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martes, 18 de febrero de 2014

Ciberguerra contra la paz de Colombia

«El militarismo es una cantera de guerra sucia, ha echado por la borda anteriores esfuerzos por la paz y sería lamentable que de nuevo ahogue en sangre el sueño supremo de los colombianos» 
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Ciberguerra contra la paz de Colombia
Todo indica que a cuenta gotas revelarán algunas informaciones de las chuzadas de las Fuerzas Militares, algunas de las cuales ya son objeto de temerarias manipulaciones para justificar crímenes y boicotear los esfuerzos por la paz para Colombia.     
La investigación a fondo prometida por el presidente Santos no tardó en anularse con un nuevo pronunciamiento del mandatario indicando que las acciones del ejército son legales. Más grave aún, justificar el hecho como necesidad de Estado ante una supuesta guerra cibernética. 
¿Guerra cibernética espiar las conversaciones de paz, las comunicaciones de la prensa, la de voceros insurgentes, de alcaldes, líderes políticos  y sociales?  Ser capaz el presidente de justificar tan abominable acción de sus organismos de inteligencia deja muchas dudas. Tal parece que tras la silla presidencial están los verdaderos controles del poder en manos del más cerrero militarismo que ha puesto en duda la confianza en quien funge como jefe de Estado.
Tan legítimo le parece al presidente el espionaje de las Fuerzas Militares, que  tan solo por "falta de criterio" procedió al relevo de los generales encargados de la inteligencia,  pues según dice no lo informaron a tiempo del allanamiento de la fiscalía a las instalaciones de 'Andrómeda'. 
Algo muy grave ha de estar ocurriendo en los altos círculos del poder. Es evidente que las declaraciones del presidente pretenden bajarle perfil al caso pese a que la revista Semana dice tener pruebas de las chuzadas ilegales a funcionarios del gobierno nacional, alcaldes,  dirigentes políticos, periodistas y líderes sociales. Quién controla a quién en los casos del presidente de la República y el generalato de las Fuerzas Armadas. O más bien, quién realmente controla a las Fuerzas Armadas.
Espiar las comunicaciones de la delegación del gobierno en los diálogos de paz confirma que los mandos militares, si no todos, la mayor parte no confían en el presidente Santos y están fuera de su control. ¿Por qué justifica el presidente el espionaje sabiendo que ha sido una afrenta a su autoridad? Le teme el presidente a la cúpula militar, no quiere arriesgar los votos de la derecha o tras las chuzadas está la mano de la CIA. 
El espionaje ilegal del ejército colombiano, además de ser una afrenta antidemocrática y a la libertad de prensa, incurre en violaciones a la soberanía de otros Estados. La mayoría de las acciones de espionaje tienen origen en territorio extranjero y en particular en Cuba, habiendo demostrado su gobierno ejemplar colaboración para que nuestros anhelos de paz naveguen hacia el puerto seguro de la reconciliación. 
Según el presidente Santos el caso de las interceptaciones ilegales no tiene por qué influir en la Mesa de diálogo. Le parece poco. Quién no entiende que si el gobierno no tiene control pleno sobre sus Fuerzas Militares, como va a garantizar que este esfuerzo no desenlace en tragedias. Para terminar de ilustrar, en el debate de control político del Congreso queda clara la presunción de omnipotencia del ministro de la guerra Juan Carlos Pinzón.
Estas operaciones de la inteligencia colombiana son apenas la punta del iceberg de peligrosas acciones de espionaje. La famosa "Sala Gris", que salió a flote en este escándalo es nada menos que un centro especializado de inteligencia técnica conducido por la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que suministra información en tiempo real para batir Blancos de Alto Valor Estratégico (BAVE), con operaciones de compleja tecnología como los aviones Drones y sus cohetes teledirigidos. Además de la lucha contrainsurgente, ¿qué otros objetivos están en la mira?
Andrómeda es sin duda un engendro simbiótico del militarismo criollo y de los organismos de inteligencia internacional que asesoran la lucha contrainsurgente. Tan magra autoridad del gobierno frente a los hechos es realmente sintomática de peligros en ciernes contra los diálogos de paz y contra las fuerzas democráticas del país y del continente.
«O nos unimos para reconstruir la patria, o nos hundimos en el fango de la guerra»
Colombia debe reaccionar más coherentemente, por encima de las diferencias que distancian a las fuerzas alternativas, debe sobreponerse la necesidad de establecer verdaderas garantías democráticas y se deben rodear esas iniciativas de amplia movilización popular. Ante semejante cangro institucional y con enemigos tan beligerantes contra las posibilidades de paz, no deja más remedio que convocar una Asamblea Nacional Constituyente. O nos unimos para reconstruir la patria, o nos hundimos en el fango de la guerra, de la descomposición del establecimiento y de peores condiciones de desigualdad y pobreza. 

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