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miércoles, 30 de abril de 2014

El cuento de la consolidación militar en el Catatumbo

Cuando el rico o sus matones llegan amables a la casa del pobre, es porque algo muy peligroso para éste se traen entre manos.

 

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, la palabra consolidación hace relación a la acción y efecto de consolidar o consolidarse, a la vez que consolidar significa dar firmeza y solidez a algo. Todos sabemos que desde unos cinco años atrás, las fuerzas militares comenzaron a hablar de consolidación y que en esa materia diseñaron un supuesto plan nacional que se desarrolla por regiones. El Catatumbo es objeto de uno de esos planes.

 

Según los teóricos imperialistas, una guerra puede ser ganada desde el punto de vista militar, es decir, mediante la victoria definitiva sobre el enemigo, pero sus resultados pueden verse derribados más adelante como consecuencia de haberse desentendido de la suerte de los territorios y los habitantes que estaban bajo el dominio del contrario. Ejemplos de tal situación los obtienen de lo sucedido en Irak y Afganistán, en donde la situación se volvió completamente incontrolable para ellos, a pesar, según afirman, de haber derrotado a sus contrincantes.

 

Así que el invento ese de la Consolidación no consiste en otra cosa sino en el esfuerzo que cabe hacer, desde el punto de vista militar, económico y social, para asegurarse que la población que fue objeto del dominio de la insurgencia vencida no tenga ninguna razón para volver a apoyarla en el futuro. Son varias las cosas que  pueden comentarse al respecto.

 

En primer lugar, la consolidación que adelantan las fuerzas militares en varias zonas del país, y particularmente en el Catatumbo, parte de un presupuesto falso. La guerrilla no ha sido derrotada, ella sigue haciendo presencia y golpeando con frecuencia las fuerzas vivas del enemigo y hasta sus supuestos planes de desarrollo. Así que a lo sumo podría pensarse que el ministerio de defensa intenta paralelamente con su ofensiva llamada Plan Espada de Honor, implementar una consolidación simultánea en las áreas donde va desterrando las guerrillas.

 

De donde se desprende que la consolidación que debiera consistir en dar firmeza y solidez a la derrota militar de la insurgencia, en realidad no es más que otro componente de la ofensiva militar, es decir, otra de las tantas acciones cívico militares que desde los tiempos de Marquetalia y la Alianza para el Progreso han diseñado una y otra vez las fuerzas militares en cada una de sus arremetidas frustradas del pasado.

 

Eso explica por qué la consolidación que predican los mandos militares está de antemano condenada al fracaso. Lo que se implementa a medida que los planes de consolidación avanzan, es una militarización total de la vida económica, política y social de las comunidades, una especie de dictadura militar disimulada que arrebata el poder de decisión a las autoridades civiles, y que va asumiendo la responsabilidad por la administración y gobierno de municipios y departamentos, negando desde la base la democracia política e imponiendo los proyectos económicos neoliberales que impulsan las empresas trasnacionales y los monopolios.

 

¿O qué significa acaso que sean las fuerzas militares las que asuman los planes en materia de infraestructura? La construcción y cuidado de carreteras, acueductos, puentes, escuelas, puestos de salud, etc. están siendo asumidos de manera gradual  por las tropas, atendiendo en primer término a necesidades puramente militares, como el fácil acceso vial y la prestación de servicios públicos a las bases militares, dentro de la visión general de crear las condiciones más idóneas para la llegada e instalación  segura de los grandes empresarios de la agroindustria de la palma o el caucho, de la minería del carbón y el oro y hasta de la misma exploración petrolera. 

 

La consolidación pretende mostrar una buena cara del Estado ante la población sempiternamente abandonada y reprimida por sus gobernantes y fuerzas armadas. Parece muy importante que lleguen a cedular a las comunidades campesinas, junto con una brigada de salud a cargo de la sanidad del Ejército y un número de payasos que entretenga a los niños por un día, cuando en realidad están respaldando el ingreso a la región de un sin número de oenegés y asociaciones que buscan enredar la gente en una serie de proyectos de superación económica y social, haciéndoles creer que aportando sus fundos a sociedades empresariales van a convertirse a su vez en accionistas de importantes firmas económicas.

 

La experiencia en ese campo en otras regiones del país ha sido lamentable para los campesinos, que al final terminan endeudados hasta el cuello con los empresarios, trabajando como esclavos para ellos en su propia finca y perdiendo al final la propiedad de su tierra que queda para la empresa como forma de pago de las deudas. Es esa la razón real de los planes de titulación de tierras que tanto anuncia el gobierno de Juan Manuel Santos, entregarle una escritura de propiedad a cada campesino, para que pueda vincular su tierra a la sociedad que habrá de quedarse finalmente con la propiedad de ella.

 

La llamada presencia de Estado que pretende garantizarse con la consolidación, significa en realidad una militarización permanente que impida las formas de organización autónomas por parte de las comunidades. ASCAMCAT, CISCA, las zonas de reserva campesina o de reserva forestal, cualquier expresión de lucha y de organización independiente de los campesinos catatumberos, se encuentra en la mira de la consolidación. Ella supone también la llegada de la llamada administración de justicia a las regiones, es decir, de fiscales y jueces que se encargarán de culminar la obra represiva de las fuerzas militares, encarcelando y condenando a los dirigentes y luchadores populares que trabajan honestamente por el desarrollo y bienestar de los pobladores.

 

No hay que dejarse enredar por tanto cuento de moda. De eso tan bueno, no dan tanto, solía decir el camarada Manuel Marulanda Vélez cada vez que escuchaba tantas promesas bonitas por parte de los gobernantes de turno. Soldados construyendo carreteras, coroneles contratando obras públicas para el municipio o las veredas, tropas que reparten alimentos o semillas a los campesinos e indígenas, tanta generosidad por parte de un Estado criminal que primero intentó sacar los campesinos con las matanzas paramilitares y ahora aparece inocente, no debe llamar a ninguno a engaños. Cuando el rico o sus matones llegan amables a la casa del pobre, es porque algo muy peligroso para éste se traen entre manos.

 

Montañas del Catatumbo, 29 de abril de 2014.

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