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viernes, 21 de febrero de 2014

La corriente moderna es Constituyente.

Hacia la patria de nuestros mártires y de nuestros sueños. 
«Cuando el poder constituido vaya de la mano del poder soberano, que es el pueblo, no habrá quien detenga la gigantesca marcha hacia el desarrollo y la felicidad social, bajo el influjo de las poderosas fuerzas de la democracia»
Rubén Zamora




Una nueva ola, la del poder constituyente, va tomando fuerza en el país. Se mueve al vapor de la conciencia tomada sobre la responsabilidad del poder constituido en esta crisis social, económica, política, ambiental, cultural y moral. Surge como apremiante necesidad ante la ilegitimidad del régimen, en franca etapa de descenso por la necrosis y las divergencias del bloque de poder dominante. 

La ola moderna es Constituyente y marca la diferencia con las corrientes uribistas y santistas, coincidentes en los aspectos estratégicos, matizados tan solo por concepciones tácticas e intereses personales. Quién no sabe de las coincidencias de estas corrientes de derecha en el cuerpo ideológico, político y empresarial. 

Los discursos monotemáticos manejados por ellos son un engaño. Ni el uribismo derrotaría a la insurgencia mediante la guerra, ni la paz de Santos encarna un compromiso altruista con la nación.

El presidente candidato solo pretende manipular el deseo de paz de los colombianos para reelegirse. Lo dicen los hechos, no se muestra dispuesto a implementar transformaciones estructurales y democráticas. Al contrario, profundiza la violencia y las graves desigualdades económicas y sociales, asumiendo nuevas imposiciones de los mercados internacionales y otorgando mayores concesiones a las multinacionales. 

Por fortuna grandes masas de compatriotas están entendiendo la existencia de una crisis holística que abarca a toda la institucionalidad y a los partidos políticos de la clase dominante, verdaderos instrumentos funcionales de los grandes inversores, fundamentalmente, del capital transnacional.  

Más temprano que tarde los inconformes, los indignados, los demócratas y revolucionarios coincidiremos en la fuerza de la verdadera esperanza de Colombia. Es muy importante la recomposición y articulación del movimiento social, desde las luchas de las comunidades en sus territorios, hasta las movilizaciones por la defensa de la democracia, como se le llamó a las jornadas en respaldo al alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.  

Resulta relevante la conciencia adquirida por las grandes masas oprimidas y excluidas por las políticas neoliberales sobre la falta de disposición de las élites a democratizar al Estado, a cambiar el régimen económico, a realizar las reformas sociales, a incluir la cultura de la vida y los derechos de la naturaleza. 

Las organizaciones sociales están construyendo propuestas alternativas que profundicen reformas estructurales. Es este el real sujeto embrionario de un proceso constituyente. Las comunidades rurales, por ejemplo, son conscientes que la transformación estructural del campo no pasará jamás en un congreso corrupto, sobornado por las multinacionales y los grupos financieros que les disputan sus territorios.

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El movimiento estudiantil y los trabajadores de la educación, los trabajadores de la salud y los usuarios de las EPS, también han construido propuestas. La reforma educativa y la reforma a la salud, son banderas de lucha social mientras se gana el espacio donde el mismo pueblo pueda decidir. Estos ejercicios de construcción permiten la consolidación y articulación de los repertorios sociales ganando mayor capacidad de movilización. Entre otras cosas, se aprende que la movilización no lo es todo, si se tienen en cuenta las experiencias de negociación en el paro nacional agrario y popular. 

La negociación no logra incorporar aspectos definitorios de las problemáticas, lo que plantea el reto de establecer un escenario histórico donde no se llegue a exigir sino a convertir las aspiraciones sociales en letra constitucional y en leyes intérpretes de los ideales de justicia social. El único mecanismo que pudiera implementarse para ese fin, con un carácter ampliamente democrático,  es la Asamblea Nacional Constituyente por la paz. 

La propuesta Constituyente va cobrando fuerza como la iniciativa  para efectuar los cambios estructurales que depuren el sistema político de la corrupción y la indolencia, por señalar algunos casos como la justicia, el congreso, los organismos de control, el ejecutivo, los partidos políticos y las Fuerzas Armadas. Pero además, esos cambios deben contemplar transformaciones de las políticas económicas y sociales que generen condiciones de igualdad, de progreso económico y bienestar social de la comunidad urbana y rural.  

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Hay sectores y personalidades que ven inoportuna la Asamblea Constituyente, que por temor a que la capture el uribismo, con todo respeto, no están calibrando bien los desarrollos de los procesos sociales ni de las dinámicas políticas. La nueva ola constituyente está surgiendo desde las luchas sociales, porque esa fuerza irreverente no se ha dejado subyugar ni con la más nefanda violencia. Por el contrario, se ha dispuesto a crecer y llevar sus banderas hasta las últimas consecuencias. Es lo que se puede percibir en las fortalezas de las dignidades campesinas, de los campesinos del Catatumbo y de otras regiones, de los mineros artesanales, de los pueblos indígenas y afrodescendientes, de la juventud y los estudiantes, de la mujer, de los trabajadores y tantos sectores heridos en su honor y golpeados por las aviesas acciones de los gobernantes. 

Esa fuerza está dejando lecciones de convergencia, de pluralismo político, social, étnico y cultural a quienes desde posiciones sectarias en el plano político no coadyuvan para que los colombianos, desde la diversidad, avancemos más rápidamente hacia transformaciones democráticas.  

El proceso constituyente se oxigenará con el debate de temas como la soberanía nacional, mancillada como pocas veces, democracia para la paz, desarrollo económico y justicia social, problemas urbanos, tierra y territorio, medio ambiente, educación, salud, empleo, soberanía alimentaria, mujer, juventud, pueblos originarios, comunidades raizales, interculturales y LGTBI, entre otros. Debates de los cuales surjan propuestas alternativas y unitarias.  Así la elección de una Constituyente llevaría implícita un mandato formulado por la voluntad nacional. Estaríamos ante un proceso eleccionario inédito a donde llega un proyecto de nación enarbolando las banderas de la soberanía nacional, la paz, la democracia y el desarrollo económico con justicia socioambiental. La patria de nuestros mártires y de nuestros sueños. 

Ver Video: 1. Proceso de paz y poder constituyente. Asamblea Nacional Constituyente ¡YA!

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