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viernes, 13 de junio de 2014

¡Que vivan los 50 años y los que llegan!

Crónica ligera de una conmemoración en medio de la selva. De cómo Manuel Marulanda Vélez vive en el alma de cada guerrillero de las FARC-EP.

Por Gabriel Ángel

Como cualquier guerrillero de las FARC, milito en una célula política conformada por los integrantes de mi escuadra. Esta, a su vez, forma parte de una de las dos guerrillas que integran la Compañía en que me encuentro temporalmente asignado. Cuestiones de trabajo hicieron que me hallara en esta Unidad para la celebración del 50 aniversario de nuestra organización, y quise hacer esta nota sobre ella, antes de que la memoria fuera desdibujada  del pequeño detalle por obra del incesante ritmo de los acontecimientos.

De por sí los guerrilleros somos como gitanos, andamos todo el tiempo de aquí para allá, sin llegar nunca a un destino permanente. Y como el tiempo corre tan deprisa, creo que se cuentan ya por varios, los años de vigencia de la circular que prohibió mantener reunidas unidades grandes, mayores a los 26 combatientes que integran una guerrilla. Sólo en ocasiones especiales, y con expresa autorización del Secretariado, se permiten las concentraciones grandes de tropa, para las cuales es necesario adoptar las medidas de seguridad más rigurosas.

El caso es que la conmemoración del 50 aniversario permitió la reunión de toda la Unidad en un lugar determinado de la selva. Supongo que los primeros en llegar, los mandos, dispusieron la hechura del campamento provisional, al cual se fueron añadiendo más espacios según iban arribando las comisiones. Es increíble la capacidad de trabajo de una guerrilla organizada. Los horarios para los trabajos nunca comienzan antes de las 7 de la mañana y tampoco van más allá de las tres de la tarde. Hay hora y media de pausa al mediodía para tomar el almuerzo. En esa breve jornada, el trabajo de la gente produce las más increíbles transformaciones del entorno.

Patio para las formaciones, aula, casino para preparación de alimentos, represas para el agua del consumo y la de tomar baño, oficinas, instalaciones, letrinas, caletas individuales o para dos, apronte y organización de leña, es asombroso el modo como se erigen una tras otra las tareas, a sabiendas de que las obras no serán perdurables, pero sin escatimar el mínimo esfuerzo porque todo quede bien hecho y tan cómodo como para permitir una estadía agradable. Todo bajo el manto verde del ramaje selvático que impide la más mínima observación aérea.

Cada día se suman más manos y trabajos. En medio de las alegrías que producen los reencuentros con los camaradas, los abrazos, las expresiones de satisfacción por saber que estás vivo y sonriente como los otros que bromean contigo, en una semana o menos han culminado los trabajos más pesados. Se ha ordenado un dispositivo especial de seguridad y también se cuenta con la infraestructura física para resistir un ataque inesperado.  Es entonces cuando, sin saber bien de dónde y cómo, de repente el aula aparece decorada con un colorido espléndido, con carteles, carteleras, frases alusivas, fotografías y pinturas hechas a mano por artistas guerrilleros. Las muchachas se encargan de poner ese toque tierno y bello a todo. Un Manuel Marulanda inmenso otea al futuro desde el mural de fondo.

Los mandos de la Unidad son sus fieles herederos. Por eso advierten que, antes de cualquier festejo, deben cumplirse los actos educativos, políticos y culturales. Y para esta ocasión han ideado un taller sobre el pensamiento y la obra de nuestro inolvidable fundador. Así era el viejo Manuel, todo lo que se hiciera tenía que estar rigurosamente planificado, y partir del criterio de que conformamos una organización político revolucionaria. Por eso se vienen los grupos de estudio, con sus instructores y monitores, otros guerrilleros más antiguos y mejor conocedores de los materiales de la organización, y su ubicación por áreas, en donde puedan permanecer en las condiciones más favorables para la lectura y discusión de los documentos elegidos.

Es entonces cuando se comprende por qué las FARC han completado cinco décadas. Viejos y jóvenes, muchachas y muchachos beben con sumo respeto y admiración de las fuentes del saber popular rebelde, de su historia, de sus orígenes. Casi que conocen, comparten y disfrutan de la compañía de Jacobo Prías Alape, el Charronegro que hacía de jefe en Marquetalia hasta que lo asesinaron los paramilitares en 1960, de Isaías, el Chiquito Pardo y su extraordinario valor y audacia, del viejo Isauro Yosa, el mayor Líster de aquellas guerrillas tan auténticamente campesinas. Marulanda, cada año, en sus saludos del 27 de mayo, repasaba la historia nacional, y todavía se conservan la mayoría de aquellas epístolas que ahora se estudian. La verdad prohibida por el sistema que lucha por imponer su versión.

Cada día se van deshojando las páginas de Manuel, aquel Lo que nos dijo el Comandante, conservado con acierto por el Camarada Jacobo en su Diario de la Resistencia de Marquetalia. Es Manuel enseñando a su gente en los albores de las FARC cómo deben comportarse los revolucionarios y cuáles son los verdaderos enemigos del pueblo, de todos los pueblos del mundo. También su documento acerca del Don de Mando, una cátedra modesta y magistral sobre la conducción de tropas guerrilleras, la responsabilidad que implica ser mando en las FARC, las cualidades que exige, la mentalidad, la convicción y la preparación integral que entraña. Es Manuel hablándonos al oído a todos, como un abuelo sabio a sus inquietos nietos.

Los curiosos títulos que con los años el lenguaje guerrillero les ha ido atribuyendo a otros, como  los 40 puntos sobre las indisciplinas, o los Nueve criterios, no son obstáculo para que vuelvan a examinarse con detenimiento, para que nos pongan a pensar sobre la cantidad de cosas mal hechas que todos debemos superar. Uno tras otro brotan los ejemplos para el análisis de nosotros mismos. Es la voz de Manuel que como nuestra conciencia no nos deja nunca en paz, hay que ser mejores cada día, de verdad. Son varias de sus cartas al Secretariado y demás mandos de las FARC-EP las que pasan a ser leídas y repasadas con afán por escarbar el mínimo de sus significados. Algunos de sus saludos de fin de año, su epístola final, el saludo adelantado de los 44 años.

Con los días todos estamos orgullosos de lo que somos y representamos. Eso sale a relucir en la Mesa Redonda con que se clausura el taller, un día entero hablando sobre los documentos estudiados. Nadie se queda en silencio. La participación es parte del reconocimiento personal a Manuel Marulanda Vélez, y sobre eso no hay ningún guerrillero en las FARC que no tenga su comentario entusiasta. Una semana entera de estudio, de reiteración de nuestro compromiso con el pueblo colombiano y los demás pueblos del continente y el mundo. No queda duda de que el tema de la paz y la solución política está más claro que nunca en la mente de todos. Los mandos presentes rematan aclarando cualquier inquietud. Reinan la alegría y  la fraternidad.

Entonces se viene la lúdica. El acto cultural, las canciones, los poemas, los videos, las pequeñas representaciones. Todo delante del bello telón de fondo en donde se destacan en letras negras las palabras 50 años de labranza en busca de la paz y la justicia social. Hay torta de cumpleaños, aplausos, emociones desbordadas, sorpresas, como la de la pareja de guajiros, guerrillera y guerrillero, improvisando versos vallenatos en homenaje al 50 aniversario. Cantar el himno de las FARC-EP en estas condiciones, despierta un sentimiento indescriptible. Se recuerdan nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros prisioneros. Pero como decía el Mono Jojoy, no es tiempo de llorar, hay que mirar siempre hacia delante. Un divertido juego de Concéntrese, disputado por grupos, con preguntas complementarias a las dupletas y tripletas, todas relacionadas con lo estudiado en el Taller, conduce a la efervescencia final por los puntos alcanzados.

Igual ocurre con las competencias deportivas del día siguiente. La final femenina de voleibol, en la cancha improvisada, al igual que la de los equipos mixtos, resultan de infarto. Hay barras, aplausos, vivas. Jugadas espectaculares en las que se pone en evidencia el espíritu deportivo. Entonces se escucha la música de fondo, canciones de rebeldía, música de las FARC, llanera, vallenata, ranchera, tropical, caribeña y del Pacífico, los grandes de la canción social. Colombia es muy grande, y casi la mitad de ella abriga espesas y cálidas selvas, nuestros enemigos podrán subir al número que quieran, pero jamás serán suficientes para cubrirlas y vigilarlas todas. Basta con un cuidadoso plan, saber ubicarse bien y tomar las medidas adecuadas, para poder celebrar, incluso ruidosamente. Siempre que el Secretariado conceda el permiso, claro.

Entonces sí, se viene por fin la fiesta. En el aula, música y baile, de día, para que no se dé ninguna vislumbre. Cerveza y refrescos. Vivas permanentes, parejas que bailan, sudan, ríen o hablan quedamente en sus oídos. Viejos amores que terminan, relaciones nuevas que al comienzo sorprenden y al poco ya son aplaudidas con deseos de suerte. Guerrilleros que hablan entre sí, con prudencia, cuidándose de no soltar la palabra innecesaria, hermanados por la causa a la que dedican su vida. Anécdotas que van y vienen, bromas, chistes, alegría. Todos coinciden en que 50 años no se celebran sino una vez en la vida. Pasan los minutos, las horas, el tiempo del festejo.

Pasados el 27 y el 28 de mayo, los días centrales de la celebración, comienza a sucederse el desfile de las comisiones que regresan. Primero hubo que recoger y ordenar el desorden de la fiesta, desmontar la decoración, empacar y comenzar a preparar la partida. De nuevo los abrazos, las calurosas despedidas, las marchas que  se retoman. La hora del hasta luego. Cada que el rostro de una muchacha se acerca al nuestro para darnos el beso de despedida, sentimos la fragancia a mujer, a guerrillera linda que nos quiere y se va porque la lucha sigue y hay muchas tareas por cumplir. De pronto también nos dicen que llegó la hora de salir nosotros. De camino, con el equipo a cuestas, sobreviene el pensamiento de registrar algo de esto en la primera ocasión. Apenas ahora llega. ¡Que vivan los 50 años y los que vengan!

Montañas de Colombia, 10 de junio de 2014.

Rga

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