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martes, 10 de junio de 2014

Mujeres del sur

Por Jairo Martínez, integrante de delegación de Paz de las FARC-EP, tomado de mujerfariana.co

Las dinámicas sociales en las actividades humanas se ven claramente marcadas por la presencia activa de las mujeres, que siempre han estado como escuderos de los hombres que se han considerado sus protectores. Por supuesto que no comparto que el género masculino haya sido el protector de la mujer, no, el tema al que voy a hacer referencia, nos muestra en la vida real y práctica que las mujeres  cuando la vida las pone a prueba  para enfrentar la dura realidad, son las que más dan luces, proponen, dan dinamismo, son visionarias, propositivas, emprendedoras, ordenan, son constantes, sacrifican o mejor planifican mejor el tiempo.

En la región del sur del país, ellas, tienen un puesto merecido en la historia de la batalla por la supervivencia. Fueron ellas las que animaron a sus hombres a tomar juntos la ruta del sur, por las empinadas y agrestes cordilleras para pasar de los valles del magdalena, pasando páramos y paramillos, para luego comenzar a descolgar y llegar al otro lado de la cordillera oriental en donde  comenzaron a sentar las bases de los primeros núcleos familiares.

 Con el tancho, mochila, morral, maleta, costal, como se le quieran llamar a sus espaldas con la mera sal como alimento, el crío como parte de su equipaje y el completo de su maleta: las ideas, las esperanzas, los sueños de un porvenir. De todas maneras su equipaje  era futuro vida...  que es lo que siempre nos han proporcionado.

Las mujeres que llegaron por la región de  Balsillas, El Pato, Guayabero, El Losada, por las vertientes de los ríos Caguama, San Pedro, Orteguaza, Caquetá y el Putumayo regaron con sudor y sangre la semilla de la vida. Se hicieron a pulso, con su trabajo sin horario, arrancándole la comida a la madre naturaleza.

La vida de carencias y entrega a sus familias las ha hecho muy fuertes: han aprendido a vivir de sus planes, sus proyectos y sus propias realizaciones. No han recibido nada de nadie, ni están esperando que las ofendan con dádivas; ellas continúan batallando por oportunidades: las que siempre el sistema les ha negado. Son símbolo de independencia, de carácter, comparten amor ternura y calor, son la base de esa primera estructura social que es la familia.

Estas son las características de las mujeres con las  que nos encontramos en la zona de San Vicente del Caguán, para la época del despeje cuando los diálogos en busca de la paz en enero de 1999: emprendedoras, echadas para adelante, estuvieron en primera línea, al lado nuestro, barriendo y sacando toneladas de basura, pavimentando barrios completos y calles del centro de la ciudad; en la mejora de escuelas, colegios, en la adaptación de terrenos para  la construcción de nuevos barrios. Listas en la madrugada para montar la olla o en los fundos para preparar las comidas comunitarias; labor a la que se vinculaban también niñas de escuelas, colegios, madres cabeza de hogar. En los campos, su participación fue haciendo trochas, caminos, carreteras, puentes, escuelas, comedores. Y no faltó su aporte en  el arte y la cultura. Las mujeres impregnaron toda esta creatividad y derroche de energía al trabajo colectivo comunitario en lo rural y lo urbano.

Este trabajo de infraestructura, carreteras, salud, educación, cultura y deporte que se desplegó fue motivo de  titulares de periódicos, revistas,  medios televisivos nacionales e internacionales: reseñando el entusiasmo emprendedor de la mujer caqueteña.

Hoy, las mujeres del sur del país son más expresivas y batalladoras. Abren, ganan espacios bien merecidos: porque en ello están claras.  Espacios que  ganan  con estudio, trabajo, emprendimiento en las juntas, consejos, alcaldías, en las asambleas, en la gobernación, con visión de poder y el manejo en los campos públicos.

Ellas, se han dado el lujo de organizar eventos de "mujeres a nivel nacional" con participación internacional  como el realizado en Florencia, Caquetá, en mayo del 2013.

Pese a  las dificultades enfrentadas, un importante núcleo de mujeres insiste  en asumir la lucha reivindicativa eminentemente política y de género. Hay que aceptar que persisten manifestaciones de machismo producto del analfabetismo y una ancestral cultura patriarcal, de sobreexplotación y pobreza a la que más temprano que tarde hay que ponerle fin.

 Los sueños de mujeres y hombres que nos enfrentamos a la realidad  de un sistema de opresión donde el medio ambiente económico social y político, no es precisamente el más propicio para imaginar  un futuro mejor. Esto nos obliga prioritariamente a definir una sociedad nueva, que remueva los  enormes desequilibrios económicos, que establezca plenas garantías para el ejercicio  de la actividad política, a todos los  niveles, que siente las bases para una profunda transformación con justicia social, en donde el protagonismo de la mujer deberá tener el lugar justo que le corresponde.

Estas son las mujeres de la región del sur del país, que recordando el pasado,  hacen memoria y se  oponen al olvido de su memoria histórica, anhelando estar presentes con su participación activa y desinteresada en la realización de esa nueva sociedad con justicia social.

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