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martes, 12 de agosto de 2014

Gracias, señor Pearl, quedamos notificados

Nunca como ahora comprendemos la sinceridad del Presidente Santos, heredero del señor Álvaro Uribe Vélez, por demás.
 

Conocimos el video colgado recientemente en Internet, en el que se registra la intervención de Frank Pearl en el XII Seminario Internacional sobre Turismo y Paz en el mes de Junio. Una presentación reveladora acerca del pensamiento del gobierno nacional con relación al proceso de paz que adelanta con nosotros en La Habana.

Su contenido nos hizo recordar a un rústico campesino que vivía cerca a Puerto Ité, en el nordeste antioqueño, el histórico caserío incendiado y arrasado varias veces por el Ejército Nacional y los paramilitares. Era frecuente que tras beber los domingos, al llegar a casa, la emprendiera a golpes contra su pobre y paciente mujer, a la que después de insultar en todos los modos posibles, le advertía que no viviría otro día más con ella, procediendo a marcharse indignado. Transcurridos un par de días, regresaba cabizbajo y lloroso, asegurando que lo hacía porque quería demasiado a esa vieja tal por cual.

Una muestra descollante de la hipocresía de la moral burguesa, que comienza con el saludo cálido y fraternal a un paramilitar desmovilizado presente en el recinto, que ahora funge de guarda de seguridad en Ciudad Perdida. Todo el tiempo de la intervención se estuvo dirigiendo a él con candorosa admiración, como diciéndole gracias muchacho por toda esa sangre derramada, así era, bien, felicitaciones. Es obvio que la presencia del personaje allí no era casual sino debidamente calculada.

Enseguida procede a confesar qué llevó al gobierno a entablar el escenario del diálogo. La organización guerrillera está vencida, absolutamente impedida para alcanzar el poder por las armas, reducida a un accionar aislado en solo 36 municipios sin importancia y condenada por toda la comunidad internacional. Desde el gobierno de Uribe, del cual él hizo orgullosamente parte, son tantos los golpes propinados a las FARC, que bien puede ahora su continuador recoger la cosecha. Somos los mismos, sugiere con afectada modestia.

Eso se nota en los teatrales ademanes que emplea para referirse a la libertad de pensamiento y expresión, derechos que todo el mundo tiene, según dice. De estar en desacuerdo, de manifestarlo incluso, de conferirles la dimensión de un deber. Parece increíble entonces que sea bajo las órdenes de quienes creen firmemente en eso, que se busque con infames tácticas y procedimientos a los opositores políticos con armas, para molerlos a bombas y metralla desde el aire, o para acribillarlos con su pesado armamento desde tierra, aún cuando se los invita a dialogar para hallar una solución pacífica y civilizada a la confrontación.

Pero esa guerrilla continúa siendo un obstáculo serio para el desarrollo del conjunto de proyectos económicos neoliberales. Su presencia en las regiones rurales destinadas al turismo internacional, la agroindustria, la agricultura de exportación, la explotación de la biodiversidad, la extracción petrolera y la gran minería, impide la realización de la inversión local y extranjera requerida, aunque el resto del país se haya convertido en un escenario paradisíaco, en el que la inmensa mayoría de sus prósperos habitantes apenas se entera de la existencia del lejano conflicto. En su parecer, las guerrillas colombianas obran como sus homólogas en África, se refugian y actúan desde los países vecinos, regresando a ellos tras accionar aquí, lo cual imposibilita objetivamente su aniquilación definitiva. Desafortunadamente no estamos en Sri Lanka, en donde se las cercó y obligó a rendirse pues se encontraron arrinconadas contra el mar.

Así que llegó el momento de extenderles la mano. Para tratar de dos temas fundamentales, su responsabilidad frente a las víctimas y su desmovilización y entrega de armas. En eso es contundente, allí es donde radica la esencia del proceso. Para eso es, ¿entienden?, y mira con humildad a los empresarios turísticos. Y a todo aquel que siga el video. Es el desvergonzado reconocimiento de que la pretensión del gobierno nacional no es distinta a obtener la rendición de la guerrilla en la Mesa y conseguir enseguida que las víctimas y la nación entera se les echen encima para hacerles pagar por los crímenes que cometen a diario. Allí no hay la mínima manifestación de respeto al adversario, ni la menor muestra de reconocer que se dieron causas y agentes para provocar su alzamiento. Ni desde luego, culpa alguna del Estado o las clases privilegiadas. Ni siquiera la posibilidad de acoger una sola de sus proposiciones.

Bueno, dice a continuación, pero hay que ponerles un cebo, algo que llama un puente de oro en esa jerga de los especialistas en negociación de conflictos. Y nada mejor que ofrecer la redención para el campo colombiano en el que viven inmersos, y en el que los niveles de miseria y pobreza son tan escandalosos en realidad. Casi llora al describir el drama de los que no tienen nada, pobrecitos, hubiéramos podido ser nosotros, los que por obra del azar nacimos en hogares pudientes. Aquellos miserables están así por culpa de la mala suerte, merecen entonces un gesto de piedad.

Ahora, si ese gesto se corresponde con lo que perseguimos en verdad, conectar, desarrollar es conectar explica, el sector rural colombiano al circuito internacional de inversiones y comercio, ¿por qué no dar a esa gente la posibilidad de que se suban al tren, así sea en el vagón trasero de los apestosos?

Aquí recordamos el cuento del hombre que conmovió a sus semejantes, por hallarlo curando con amorosa diligencia un cerdo al que le faltaba una pierna. Qué sentimientos tan nobles, intentaba ajustarle una prótesis tallada con sus propias manos. No dejaba de haber gente tan buena en este mundo. Sólo que era él mismo quien le había arrancado la pierna para prepararse un jamón.

En todo caso eso es lo que van a hacer, con acuerdos de paz, o sin ellos, se trata de imperativos impuestos al país por el capital transnacional y no pueden esquivarse. Aunque no explica cómo van a lograrlo en medio de una confrontación, cuando precisamente el proceso tuvo origen en el reconocimiento de que sin paz no se iba a poder conseguir la plena prosperidad de los inversores.

Y luego explica por qué había que incluir también el tema de los cultivos ilícitos. Porque no estaban dispuestos por nada del mundo a permitir que la guerrilla esquivara su condición de narcotraficante. ¿Una deliberada maniobra para las solicitudes futuras de extradición que vendrán de Norteamérica? Y expresa feliz que ya lo consiguieron, la guerrilla produjo una expresa declaración a ese respecto y se comprometió a contribuir al final de ese problema, especialmente con el desmonte de las redes destinadas al lavado de activos.

Incluso para nosotros, que conocemos de tiempo atrás la calaña de nuestro enemigo de clase, resulta sorprendente el grado de la mala fe demostrado en esta materia, tanto por el conjunto de falsedades que contiene, como por la perversidad de las intenciones reveladas. Y remata condolido. Habrá que darles algo a esos campesinos cultivadores, y por eso se pactó un plan de sustitución voluntaria de cultivos y la implementación de grandes proyectos de infraestructura. Pero eso sí, ay de que se salgan una línea de los planes de sustitución, todo el peso de la ley y el Estado caerá sobre ellos. No hay duda de que se trata de una declaración pública de que la guerra continuará. Que nada va a cambiar.

Sin profundizar en que los altos funcionarios dictan conferencias sobre los acuerdos ya alcanzados, mintiendo al respecto además, sin que el señor De La Calle se enfurezca porque están violando la que llaman confidencialidad.

No se trata de desplazarlos otra vez de sus veredas y corregimientos, de donde por demás ya la mayoría fue obligada a huir, sino de convertirlos en cuidanderos de los parques naturales que ahora habitan, y sobre los que no oculta la enormidad de planes que caudalosos inversionistas tienen en materia turística y de servicios, la verdadera razón del acuerdo que buscan. Es probable que sus futuros jefes sean los mismos paramilitares que los masacraron sin asco, como su invitado de honor, al que vuelve a mirar con singular cariño. Al fin y al cabo estos sólo han servido a la causa de cuidarles las propiedades e intereses a los empresarios, son de los buenos, por lógica.

Qué le vamos a hacer, pasa a lamentarse. El acuerdo es político y por tanto era necesario firmar algo sobre la incorporación de los antiguos guerrilleros al ejercicio de esa actividad, dentro de los rigurosos marcos de la democracia del terror que nos rige. Porque no se piense que hemos cedido en algo, ellos tendrán que someterse a nuestras intangibles instituciones. Habrá, por ejemplo, que elaborar un estatuto para la oposición, pero no con las FARC, ni más faltaba, sino con el conjunto de los partidos reconocidos, doce en total, a los que se sumará un delegado de la guerrilla, uno solo, repite, como para que quede claro que su presencia será una mera formalidad. Y en cuanto a la protesta social, claro que habrá que admitirla y regularla, pero sobre la base de que es el último de los derechos, subordinado a todos los demás, en especial el de la propiedad, que no podrán jamás afectar de ningún modo. So riesgo también de sufrir todo el rigor de la legalidad y el poder estatales. Como quien dice, las cosas van a quedar igual, tranquilos compatriotas, estamos en el mismo bando y guiña el ojo a sus oyentes.

Igual pasa con la justicia. ¿Quién dijo que la mesa era para acordar los términos de ella? De lo que se trata es de obligarlos, por la presión militar y mediática masiva, a firmar su sometimiento a la Constitución y las leyes vigentes, particularmente a las ya aprobadas por el Estado para esa materia. Del mismo modo que lo harán con la cuestión de la refrendación y el referendo que estará listo para cuando llegue el momento. Estamos notificados señor Pearl, de las intenciones y las perspectivas que se abrigan en las altas esferas del Estado. Nunca como ahora comprendemos la sinceridad del Presidente Santos, heredero del señor Álvaro Uribe, por demás.

Pueden tener la seguridad de que si no lograron derrotarnos con medio siglo continuo de terror institucionalizado, menos van a lograrlo con expertos en las diversas calidades del brandy y el caviar, por más títulos que ostenten de universidades extranjeras.

 

Montañas de Colombia, 12 de agosto de 2014.

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