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domingo, 22 de junio de 2014

La copa mundo y la paz

Estamos llenos de optimismo, pero sin llamarnos a engaños. Estamos listos para ayudar a organizar esa gran selección que nos lleve a la victoria máxima.

Por Benkos

Guerrillero del Bloque Iván Ríos de las FARC-EP

En  estos tiempos que transcurren, en este siglo maravilloso en que la humanidad lucha  por zafarse de los viejos lastres, uno despierta cada día lleno de asombro. Los hechos que nos toca ver,  llenan   muchas veces de enigmas e incertidumbres al más desprevenido de los seres.

No deja de ser enigmático este  mundial de futbol que se desarrolla en suelo americano, específicamente en Brasil, y que genera el entusiasmo y la alegría propias de un deporte practicado en la gran mayoría de países del globo. De justa deportiva mundial generadora de alegrías y festejos integradores de la humanidad que se abraza alrededor del grito victorioso del gol, ha pasado a ser el gran negocio de una  elite, con transacciones que recuerdan al oprobioso sistema esclavista.

Se derrumba la arcaica y nefasta corona inglesa ante el fogonazo artero de un morocho integrado a la selección italiana.   Lloran de júbilo los azurros olvidando viejos oprobios del racismo fascista, cuando de los pies  de un representante de la etnia negra brota la victoria para su país.

Esa fiesta de la humanidad también nos incumbe a los colombianos que insistimos en forjar una patria para todos, que pretendemos alejar los fantasmas del horror y la miseria, de manera que podamos sumarnos de una vez por todas a esto que muchos han denominado modernidad.

En medio del festejo integrador del triunfo de nuestra selección, no deja de ser una incertidumbre el apoyo gubernamental a los indígenas, negros, zambos, mestizos, o blancos pobres que han sufrido junto a nosotros este medio siglo de guerra.

No deja de sorprender el hecho de que esta oligarquía levante hoy la bandera de la paz como única alternativa para mantenerse en el poder, en un maltrecho Estado sustentado en un régimen a todas luces  históricamente  ilegítimo, imponiendo al pueblo colombiano la disyuntiva de  elegir entre el fascismo narco paramilitar representado por la caverna uribista, y el continuismo de una clase política amarrada a los intereses  económicos de las transnacionales y del empresariado criollo.

Con el entusiasmo que despierta la posibilidad de un futuro diferente a este presente  nefasto, lleno de las  desigualdades y horrores de la exclusión social, económica y política, el país escuchó el discurso del reelegido Presidente que prometía que por fin  la nación será representada como debe ser, que todas las opiniones se respetarán y que se abrirá paso a las reformas y ajustes que se requieren para consolidar la paz que tanto anhelamos.

Estamos llenos de optimismo, pero sin llamarnos a engaños. Estamos listos para ayudar a organizar esa gran selección que nos lleve a la victoria máxima que puede aspirar una nación, la paz con justicia social. Pueda ser que el grito alegre del gol, el abrazo fraterno, la risa espontánea, el carnaval de júbilo que despierta el futbol entre nuestro pueblo, no sea una vez más una vana y perecedera alucinación.

Montañas de Colombia, 17 de junio de 2014.

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