan.

Uribe y su vicepresidente Santos que el mismo día de la masacre de 2005 acusaban falsamente a las FARC, los primeros. El gobierno actual, los segundos. Los mandos militares, los terceros. Los grandes medios de comunicación, los cuartos. Ninguno de ellos daría el mínimo apoyo a una marcha que exija el cumplimiento de lo ordenado por la Corte. Herwin Hoyos tampoco.

El plan de los fascistas es claro. Generar un escándalo de dimensiones internacionales con relación a los presuntos crímenes de humanidad cometidos por los insurgentes, llevar supuestas víctimas a los micrófonos y estrados, exacerbar y utilizar el dolor de las familias de los soldados y policías víctimas de la confrontación. Para obtener el repudio universal contra los insurgentes.

Igual a como procedieron los nazis con las comunidades judías. Con el propósito de conseguir la aprobación generalizada al genocidio. Mientras hacían pública ostentación de su poder militar de aplastamiento. Mientras se perseguía con saña a comunistas, gitanos y negros. Mientras se pisoteaba la dignidad y la libertad de naciones enteras. Los métodos y fines son idénticos.

Los matones adiestrados en las academias militares y policiales reciben el título de héroes. Los horrores cometidos en el país por semejante fuerza sencillamente no existen, deben ser desaparecidos del imaginario popular. La sangre y el dolor que esparcieron no se pueden llamar violencia, fueron apenas el ejercicio legítimo de la fuerza. Su Excelencia El Cardenal bendice.

Semejante monstruosidad en construcción no puede ser tolerada. Precisamente las FARC vamos a la Mesa de Conversaciones a luchar contra eso. Y sabemos que millones de colombianos de buena voluntad nos acompañan en este histórico empeño. La paz no es eso que nos quieren meter por los ojos. La paz es verdad, la paz es justicia. Esa sí es la Gran Marcha que debe cumplir Colombia.

ESTADO MAYOR CENTRAL DE LAS FARC-EP
Montañas de Colombia, 3 de febrero de 2012

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