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viernes, 23 de mayo de 2014

Intereses de las pobrerías colombianas

Por: Marco León Calarcá

Mayo 22 de 2014, año de nuestro 50 aniversario

Desenlace lógico de la ardua discusión, que terminó acercando las posiciones, fue la firma del acuerdo parcial sobre el cuarto punto de la Agenda, el tercero en debate. Por ser importante y seguro paso a la paz levantó fuertes reacciones; la mayoría, positivas, de respaldo, enmarcadas en la serenidad y la calma; sin embargo las negativas por ser de los poderosos han sido mucho más notorias, aunque sean las menos. (Leer comunicado conjunto No.36)

Dice la sabiduría popular: el ladrón juzga por su condición, por tanto algunos ubican y evalúan el anuncio del avance de los diálogos dentro del mezquino cálculo electoral, se atreven a contarlo como un aporte a la campaña electoral de Santos, el acuerdo parcial logrado está mucho más allá, pues lo inspira la justicia y la restauración de los derechos de las víctimas de esa situación mafiosa impuesta por las élites.

Y hay otros análisis peores, con mayor mala intención, algunos encontraron en el texto el reconocimiento del vínculo de las FARC-EP con el narcotráfico, su obstinación contra la paz les produce alucinaciones, por eso mantienen alejados de la realidad.

Las FARC-EP mantienen propuestas tendientes a solucionar el problema de los cultivos de eventual uso ilícito y las drogas derivadas de estos desde la década del 80, la historia lo constata, no son invenciones de último momento. ¿Corresponde esa política y práctica a una organización narcotraficante, como difaman nuestros detractores y los enemigos de la paz? En definitiva no.

Lo esencial en los diálogos de La Habana es el bienestar de las inmensas mayorías del país, así está consignado en el Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera. La Mesa de conversaciones no es instrumento para negociar prebendas ni impunidades, su objetivo es encontrar soluciones viables y justas a las causas económicas, políticas, sociales y culturales de la confrontación.

Muy equivocados están quienes piensan, y así lo escriben y propagan, que los esfuerzos por construir la paz con justicia social, democracia plena, dignidad y soberanía desarrollados aquí en La Habana solo interesan a las FARC-EP y al gobierno, grave error dejar por fuera al pueblo colombiano, pues sus luchas son clara expresión de su anhelo de paz.

En el centro de los acuerdos construidos están los intereses de las pobrerías colombianas, el logro de ese objetivo nos guía. En el Movimiento Fariano, hombres y mujeres, luchamos, defendemos y buscamos conquistar derechos para todos y todas, nadie persigue satisfacción individual.

Es la razón de cincuenta años de lucha continua, unida a la violencia vivida en la patria colombiana desde 1936, los antecedentes inmediatos a esta guerra. Y si queremos podemos extenderlos a nuestras raíces indígenas, combatientes contra la invasión europea, a los ancestros negros, valientes en la resistencia a la esclavitud y fundadores de pueblos libres, y a los mestizos, zambos y mulatos, en lucha durante siglos por su subsistencia, por conquistar sus derechos siempre negados.

El acuerdo parcial firmado sobre el punto solución al problema de las drogas ilícitas contempla reformas profundas, concretarlas en la práctica conducirá a alejar de manera definitiva y rápida a la población rural de los cultivos de eventual uso ilícito, la realidad demuestra que estos son último refugio para resolver una subsistencia precaria.

Tierra para trabajar, proyectos realizables con apoyo técnico, posibilidades de agregar valor a las cosechas, garantías de comercialización, los subsidios necesarios y la infraestructura, no solo económica sino también la social como se contempla, permite vislumbrar un futuro de vida digna producto del trabajo y formación de verdaderos valores culturales.

Importante claridad plasmada es la incidencia del narcotráfico en el conflicto social y armado, precisa su papel financiero sin desconocer la realidad, las drogas y los cultivos no son causa de la guerra, un análisis cuidadoso revelaría que las drogas ilícitas en sus diferentes etapas son inherentes al capitalismo; el narcotráfico, el momento de la comercialización, en particular, es ejemplo del funcionamiento neoliberal de la economía.

Al no ser la comercialización de las drogas ilícitas un tema solo de Colombia, ni de ningún país, el acuerdo parcial prevé las formas para encontrar soluciones internacionales constructivas y saludables; la prohibición y la represión demostraron con suficiencia su inutilidad.


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