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martes, 18 de marzo de 2014

Promeseros en la Sierra Nevada

«Politiqueros de todos los pelambres, que únicamente se acuerdan de su existencia en los tiempos de campaña electoral»

Por Solís Almeyda

Miembro del Estado Mayor Central de las FARC-EP

En toda campaña electoral las promesas se vuelven moda. Ya hace parte del refranero popular el cuento según el cual los políticos prometen construir puentes donde no hay ríos, y hasta convertir los intransitables caminos de herradura en importantes vías carreteables. Pero ya es sabido que después de llegar a los puestos de representación popular se olvidan de aquellos que los eligieron.

Ese es el escenario que se observa en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde habitan cuatro comunidades indígenas, los Aruwacos, Koguis, Wiwas y Kankuamos. Por sus resguardos han desfilado candidatos y varios gobernantes de turno, prometiendo bienestar para sus pueblos. Las múltiples necesidades de todos estos asentamientos en vez de haber sido resueltas se acrecientan cada vez más.

El más importante de los últimos promeseros fue Juan Manuel Santos, quien ante autoridades tradicionales y mamos, que son los guías espirituales de las comunidades, tomó posesión simbólica en agosto de 2010. Durante el show mediático, el nuevo Presidente se vistió de blanco para no desentonar, ya que los mamos y autoridades indígenas vestían sus impecables mantas tradicionales. Después partió a Bogotá, donde recibió la banda presidencial en presencia de empresarios, representantes de varios gobiernos, entre ellos el del amo del norte, y lo más granado de la burguesía colombiana, para quienes ha gobernado al fin y al cabo.

Hoy, después de tres años y medio del gobierno que les ofreció prosperidad, los aborígenes de la sierra están repitiendo “kuisa, kuisa”, es decir, mentira, mentira, porque hasta ahora su situación es de abandono total, igual que en todos los gobiernos oligárquicos, puesto que aquí se carece de vías de penetración, vivienda digna, escuelas y colegios para la enseñanza primaria y secundaria. Necesitan centros de salud donde resolver los problemas sanitarios que los agobian, como que en la actualidad una gran mayoría de niños y adolecentes padecen de desnutrición, y en hombres y mujeres es alto el número de afectados por la tuberculosis, enfermedad que en otras partes del mundo es historia del pasado.  Además, su casi única fuente de subsistencia, sus cultivos de pan coger, son pagados a bajos precios por comerciantes inescrupulosos que los explotan. Eso sucede con todos los pueblos indígenas de la Sierra Nevada, que más que promesas electoreras requieren soluciones gubernamentales de fondo.

En cambio, lo que sí han recibido los indígenas en la Sierra por parte de los distintos gobiernos, es atropellos a su dignidad, desde el criminal bloqueo económico implementado por el Ejército y la Policía en el periodo de la llamada seguridad democrática, con el manido cuento de combatir al terrorismo, hasta el ensañamiento de los paramilitares comandados por Hernán Giraldo y Jorge 40, que no sólo desplazaron, sino que asesinaron con el consentimiento y apoyo de la Primera División del Ejército  con sede en Santa Marta.

¿Cómo olvidar a las decenas de indígenas kankuamos de Chemesquemena, Guatapurí y Atánquez, que fueron asesinados en el retén permanente que tenían los paramilitares asentados en la hacienda El Buey de Hernando Molina Araujo? ¿Cómo olvidar a los aruwacos, koguis y wiwas masacrados tras ser señalados como auxiliadores de la guerrilla en el área de Palomino, Río Ancho y Mingueo? Estos hechos no han sido olvidados por las comunidades, y menos aún se ha esfumado de su memoria que los agresores contaron con el beneplácito y el silencio cómplice de los medios de comunicación y politiqueros de todos los pelambres, que únicamente se acuerdan de su existencia en los tiempos de campaña electoral.

Montañas del Caribe, 11 de marzo de 2014.

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