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jueves, 18 de abril de 2013

Los ocultamientos de la campaña por la deserción

Eso no lo estudia ni comenta ningún erudito. A eso no se refiere ningún mando militar, ni el ministro de la defensa, ni mucho menos el Presidente Santos.

Por Gabriel Ángel

El Estado colombiano realiza en la actualidad un desesperado esfuerzo por aniquilar la rebeldía popular contra su modelo de dominación. No solo con el creciente agigantamiento de su aparato militar y policial de represión, acompañado de inmediato por su consiguiente accionar bélico, que convierte a nuestra nación en una especie de territorio invadido por una fuerza enemiga. Sino además con un exuberante despliegue ideológico y propagandístico.

Ni siquiera las grandes cadenas privadas de radio o televisión cuentan con la red de emisoras que se han construido el Ejército y la Policía para bombardear diariamente las mentes de los colombianos. Las que además les resultan insuficientes, obligando a los estrategas a contratar amplios espacios publicitarios en los medios de comunicación comercial. Una buena parte de ellos están dedicados a obtener la deserción de las guerrillas.

Allí no hacen ostentación de sus métodos predilectos hoy, consistentes en ubicar a los seres queridos de los combatientes, padres, hermanos y demás, para presionarlos mediante procedimientos que van desde los abiertamente ilícitos como el secuestro y el chantaje, las amenazas de muerte, cárcel o pérdida de la patria potestad de sus hijos, hasta la oferta de recompensas por colaborar en la entrega voluntaria o violenta de sus familiares.

Es seguro que ocultan la existencia de esas ruines prácticas de cotidiana realización, a sabiendas de que publicarlas o reconocerlas desdibujaría la imagen de nobles héroes con que pretenden presentarse ante la opinión.  Es evidente que la dirección de inteligencia de la Policía Nacional ha sido muy bien asesorada en esas cuestiones por sus instructores de los Estados Unidos. Por eso el rostro y el tono para el gran público deben ser amables y benefactores.

De su lado deben aparecer figuras nacionales del deporte o el arte, que, como el ex arquero Oscar Córdoba, se dirijan a los guerrilleros tratándolos como jóvenes colombianos, para exhortarlos a sobreponerse a las derrotas, a seguir dando apoyo incondicional a su país, su selección y su familia, plegándose a los llamados a la entrega y la traición. O supuestos guerrilleros arrepentidos que invitan generosamente a sus ex compañeros a seguir su ejemplo.

Crece y crece de tal manera el número de desertores presentado por los creadores de la campaña, que su cifra resulta muy superior a la que pudieron tener las FARC y el ELN juntos en su época de mayor expansión. Están pasados, de lejos, se sobraron. De donde resulta fácil concluir, que como casi todos los aspectos ligados a la guerra y la paz, manos muy hábiles han logrado convertirlos en jugosos negocios: diagnósticos, estudios, trabajos y campañas falsos de principio a fin.

Pero que sirven a una gran cantidad de gente para hacer dinero y fabricarse prestigio. Al mismo tiempo que se oscurece la realidad en grado superlativo. Tomando nota al azar de las citaciones que las propias emisoras del Ejército publican a cuenta de sus juzgados, se puede constatar que en los últimos cuatro meses son más de ciento diez las deserciones presentadas de batallones y brigadas del Ejército colombiano, sin mencionar citaciones que incluyen homicidios y lesiones.

Por ejemplo, el 17 de diciembre de 2012, el dragoneante Ramírez Ramírez John Jairo, del Batallón Energético y Vial número 8 Mario Pérez, es citado por el Juzgado 128 por el delito de deserción. El 15 de marzo de 2013, el soldado Jean Carlos Sánchez Albarracín de la 30 Brigada es citado por el juzgado número 36. Así sucesivamente. Es tan larga la lista que publicarla acá resultaría demasiado pesado. Basta con ponerle algo de atención a las emisoras del Ejército.

Eso no lo estudia ni comenta ningún erudito. A eso no se refiere ningún mando militar, ni el ministro de la defensa, ni mucho menos el Presidente Santos. Da la impresión de que la campaña que realiza el Ministerio de Defensa para invitar a la deserción de los guerrilleros, produce efectos masivos en las filas de sus propios batallones y brigadas. Valdría la pena que consideraran una campaña en la que el negro Preciado o Juanes convidaran a los soldados a no desertarse más.

Montañas de Colombia, 12 de abril de 2013.

Eso no lo estudia ni comenta ningún erudito. A eso no se refiere ningún mando militar, ni el ministro de la defensa, ni mucho menos el Presidente Santos. Por Gabriel...

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