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jueves, 27 de febrero de 2014

Caracol Radio, una cadena repudiable

Venezuela no puede quedarse sola en esta hora. Denunciar y repudiar a los farsantes de la prensa es comenzar a ayudarla.

Repugna sinceramente escuchar a Caracol Radio, a sus periodistas estrella Darío  Arizmendi, Gustavo Gómez y Erika Fontalvo, entre otros, verdaderos reptiles de la desinformación, calumniadores de profesión, correveidiles del imperialismo y la más oscura reacción.

Son tantos los lacayos que cumplen ese papel, y de tal variedad, que casi se pierde el tiempo en contradecirlos. Caracol Radio, sin embargo, amerita el intento, pues ha sabido convertirse en una verdadera arma de destrucción masiva que alienta diariamente al crimen y al terror.

Sabemos que compite en eso con Yolanda Jaimes, el Capi y el resto de la banda de RCN, la otra gran cadena radial de la oligarquía colombiana. Pero es que ante la alternativa de una empresa periodística oscurantista y servil, Caracol Radio se esmera por ir más allá en su papel rastrero.

Su idea es conseguir del público el culto devoto a la serie de ídolos que ellos mismos le fabrican con su discurso. El primero de los cuales es la lógica justa del mundo actual, en el que el poder de los Estados Unidos de América además de imbatible resulta indiscutible.

Se trata del orden mundial del capital, de las poderosas transnacionales y sus exitosos propietarios mayoritarios, elevados por cuenta de sus caudales a la condición de héroes de la humanidad. Nadie más importante y bueno que ellos. Nadie más malo que sus gratuitos enemigos.

Por eso ideas como las de la explotación, la injusticia, el saqueo a los pueblos, la violación a su soberanía y demás de esa naturaleza les resultan tan ajenas y ridículas. Pertenecen a gentes sin sentido, que tienen bien ganadas todas las guerras y bombas que reciben.

Es notorio el odio que destilan contra todas las luchas que buscan dignificar los pueblos. Sin importar que asuman formas pacíficas, democráticas, civilizadas. Basta con que el imperio o los poderes nacionales a su servicio las condenen, para que ellos se encarguen de maldecirlas.

Son tan habituales en Caracol Radio sus rabiosas condenas contra Cuba, contra la Venezuela Bolivariana, contra los gobiernos de Rafael Correa en Ecuador y Evo Morales en Bolivia, que apenas cabe campo a la imaginación para concebir regímenes más totalitarios y crueles.

Los monstruos que nos pintan Arizmendi, Gómez y Fontalvo al frente de los gobiernos de hoy en Siria y Ucrania tienen en común una curiosa inclinación a apartarse de los dictados occidentales. Los Estados Unidos y la Unión Europea no admiten la desobediencia, sobre todo económica.

Las peores dictaduras africanas o del medio oriente cuentan en cambio con el aval de esas expoliadoras potencias, razón por la cual los periodistas en mención jamás se refieren para nada a ellas. Su unilateralidad y parcialidad son evidentes. Únicamente ven lo que les mandan ver.

Poner al oyente al corriente de las posiciones de unos y otros, de manera objetiva, para que pueda hacerse un juicio personal sobre la realidad, es algo que está por fuera, por descabellado, de la labor periodística de los arpías de Caracol Radio. Sólo difunden la voz que sirve a su causa.

Ejemplo actual de deshonestidad sin par es lo que hace Caracol Radio frente a la situación venezolana. Es tan excesivamente grosera la actitud del equipo noticioso de esa cadena, que aún el más incauto de los ingenuos debe pensar que está haciendo propaganda negra.

Hemos escuchado al señor Darío Arizmendi calificar como régimen fascista al gobierno de Venezuela, cuando él mismo sabe que en abril pasado resultó ganador de unas elecciones calificadas por la propia fundación Carter como ejemplo de democracia para el mundo.

En ningún otro país del planeta se han hecho tantas elecciones libres como en la Venezuela bolivariana, en donde apenas dos meses atrás la oposición volvió a perder la mayoría de las gobernaciones y alcaldías frente al apoyo masivo al partido de gobierno.

Según Gustavo Gómez y Érika Fontalvo, lo que ocurre allí es una movilización pacífica de las mayorías del país, brutalmente reprimidas por las fuerzas militares, policiales y paramilitares del chavismo, sin dar nunca a los voceros oficiales opción para exponer su versión.

Quien siga por curiosidad TELESUR, Venezolana de Televisión o la Radio Nacional de Venezuela, tres medios oficiales que pueden sintonizarse fácilmente, puede percatarse sin esfuerzo de que lo que sucede en la patria hermana es absolutamente lo contrario.

Unos pequeños grupúsculos violentos, que actúan coordinadamente y en aplicación de un plan premeditado que salta a la vista, aparecen de repente en una calle prendiendo fuego a basuras y llantas, atacando instalaciones oficiales, destruyendo servicios públicos y propagando el caos.

Se ve que sólo persiguen la anarquía, difundir la imagen de desgobierno. Para ello emplean indiscriminadamente armas de fuego, hieren y matan transeúntes que después los medios concertados con ellos califican como opositores asesinados por el régimen.

A lo que hacen eco inmediato CNN y otras grandes cadenas estadounidenses, con replique en otras menores como Caracol Radio y sus homólogas del continente, transmitiendo las más interesadas y sucias tergiversaciones. Eso es tan visible que no puede negarse sin descaro.

Caracol Radio ha convertido en ídolos de la democracia y las libertades a personajes siniestros, involucrados en sucesivas acciones terroristas contra las mayorías venezolanas, por encima de todas las evidencias en su contra. No hay derecho a defender semejante canallada.

En Venezuela, como en tiempos de Bolívar, se halla en juego el futuro mismo de la humanidad. El imperialismo en crisis apuesta a sobrevivir a costa de las riquezas y la desgracia de los pueblos que se resisten a permitirlo. Todos sus arsenales y su pus se dirigen a ello.

La guerra, el terror, la muerte y la mentira han sido siempre las armas de los poderes explotadores en contra de los pueblos. Venezuela no puede quedarse sola en esta hora. Denunciar y repudiar a los farsantes de la prensa es comenzar a ayudarla. ¡Vivan Chávez y sus sueños!



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