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miércoles, 11 de diciembre de 2013

La “entrevista” de María Jimena Duzán a Laura Villa: Otra manipulación mediática

Señores revista Semana. La presente para lo siguiente:

Diré de entrada que la "entrevista" a la que me refiero en el título de
este texto me parece un libelo de propaganda política contrainsurgente.

Sin duda el escrito hace parte del trabajo de los medios para construir
"realidades" ficticias a través de la manipulación de la información,
revelando su carácter de clase en favor del dominante bloque de poder
neolioberal.

Peligrosa mujer María Jimena. Ella sabe organizar su farsa: diseña su
versión de la guerrillera frustrada que actúa en la Mesa de Diálogos,
sin mayor formación, como chapoteando en un mar de incertidumbres, para
contraponerla a la imagen de la mujer negociadora del Gobierno que la
misma gran prensa ha mostrado con bombos y platillos como exitosa,
preparada, y respaldada.

María Jimena, no tiene rostro sino careta; y bajo la máscara de atenta
mujer conversadora, que sólo busca charlas desprevenidas, casi amistosas
o de extraña curiosidad filosofal, va armando conversaciones difusas,
impulsadas por adulaciones hipócritas entremezcladas con
afirmaciones-preguntas infundadas, que apuntan a presionar respuestas
que se acomoden a sus hipótesis aviesas. Después, según se ve, terminan
convirtiéndose en textos acomodados a manera de entrevista que desechan
lo esencial, las verdades que más interesan al entrevistado, los
contextos que dan sentido a lo que éste siente y sueña, las razones por
la causa a la que entrega su vida, para convertir todo en falacias
atiborradas de fragmentos sacados del discurso con las pinzas de la
malintención. María Jimena logra su propio personaje de ficción, pero
con los peores propósitos de la guerra sicológica.

Durante la "entrevista" primero me muestra con el rótulo de
exguerrillera (lo cual es un insulto para mí) atendiendo a su propia
urgencia estipendiada de sugerir  a los jóvenes, hombres y mujeres, que
luchan con heroismo en las montañas de Colombia, el camino de la
desmovilización. De inmediato, desconociendo mi condición de médico
titulado, pone sus mentiras en mis labios para convertirme  en la
estudiante que no terminó su carrera, cuyo sueño es seguir estudiando
para recuperar el "tiempo perdido". Debería tener un poco de pudor y al
menos no haber colocado sus invenciones como argumentos míos.

Bajo criterios subjetivos y arbitrarios escoge e inventa juicios para
crear la fábula que mejor se acomode a la tarea de cancerbero del statu
quo que le imponen sus amos; pero no colocó,  por ejemplo, mi opinión
sobre el proceso de paz, mi explicación clara y precisa de que en la
Mesa hay dos visiones contrarias: la del gobierno, la cual al servicio
del capital busca cambiar armas por votos pero para hacer realidad sus
proyectos minero-energéticos, agroindustriales y de extranjerización del
territorio. La otra posición es la de la guerrilla, la que yo comparto y
defiendo con convicción, sencillamente porque  es la posición que
defiende a las mayorías, con objetivos claros como el de la reforma
agraria integral, los cambios profundos en la estructura del Estado, la
reforma política, la reforma a la  justicia y al sistema electoral,
entre otros.

Fui clara en expicarle  mi apresiación política del proceso, que
quedaban bastantes temas pendientes y que estos solamente se podían
resolver a través de una Asamblea Nacional Constituyente. Y agregué que
respecto a mi expectativa frente a un posible acuerdo, pensaba que era
bastante difícil concretarlo por la actitud mezquina del gobierno, por
su práctica de actuar con unilateralidad, poniendo obstáculos el marco
jurídico y el referendo; le expresé también, que quien realmente estaba
sosteniendo el proceso era el pueblo colombiano. Pero parece que nada de
esto le interesaba a la doña.

Ella me indagó en tono de afirmación sobre que por datos de encuestas se
sabía que los colombianos no querían que la guerrilla ejerciera la
política, en torno a lo cual le expliqué que eso correspondía a una
matriz  mediática, que obviamente nadie iba a gritar a los cuatro
vientos su intención de voto por Timoleón Jimenez porque eso  en
Colombia el terrorismo de Estado no lo perdona, pero que le preguntara a
cualquier ciudadano sobre temas como el desempleo, la pobreza, el
sistema electoral, el congreso, el desempeño de los presidentes, a ver
si se sentían identificados con estas política,s y la conclusión
palpable sería la del descontento popular.

Agregaría, entre tantas otras cosas de importancia para el país, no
chimes y falsedades sobre asuntos personales, que ante la eventualidad
de un acuerdo mis proyectos particulares son lo de menos, porque ser
guerrillero implica despojarse de todo interés personal para encaminarse
hacia una transformación social, y en ese sentido, más allá de pensar el
futuro en función de alguna actividad personal, mi interés principal es
ocupar un espacio al servicio de la sociedad. En la guerrilla uno se
despoja de pensamientos individualistas y se proyecta más hacia el
colectivo, fue la lección que traté de darle a María Jimena. Al parecer
no la aprendió.

Aunque tengo claridad de que la democratización de los medios solamente
se podrá conquistar democratizando la sociedad, y que esta se logra a
través de la acción organizada y decidida de las masas, aspiro a que
esta necesaria réplica contribuya en algo. Ojalá  María Jimena, usted le
dé a esta nota la misma difusión que a la suya. Si mal no estoy, esto
tiene que ver mucho con la cacareada ética periodística.

Laura Villa

Guerrillera de las FARC-EP

laura23oct

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