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martes, 25 de marzo de 2014

La cumbre que desató esperanzas en la Colombia profunda

Por: Rubén Zamora

La Cumbre Nacional Agraria: Campesina, Étnica y Popular se proyecta como un evento de alto valor histórico, gracias a las madurez de los movimientos sociales y a las dinámicas políticas causantes de nuevas reacciones de indignación nacional. Un elemento de altísima relevancia de este evento, es la confluencia de diversas formas de organización y de acción social, bajo una agenda común radicalmente opuesta a las políticas neoliberales abanderadas por esta oligarquía aviesa, cipaya, mafiosa y corrupta.

Los participantes en la Cumbre, fueron categóricos denunciando los incumplimientos del gobierno de Juan Manuel Santos a los compromisos con las comunidades que participaron en el pasado paro agrario. Es clarísimo que para el gobierno las prioridades son los intereses de los grupos financieros y de las multinacionales, promotoras de un campo sin campesinos, para escenificar el más grande despojo y depredación socioambiental, mientras el mercado de los alimentos lo transforman en una fuente de especulación financiera a la familia colombiana.



No faltaron las denuncias que las negociaciones del gobierno con las comunidades rurales se han desarrollado en medio de la hostilidad, la persecución, el crimen, la estigmatización y la judicialización de sus dirigentes, sin que hayan logrado acuerdos importantes. Ahí está reflejada una actitud del Estado que se ha mantenido entre las causas históricas del conflicto social y armado.

Gran parte de la agenda que trazaron las comunidades rurales, por la que están dispuestas a un nuevo paro nacional agrario y popular, es la misma que el gobierno se niega a discutir en los diálogos de paz en la Habana, y que enarbola un alto significado patriótico y democrático. Para el gobierno una reforma estructural agraria no debe contemplar el reordenamiento territorial, la liquidación del latifundio improductivo, la democratización institucional que permita a las comunidades intervenir en la política agraria y se niega a suprimir los TLCs, la extranjerización de la propiedad de la tierra, las depredadoras concesiones de los territorios a las multinacionales mineroenergéticas y la militarización de la vida rural, entre otras medidas necesarias.

La tozuda realidad nacional está trasladando el debate político de La Mesa de Diálogo en La Habana a distintos escenarios en Colombia, con temáticas y agendas comunes, planteando soluciones estructurales a las graves problemáticas económicas, políticas y sociales. A La Mesa de Diálogo han llegado miles de propuestas de personas y organizaciones sociales que el gobierno ha pretendido trivializar, razón por la cual este proceso se ha tomado más tiempo del que algunos pronosticaron.

Mientras el gobierno promete alcanzar una "paz total" coincide con la extrema derecha uribista en las temerarias, tramposas y corruptas formas de hacer política, de administrar el país y en sus programas económicos y antisociales enviando señales que cunden el escepticismo y la desesperanza.

El caso del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, muestra el horizonte al que llegaría un proceso de paz que no esté acompañado de profundas transformaciones democráticas. No aceptan bajo ninguna circunstancia la posibilidad al derecho de la oposición a ser gobierno. Nadie va a luchar 50 años para luego resignarse a ser gobernado por élites corruptas sin principios ni valores democráticos.

Previo a la Cumbre Nacional Agraria: Campesina Étnico y Popular ocurrió un gran fraude electoral de las élites corruptas y mafiosas; y posterior al evento, ocurre la destitución del alcalde de los capitalinos. Dos hechos que le dan enorme trascendencia a este evento y puede constituirse en la base de una poderosa convergencia por la Asamblea Nacional Constituyente, como alternativa de renovación política, moral, económica y social. Sin lugar a dudas son estas unas de nuestras fundamentales urgencias.

Las conclusiones de esta cumbre ponen en el horizonte un panorama de movilización social urbana y rural contra las políticas neoliberales. La calle va a ser el escenario que a nuestro pueblo le queda para hacer política, ya que las maquinarias impiden hacerla en los espacios de la vida pública de la nación.

El pueblo acudirá al paro nacional convocado por la Cumbre Nacional Agraria: Campesina Étnica y Popular con fuerza irreverente, porque en un país donde la institucionalidad sucumbe en la descomposición, la legitimidad debe erigirse entre las muchedumbres rompiendo la tinieblas de las dificultades y señalando el verdadero rumbo que debe tomar la Colombia que en paz debe construir sus propios designios.

rubenzamor87@gmail.com

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