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viernes, 20 de diciembre de 2013

Esta es la generación de la esperanza

Por Rubén Zamora, guerrillero de las FARC-EP
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Admirable ejemplo el de las capitalinas, que rebosantes de rebeldía,  masivamente han acompañado las jornadas populares en estos últimos días. Sin duda en otras regiones del país, están atentas al momento preciso para manifestarse...

Inesperado ha sido este fenómeno político desatado con la destitución y la inhabilidad del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Las protestas han sido contundentes y convergentes. Confluyen todas las iras populares, los que protestan contra el inquisidor Torquemada y los que además tienen otras causas como la lucha contra este sistema económico dominante y sus nefastas políticas antisociales y antidemocráticas.

El cangro de la corrupción es terriblemente repulsivo. Es una de las causas fundamentales de tanta inconformidad. Sin lugar a dudas, las movilizaciones populares están enviado varias señales al país.

En primer lugar que hay un acumulado malestar contra la clase política tradicional asociada al crimen y a la incapacidad de solucionar los graves problemas del país. Se entiende que tienen  intereses ligados al narcotráfico, al latifundio, a la gran empresa, a la depredadora inversión extranjera, a los mercados internacionales, a la especulación financiera y a la guerra que desangra al país.

Si la izquierda y las fuerzas democráticas superan sus diferencias , podrán canalizar esa enorme inconformidad social. De esa convergencia puede surgir una verdadera alternativa política que renueve el sistema político y lo oriente  hacia las transformaciones económicas y sociales necesarias para lograr la paz.

Toda esta inconformidad social, si no se aglutina en una fuerza política alternativa,  puede conducir a que las elecciones parlamentarias y presidenciales se destaquen por una alta abstención y el voto en blanco puede ascender como expresión de indignación social.

Que si se da un nuevo paro agrario en enero, como está anunciado, va a estar acompañado de las masas urbanas. Esta sería una jornada más contundente y posiblemente mejor coordinada que el del mes de agosto, si logran consolidarse las coincidencias políticas en la llamada tercería.

Bogotá, la capital del país  está liderando estas jornadas populares, la crisis deja de ser de la periferia geográfica  y se expresa en el corazón de la patria. Que vuelve a volcarse a la calle como el 9 de abril de 1948, como el 9 de abril de 2012. A estas jornadas reivindicativas, se sumará todo el movimiento social y político que tiene claridad, que detrás de Torquemada, está una maquinaria antidemocrática representada en los grandes inversores de capital y en sus partidos políticos de la Unidad Nacional y el Puro Centro Democrático.

Un fenómeno destacable de estas movilizaciones es la gran concurrencia de una masa crítica juvenil y con destacada participación de mujeres. Con razón se le ha llamado la generación de la esperanza. Esa juventud tiene toda la energía e irreverencia combativa, podría causarle mucho problema a los criminales escuadrones antimotines si pretenden someterla por la fuerza. Con seguridad va a descollar una generación joven para el liderazgo social y político.

Es evidente que lo ocurrido en la capital del país se va a extender al territorio nacional. El conflicto social, que ha sido más notorio en la zonas rurales, igualmente se va a urbanizar. La problemática social está tornándose más compleja y ahí está el detonante de lo que se viene. Hay proyectos del gobierno bastante problemáticos como la reforma a la salud, la ley de baldíos, la reforma educativa, la reforma a la justicia y quien sabe que más se le ocurra. Por otro lado están las concesiones mineras, la privatización de Isagen, el nuevo salario mínimo y los ajustes a los precios de bienes y servicios en los primeros meses del año.

El gobierno no la tiene fácil ante un país que despierta y reacciona, que entiende que los diálogos de paz no son ajenos a  sus problemas políticos, económicos y sociales. Y que si esa posibilidad se aleja, el panorama que se avecina será demasiado sombrío. Por eso la paz es una bandera política y social de primer orden.

Así que esta generación de la esperanza tiene mucho por hacer, debe nutrirse de la experiencia y el aporte combativo de esas generaciones históricas que han tenido que batallar en medio de momentos  aciagos dando ejemplo de sacrificio y lealtad. La calle va a ser unos de los escenarios principales de combate para rescatar al país del control las fuerzas políticas  tradicionales y de los inversores de capital que la usufructúan sembrando desigualdad y pobreza extrema. En la calle se va a ratificar la dignidad y el heroísmo de los Bogotanos y los colombianos como en otros momentos decisivos de la historia nacional.

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