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martes, 5 de marzo de 2013

Sucumbíos, un crimen de guerra

Al pueblo jamás se le doblega con la violencia, se le respetan sus derechos

Por Rubén Zamora

El 1o de marzo de 2008 ocurre el bombardeo al campamento de paso del Camarada Raúl Reyes en región fronteriza ecuatoriana con Colombia de Sucumbíos. El presidente de entonces, Álvaro Uribe Vélez y su ministro de la defensa, hoy presidente de Colombia, dejaron una constancia histórica de su frialdad en la comisión de crímenes de guerra. Sabían que Raúl Reyes, miembro del Secretariado Nacional de las FARC-EP, estaba realizando gestiones humanitarias por la liberación de militares y policías prisioneros de guerra, cosa que dichos funcionarios de gobierno obstaculizaron hasta último momento; sabían que en el campamento se encontraban civiles de varios países de la región.

No les tembló el pulso para ordenar la masacre, un acto descarado de violación a la soberanía ecuatoriana, con implicaciones gravísimas. El régimen y su maquinaria mediática celebraron semejante acontecimiento tan repugnante, como si se tratara de una gran conquista para la dignidad y el orgullo nacional. Una eventualidad que pudo desatar una guerra en la región y más derramamiento de sangre del que ocurre en el conflicto interno colombiano.

Un derroche de vidas inútilmente pretende doblegar la dignidad  de quienes nos alzamos en armas contra esta desaforada locura del régimen político. Pretende detener el enorme torrente de masas que se ha levantado a recabar sus derechos atacando con crueldad los reclamos de campesinos, obreros, de la juventud y los estudiantes, de la mujer, de los indígenas y las negritudes, de intelectuales y dirigentes revolucionarios.  Les han cobrado la osadía de atreverse a reclamar lo que es una obligación institucional. Así es este régimen, la encarnación desaforada del terror, que  deja una estela muerte, sufrimientos y traiciones.

Cuantas veces han disparado, ejecutan crímenes de guerra, la llamada comunidad internacional lo sabe, un poderoso blindaje de impunidad ha pisoteado las normas del derecho internacional y de la propia justicia colombiana. El símbolo de la insidia se haya estampado en los estandartes de las instituciones militares y policiales visiblemente ensangrentados.

Aunque no hayamos sepultado dignamente a las víctimas, es una razón más para que se mantenga viva su memoria y su ideales, es una razón más para la esperanza de que habrá un día en que se haga verdadera  justicia.

A la memoria del comandante y de los combatientes y mártires de Sucumbíos,  ofrendamos la plena disposición de hacer hasta lo imposible porque se cumpla el sueño de la paz para Colombia, esa fue una de sus principales divisas.

Camarada Raúl Reyes: Presente, presente, presente!!!
Hasta cuándo: hasta siempre!!!
Honor y Gloria a las víctimas de Sucumbíos!!



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