Video

miércoles, 9 de abril de 2014

S. O. S. Colombia

No queremos un país hecho un desierto, ni atravesado por socavones. Queremos un país para nuestros hijos, en el que puedan apreciar la belleza de la naturaleza y vivir sana y dignamente.


Por Mauricio Jaramillo
Integrante del Secretariado Nacional de las FARC-EP


Durante su posesión, el Presidente Santos anunció el lanzamiento de sus locomotoras del desarrollo, las que al igual que las primitivas maquinas resultaron muy contaminantes.

Uno de los componentes de este entramado de despojo es la locomotora minera, que implicó la entrega de vastos territorios a empresas multinacionales, en un acto de agresión de la soberanía patria. Podríamos decir que se consumó por fin el plan iniciado por sus antecesores, que dieron patentes de corso a los grupos paramilitares para que ablandaran poblaciones y tomaran posesión de las tierras necesarias para este macabro proyecto.

Dentro de los territorios entregados a las multinacionales encontramos grandes extensiones de parques naturales, selvas e inmensidades de sabanas ubicadas en el oriente colombiano. De igual manera en estas tierras se encuentran centenarias culturas indígenas, afro descendientes y campesinas que domaron la tierra en busca de tranquilidad, un porvenir no brindado por el Estado que las abandonó secularmente.

Los colombianos tenemos la dicha y la desgracia de habitar entre tierras fértiles y grandes riquezas minero energéticas,  con una fauna y la flora que solo es posible gracias a la posición geoestratégica de nuestro país. Dicha y desgracia porque las empresas multinacionales nos pusieron en su ambiciosa mira francotiradora, que con un solo disparo mata lo que toca.

Porque matan lo que tocan es que nuestro país atraviesa por una situación humanitaria que sobrepasa lo inimaginable. Primero les tocó a los seres humanos que habitaron los territorios que en la actualidad están trasnacionalizados, y ahora le toca el turno a miles de animales que sucumben ante la cruel sequía producto de la destrucción ambiental provocada por la explotación despiadada de nuestros recursos. Corrobora esta afirmación un reciente informe del instituto Agustín Codazzi, en donde se afirma que dentro de las causas que provocan el drama apocalíptico del oriente colombiano (Casanare, Arauca, y Meta con la posible expansión), se encuentra la explotación minero energética, la ganadería (cabe señalar la extensiva), la poca fertilidad de los suelos, la expansión de la frontera agrícola hacia el nevado del Cocuy con miras agro exportadoras y la extracción en los ríos de materiales para construcción.

Es evidente la presencia de las locomotoras en el inmenso daño ambiental. En menos de una semana la cantidad de animales muertos superaba los treinta mil. La falta de agua y el color ocre del panorama indicaban la ausencia de alimentos. Chigüiros, vacas, babillas, terecas, aves diversas, entre otros, todo un panorama desolador.

La respuesta del gobierno era de esperarse. En un país en el que la prevención es mera ilusión, la atención del desastre fue el envío de carro tanques con agua. No hace falta ser un experto para entender que la tierra absorbería la mayor cantidad del líquido, que las altas temperaturas del agua expuesta al inclemente sol enfermarían a los animales, junto con el lodo que se generaría después. Imágenes desgarradoras. Como cuando antes se tenían que enterrar a los cientos de campesinos a quienes les quitaron las tierras para las empresas.

¿Dónde está el agua? Evidentemente en manos de las multinacionales y grandes empresarios y ganaderos. Para la extracción del petróleo se emplean centenares de barriles de agua por cada barril del hidrocarburo, los ríos se han canalizado para atender las grandes plantaciones de palma y arroz, las firmas contratistas que extraen materiales de los ríos desvían los cauces para sacar piedra y arena.

Una barbaridad semejante ocurre en el norte del país, donde se pretende desviar el río Ranchería en la Guajira, para que la empresa carbonera extraiga fácilmente el carbón que se encuentra bajo de su cauce. Los guajiros han emprendido una lucha para no permitir semejante locura.

Así mismo en Sucre, Bolívar y Córdoba los mafiosos y paramilitares se apropiaron del preciado líquido. Mientras pueblos enteros que carecen del acceso al agua se ven obligados a acudir a la acción de bloqueos para que se le permita sobrevivir.

Los páramos, que constituyen ecosistemas de amortiguación y de los que tenemos el honor de poseer gran parte de los existentes en el mundo, también figuran en la listas de territorios entregados a empresas auríferas, entre otras, sin importar que el 70% del agua que se consume en las grandes ciudades proviene de allí. Mientras que la ministra de medio ambiente anuncia nuevos límites (hasta ahora un misterio) dizque para defender y salvaguardar los páramos.

El listado de la tragedia es largo, pero las soluciones que se reclaman son un verdadero S. O. S para Colombia. No queremos un país hecho un desierto, ni atravesado por socavones. Queremos un país para nuestros hijos, en el que puedan apreciar la belleza de la naturaleza y vivir sana y dignamente.

Para lograr preservar lo que es nuestro se hace necesario el concurso de todos los colombianos patriotas, en una lucha frontal por detener el accionar de las multinacionales. Hace muchos años el camarada Manuel Marulanda nos habló acerca de la futura guerra por el agua, en la que el imperio destruiría ecosistemas enteros a fin de extraer el preciado líquido y los recursos nuestros.

La legislación colombiana de hoy se encuentra atravesada de principio a fin por los criterios neoliberales consagrados en la Constitución vigente. Es necesario cambiarlos, para expedir las leyes de carácter popular que requieren el país y sus grandes mayorías. Eso sólo será posible conquistando una asamblea nacional constituyente democrática, ajena a la politiquería actual y el clientelismo corrupto, capaz de expedir una nueva Carta Fundamental acorde con los verdaderos intereses de los colombianos.


Montañas de Colombia, 7 de abril de 2014.

0 comentarios:

Publicar un comentario