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martes, 19 de agosto de 2014

El reciente informe sobre la Marcha Patriótica

Digamos que el señor León Valencia queda muy bien por un lado, pero deja también enormes interrogantes por otro.

En seis capítulos se organiza la pormenorizada investigación realizada por la Fundación Paz & Reconciliación acerca de la Marcha Patriótica, con el apoyo del pueblo americano y el gobierno de los Estados Unidos, a través de su Agencia para el Desarrollo Internacional USAID. En realidad el estudio comprende cuatro grandes temas: Historia y perspectivas de la Marcha Patriótica, Relaciones de la Marcha Patriótica con otros actores en cuatro departamentos, Informe análisis relaciones alcaldías y concejos, y, finalmente, Análisis de riesgo de la Marcha Patriótica en cuatro departamentos.

La elaboración del informe está fechada en Bogotá D.C., 14 de mayo de 2014, aunque su presentación pública tuvo lugar hace apenas unos cuantos días. Por su parte el señor León Valencia, cabeza reconocida de la fundación responsable de la investigación, escribió en su más reciente columna de la revista Semana, un artículo en el que además de presentar el trabajo realizado y publicitarlo para su conocimiento general, realiza una síntesis apretada del mismo, y advierte al Estado colombiano, en cabeza del general Naranjo, nuevo superministro de la Seguridad, acerca de los graves riesgos que corre en la actualidad dicho movimiento político y social, instándolo a adoptar medidas inmediatas para evitar que se hagan realidad.

Resultaría muy dispendioso realizar aquí el recuento de la investigación referida, entre otras cosas porque lo mejor para tener una completa idea de ella es leerla toda. Puede que de entrada parezca voluminosa, pero en realidad no lo es tanto, se encuentra perfectamente organizada y salvo la parte referida al análisis de las relaciones alcaldías y concejos, que parece un poco salida del contexto general, resulta amena e instructiva. Si alguien desea tener un conocimiento amplio acerca de la Marcha Patriótica, su historia, sus planteamientos, sus acciones, sus aspiraciones, sus tendencias y los riesgos que afronta, probablemente no encuentre otro compendio tan elaborado como este.

En esto último, precisamente pueden radicar los reparos. Al igual que en todas las materias, siempre que se aborda un asunto se generan puntos de vista diferentes, incluso opuestos según la óptica que cada uno aplique. Es fácil decir, por ejemplo, que la investigación, además de oportuna resulta pertinente en la coyuntura que atraviesa actualmente el país. Hay un proceso de paz en curso, unas conversaciones con las FARC-EP en La Habana, que envuelven el tema de la democratización de la vida nacional, de las garantías necesarias para el ejercicio de la actividad política. La Marcha Patriótica, como lo dice el estudio, nace como el producto de la lucha y la organización de importantes sectores populares del campo, que aspiran a la salida política del conflicto armado, sobre la base de hondas reformas estructurales en el país.

Si bien, como lo acredita muy bien la investigación, la Marcha Patriótica es algo completamente distinto a las FARC, es evidente que levanta aspiraciones parecidas a lo planteado por nuestra organización en La Habana, lo cual, además de la ubicación de la mayoría de su militancia en zonas de conflicto, puede hacer pensar a muchos, especialmente a agentes estatales y de extrema derecha, que se trata del mismo proyecto. Aquí viene a desempeñar toda su importancia la investigación de la Fundación Paz y Reconciliación, que deja perfectamente claro por qué no pueden ni deben confundirse esos dos proyectos. Tan incisivo es el estudio en esta materia, que bien vale recomendárselo a fiscales y jueces que procesan militantes de la Marcha Patriótica bajo la acusación de pertenecer a las FARC-EP.

Si bien no cuenta con personería jurídica, una especie de calificación jurídica estatal que concede la facultad de ejercer derechos y contraer obligaciones, nadie puede decir que la Marcha Patriótica no existe. Sus actuaciones políticas en grandes movilizaciones, congresos, foros, eventos públicos, paros, luchas y diversos actos oficiales, dentro de los cuales se cuentan reuniones formales con altos funcionarios del Estado, incluido el señor Presidente de la República, constituyen la mejor prueba de su existencia. De lo acordado en La Habana, uno de los grandes temas pendientes de resultados materiales tiene que ver, justamente, con la posibilidad de que ese tipo de movimientos sociales y políticos cuenten con todas las garantías legales y reales para su actuación política. De eso se ocupa el estudio que comentamos.

Que enciende las alarmas sobre los inminentes riesgos y peligros que recaen hoy sobre esa organización de masas. Y que propone una amplia gama de recomendaciones, dirigidas en lo fundamental al Estado, al gobierno en sus diversos escalones y a la sociedad, para adoptar medidas urgentes a fin de blindar el justo derecho de la Marcha Patriótica a existir y actuar políticamente, no vaya a ser que se repita con ella la amarga experiencia de la Unión Patriótica. Hasta aquí todo resulta plausible. ¿Quién que posea un espíritu democrático o medianamente progresista no va a estar de acuerdo con esto? Es meritorio que alguien distinto a la Marcha Patriótica esté hablando así de ella y exigiendo tales reivindicaciones. La misma Marcha necesita de eso, no es una organización ilegal o clandestina que tenga que disimular su transparencia. Todo eso le sirve, indudablemente.

Pero hay la otra cara de la moneda. ¿Por qué nadie realiza una investigación semejante, digamos, sobre el Centro Democrático? Quiénes son sus militantes, dónde se encuentran, a qué se dedican, qué plantean, qué vínculos puede tener con otros sectores, etc. En un país como Colombia, es natural que se experimente un escalofrío cuando alguien publica todos los pormenores sobre un movimiento de oposición política, que además está siendo atacado y acosado, como lo explica muy bien el informe, tanto por los sicarios como por las autoridades policiales, militares y judiciales. La publicación de algo así necesariamente alarma a sus integrantes. Como dice el dicho, no estamos en Dinamarca, sino en Cundinamarca. Puede pensarse que los fanáticos enemigos de la democracia y la Marcha Patriótica cuentan con un completo directorio telefónico dónde ubicar a sus futuras víctimas.

Además, detrás de todo eso está la USAID, cuya más reciente referencia noticiosa fue la contratación de un programa para la prevención del VIH en Cuba, con Creative Associates Internacional, que en realidad resultó ser un plan de subversión y desestabilización para el gobierno de revolucionario de la isla, denuncia que salió unas semanas atrás en todos los medios internacionales. Cualquier persona medianamente enterada sabe bien que tras la USAID se halla la mano negra del imperialismo norteamericano, como ha quedado evidenciado en la larga historia de crímenes contra el movimiento popular en Latinoamérica. Digamos que el señor León Valencia queda muy bien por un lado, pero deja también enormes interrogantes por otro.

A manera de satisfacción moral para los militantes de la Marcha Patriótica, podría decirse que tampoco vale la pena tanta alarma por el estudio publicado. Desde que existen las revoluciones y los revolucionarios en el mundo, existen también los espías, delatores, infiltrados, supuestos amigos y demás, encargados de llevar a la Policía y la seguridad estatal toda la información que recaudan sobre los movimientos políticos o sociales sospechosos. En cada reunión, evento o actuación de la Marcha Patriótica han estado presentes, con toda seguridad, los agentes camuflados del Estado, muchas veces con las posiciones más arriesgadas y radicales. Ellos han llevado a sus jefes mucha más información que la publicada por la Fundación Paz y Reconciliación. Así que quizás no valga la pena escandalizar tanto.

Montañas de Colombia, 19 de agosto de 2014.

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