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domingo, 24 de agosto de 2014

Las necias ilusiones de Joaquín Villalobos

Debería decirnos el ex guerrillero Villalobos, ¿por qué no pudo acabarse con las guerrillas en Colombia?

 

Por Federico Montes

Guerrillero del Bloque Sur

 

En días anteriores, leyendo una de las ediciones de la revista Semana, encontré una entrevista hecha por María Jimena Duzán al ex guerrillero salvadoreño Joaquín Villalobos. Tras leerla no pude resistirme a la tentación de escribir algo al respecto.

 

Entendí con claridad que desde el mismo momento en que el señor Villalobos abandonó la lucha armada y se dedicó a considerarla como material de desecho y estorbo, no solo se negó a sí mismo y a quienes ofrendaron sus vidas en la larga historia de la lucha de los pueblos de América, sino que su argumentación intenta también negar a quienes continuamos alzados en armas.

 

Durante los primeros meses del gobierno del ex Presidente Álvaro Uribe Vélez, Joaquín Villalobos apareció transformado en uno de los tantos analistas de bolsillo que servirían de pregoneros a las políticas uribistas, seguramente como producto de la lealtad y la amistad que nació entre ellos durante el tiempo en que coincidieron estudiando en Inglaterra, el uno, ex guerrillero en busca de encontrar las rendijas adecuadas para insertarse en el sistema y el otro, cabecilla paramilitar, queriendo asimilar los conocimientos para argumentar sus posiciones retrógradas y fascistas.

 

En aquel tiempo, cuando corrían los inicios de la seguridad democrática, creo que también fue en entrevista dada a la revista Semana, el ex guerrillero Villalobos analizaba la situación colombiana, los alcances de la lucha armada, los intereses en juego, y rememoraba historias de su corto trasegar por las filas guerrilleras, para luego lanzar toda clase de fórmulas tendientes a acabar con el movimiento guerrillero, la protesta social y a garantizar los intereses del gran capital, pues según él, las condiciones estaban dadas.

 

De igual forma, aprovechaba el momento para desde su posición como ex guerrillero hacer llamados a la rendición, a la entrega, a la dejación de la lucha armada, en fin toda una amplia gama de propuestas que repicaron una y otro vez en los diferentes medios masivos de comunicación. El ex guerrillero le cayó a Uribe como anillo al dedo, o mejor, como dice el refrán, Dios los hace y ellos se juntan.

 

De tiempo atrás no cesaban los bombardeos, emboscadas, asaltos, combates aquí y allá, hostigamientos que iban y venían, etc. Pero, transcurridos los primeros 90 días de la fatídica seguridad democrática y al aproximarse el final de los tiempos estipulados para erradicar la guerrilla, se llamó a la reserva, se aumentó los asesores militares norteamericanos, se incrementó el presupuesto de guerra, se unió esfuerzos con el paramilitarismo fusionando ahora públicamente a los agentes del Estado con los grupos de paramilitares, se incentivaron las redes de informantes, al tiempo que se crearon las Familias en Acción y el riesgo de vincular la población civil a las consecuencias de la guerra.

 

Sobrevinieron las detenciones masivas y arbitrarias, las reiteradas violaciones a los derechos humanos, las chuzadas telefónicas, el deterioro de las relaciones internacionales, la entrega de nuestros recursos a las multinacionales. Aun así no se veía por ningún lado la materialización de las tesis expuestas por el ex guerrillero Villalobos.

 

Por lo tanto el uribismo apretó el acelerador más a fondo. Exigió ahora ya no charcos de sangre, sino ríos de sangre. Vinieron las desapariciones de los opositores, los asesinatos selectivos de los jóvenes de Soacha, del eje cafetero, del Valle del Cauca, del Cauca, del Meta, del Huila, del Norte de Santander, de Antioquia, de Sucre, del Magdalena, del Tolima, de Nariño, del Chocó, del Cesar, de Boyacá, de la Guajira.

 

La gran prensa amarilla, los medios masivos de comunicación de aquí y allá, registraban todos los días los avances en la seguridad democrática. Ya no eran mil sino dos mil, después tres mil, luego cuatro mil, más adelante ya eran cinco mil las bajas sufridas por las guerrillas en el país. Al día siguiente se desmovilizaba todo un Frente llamado la Cacica Gaitana. Venían los ascensos, las condecoraciones, los pollos asados, las vacaciones remuneradas, el pago de la nómina del cartel de sapos. Seguían las chuzadas, las alianzas macabras, la parapolítica se tomó los tres poderes, los mafiosos entraban por los garajes de Palacio a ultimar detalles de sus planes mutuos, los generales se destacaron en la exportación de coca. El DAS se convirtió en la verdadera SS del régimen uribista. El ex guerrillero Villalobos no recordó en sus análisis esas páginas de la historia salvadoreña, cuando la barbarie del terrorismo de Estado acabó literalmente con muchos de los que, a diferencia de él, siguieron luchando.

 

En Colombia quien no pensara como Uribe, o era terrorista o le hacia el juego al terrorismo. Vino la israelización de Colombia, llegaron 7 bases militares de los Estados Unidos, se cerró filas por el TLC, se continuaba persiguiendo la oposición, los intelectuales se convirtieron en terroristas, los países vecinos se convirtieron en terroristas, los ex prisioneros de guerra que se atrevieron a pronunciar a favor de la paz como un bien común de la sociedad, fueron tildados, en el mejor de los casos, de sufrir del síndrome de Estocolmo, a otros simplemente se les tildó de hacerle el juego al terrorismo. Las oenegés se convirtieron en terroristas, los jesuitas de Barrancabermeja también fueron tildados de terroristas.

 

Pasaron 5, 6, 7 años y el uribismo agonizaba en su desgracia. Junto al él, el sistema que lo impuso, porque el pueblo, aquél que luchó en medio de la barbarie, aquél que padeció en medio de la guerra, seguía dispuesto a dar la pelea, seguía de pie, listo a emprender una nueva batalla. Los astros por ningún lado se alinearon, los que sí se alinearon fueron los escuadrones del terror ahora llamados ESMAD, los paramilitares del uribismo, ahora denominados BACRIM, las fuerzas de tarea conjunta, los bombarderos de la muerte y toda una camarilla de élites que en coro exigían continuar con el rentable negocio de la guerra fratricida, y, de ser posible, invertir algunas cuantas acciones en financiar una guerra con las naciones hermanas.

 

Las guerrillas libraron centenares y miles de batallas, algunos murieron enfrentando al adversario en variedad de situaciones, otros entregaron partes de su cuerpo en airadas contiendas, fueron heridos y lisiados de guerra. Y más allá de estos, de los que hicieron honor a la grandeza y la justeza de la causa, estuvieron los desertores, historias que suelen darse en todas las guerras del mundo. Al respecto vale la pena preguntar, ¿qué hizo el régimen con ellos? ¿Serán acaso los que a cada rato amenazaban con lanzarse de los puentes si el Estado no les cumplía sus promesas? ¿Será que cada uno de los desmovilizados tiene derecho pleno, ellos, sus familias y amigos a la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, la recreación? Pero más allá de la formulación de esta pregunta, debería decirnos el ex guerrillero Villalobos, ¿por qué no pudo acabarse con las guerrillas en Colombia? ¿Cuál sería la razón más apropiada para explicar por qué continúa la lucha armada siendo opción para hacer resistencia al régimen?

 

¿Por qué a los levantamientos que se han dado en los paisas árabes, donde se han librado duras y cruentas batallas, se les ha denominado la primavera árabe? ¿Quizás allá la guerra no es un estorbo o material de desecho? ¿O será que cuando se trata de la guerra por liberarnos del imperialismo norteamericano no tiene derecho a llamarse primavera? Al parecer la lucha contra la tiranía es catalogada de otoño, mientras los intereses de reacomodamiento y reflorecimiento de los EEUU son poéticamente bautizados.

 

Los revolucionarios seguimos aquí, en la trinchera que nos fue impuesta por las características de la confrontación en Colombia, motivados por cada una de las condiciones objetivas que han dado origen al conflicto social que desde hace más de 200 años vive el país.

 

Quienes posan de ex guerrilleros desde las vitrinas ofrecidas por el régimen, no son más que simples disidentes, que no entendieron por qué el Che Guevara fue ovacionado en la primera Asamblea General de las Naciones Unidas, a la cual asistió en calidad de representante del naciente estado revolucionario de Cuba. Quienes sí lo hemos entendido y seguimos el ejemplo del Che, Jacobo arenas, Manuel Marulanda, Raúl Reyes, Iván ríos, Jorge Briceño, Alfonso Cano, sabemos que esas ovaciones eran un síntoma de admiración por sus ideas, ideas como esta: en una revolución se triunfa o se muere, si se es verdadera. La nuestra no sólo es verdadera, sino necesaria e inaplazable.

 

Montañas de Colombia, 22 de agosto de 2014

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