Video

sábado, 27 de septiembre de 2014

Asesores que intentan hablarnos al oído

Defensor de oficio del régimen terrorista colombiano, el señor Joaquín Villalobos afirma que aunque no estemos en Suiza, ninguna razón existe para nuestra rebeldía.

El pasado 21 de septiembre, con ocasión de conmemorarse el llamado Día Internacional de la Paz, el Presidente Juan Manuel Santos pidió a los colombianos no tenerle miedo a la paz y no dejar que el egoísmo y los intereses personales de unos pocos nos condenen a más años de guerra. En su parecer, mientras en el plano internacional aumenta la amenaza de confrontación armada, en Colombia estamos construyendo una paz cierta, estable, realista y duradera.

Las referencias presidenciales coinciden en ocasiones con las de sus asesores. El pasado 8 de septiembre, Joaquín Villalobos, el ex guerrillero salvadoreño que funge como su consejero personal, tituló una de sus notas de prensa así: Colombia, miedo al final. El mismo personaje, en entrevista concedida el 31 de mayo pasado a la periodista María Jimena Duzán,  para la revista Semana, desarrolló la consabida argumentación santista de que los astros están alineados.

No cabe duda de que el Presidente y el ex guerrillero se encuentran sintonizados en la misma onda. Después de todo los dos sirvieron fielmente al Presidente Uribe. Uno como su ministro de defensa, y el otro como su asesor de guerra en la lucha contra las guerrillas. Ahora los dos hablan de acuerdos de paz, partiendo de la misma consideración, las FARC se encuentran vencidas y a punto de descomponerse, así que la negociación resulta su tabla única de salvación.

Preocupa que el Presidente Santos se incline de ese modo hacia sus consejeros infieles. Es evidente que el señor Villalobos ha hecho de su labor de experto en volteretas su forma de vida. Recuerda muy bien a aquel ministro de policía francés, José Fouché, que en tiempos de la revolución francesa sirvió sucesivamente a girondinos, jacobinos, al Directorio, al Consulado, al Emperador Napoleón y luego a Luis XVIII, siendo utilizado y odiado por todos a la vez.

En el artículo sobre el miedo al final, el señor Villalobos emprende un aventurado y forzado paralelo entre su visión del proceso de paz que se adelantó en El Salvador con el FMLN, y el proceso de paz que cumplimos actualmente las FARC en La Habana. A fuerza de destacar las virtudes militares del FMLN, que según él logró la más exitosa de las negociaciones en el momento más oportuno, procura convencernos de la necesidad de obrar ya del mismo modo.

Sobre todo teniendo en cuenta que, de acuerdo con su interpretación del conflicto colombiano, las FARC nos hallamos en el momento más crítico desde el punto de vista militar. Mal haríamos nosotros en especular sobre el caso de El Salvador, juzgando de falsas o manipuladas las versiones del señor Villalobos. Para hablar con propiedad de un tema hay que estudiarlo muy bien. Algo que a todas luces no hace él antes de pontificar con suficiencia sobre nuestra realidad.

Lo cierto es que el señor Villalobos traza esta ecuación: fue gracias a la presión militar, a la fuerza demostrada por el FMLN, que se logró alcanzar grandes cambios en su país, dentro de los que destaca una profunda reforma agraria y avances en su imperfecta democracia. La fuerza política del FMLN, según lo afirma él, era casi inexistente y tendía a desaparecer. Por consiguiente las FARC, que estamos tan débiles, deberíamos firmar antes de debilitarnos completamente.

Resulta tan sorprendente la revelación del camaleón Villalobos que mueve a pensar en el acomodo de las situaciones con miras a un objetivo predeterminado. Si el FMLN era tan frágil políticamente, debía ser porque no contaba con el respaldo del pueblo de su país. Porque sus banderas de lucha resultaban ajenas al sentir de la población salvadoreña. Porque las razones esgrimidas para su rebeldía eran ficticias. O sea que era un fraude, un error histórico, una farsa.

Algo semejante a un ejército mercenario que no cuenta con ningún respaldo. Fue ese autoreconocimiento, según el señor Villalobos, el que los condujo a firmar un acuerdo en breve plazo. Por eso dice, si no hubiéramos firmado la paz en el momento en que lo hicimos… hubiéramos perdido total legitimidad, la gente hubiera terminado odiándonos y, finalmente habríamos sido derrotados política y militarmente.

Como si ese guerrilla jamás hubiera tenido un carácter de clase, levantado un programa revolucionario. Como si jamás hubiera tenido razones para alzarse. Como si solo hubiera llegado a ser un grueso cascarón militar vacío de cualquier contenido popular. Semejantes confesiones aterran. Hacen recordar a quienes afirman que, ni en la época de las peores dictaduras, el capital transnacional gozó de tanta estabilidad y ganancias como ahora que el FMLN gobierna su país.

Resulta increíble la capacidad de pervertir la memoria de los miles de salvadoreños y salvadoreñas que entregaron su vida luchando contra el fascismo en su patria. ¿Y es con ese tipo de construcciones teóricas que el señor Villalobos, agente pago del capital transnacional y la dominación imperialista, pretende hablarnos al oído a las FARC? Antes que merecer algún tipo de respuesta a sus chillidos, vale ubicarlo en su lugar de traidor impenitente y grosero.

Defensor de oficio del régimen terrorista colombiano, el señor Villalobos afirma que aunque no estemos en Suiza, ninguna razón existe para nuestra rebeldía. Como si no acabáramos de presenciar el debate sobre el paramilitarismo en el Senado de la República y la absoluta inamovilidad de las instituciones para procurar justicia. Para el señor Villalobos se trata de un simple trauma sicológico, el miedo a cambiar de estado, que puede vencerse con su consejo.

Qué poco conoce la historia de nuestro país el señor Villalobos, qué poco conoce la firmeza ideológica, política y militar de las FARC-EP, invulnerables aún pese a los últimos catorce años de guerra total en los que el imperialismo y los traidores como él han apostado a nuestra derrota. Quién sabe qué haya visto en el FMLN el señor Villalobos, pero creer que en las FARC priman los intereses individuales y egoístas sobre las posiciones de clase es de una ignorancia garrafal.

Aquí somos orgullosamente revolucionarios, como Jacobo Arenas y Manuel Marulanda, como el Che Guevara y Fidel, como Hugo Chávez y Simón Bolívar. No creemos, como Villalobos, que el hecho de que el pueblo se incline por la paz signifique que esté contra nosotros. Creemos que su fuerza puede moverse contra el militarismo y el terrorismo criminales de la oligarquía colombiana y el imperialismo. A eso apunta nuestra vocación en este proceso. Y nos la jugamos por eso.

Montañas de Colombia, 26 de septiembre de 2014.

0 comentarios:

Publicar un comentario