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martes, 23 de septiembre de 2014

Informe especial: El proceso de paz en La Habana (I)

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PRESENTACIÓN:

Son muchas las cosas que se hablan y son también grandes las especulaciones de muchos sectores acerca de lo que tratamos y convenimos con el gobierno en Cuba. Por eso resulta necesario y oportuno publicar una versión real y objetiva acerca de las conversaciones de paz, para que nuestro pueblo, y en particular la población del Catatumbo tenga una información completa y precisa, ajena a las confusiones y falsedades que están echando a rodar nuestros enemigos.

Se dice, por ejemplo, que la paz se encuentra a la vuelta de la esquina porque las FARC-EP estamos listos a pactar nuestra desmovilización y entrega, que en cuestión de unos cuantos meses habremos ya firmado la dejación de armas y pactado nuestra reinserción a la vida civil, y que eso es producto de unos acuerdos por debajo de la mesa que tenemos con el Presidente Santos.

Todo eso es completamente falso. Obedece a intereses venenosos de ciertos y poderosos sectores del país, que sueñan con ver rendidas las guerrillas y domesticadas las luchas populares, para poder aplicar todos sus planes y proyectos neoliberales, consistentes en la entrega a compañías multinacionales, de los recursos naturales y humanos más importantes del país.

Las FARC-EP y el pueblo colombiano jamás hemos pensado eso. Nunca hemos entendido que las mesas de diálogo con las oligarquías que gobiernan el país, fieles sirvientes de los intereses imperialistas, tengan como propósito la entrega de nuestras banderas y la traición a nuestra patria y a nuestras clases más necesitadas.

Al igual que nuestros campesinos e indígenas, que luego de marchar y protestar durante muchos días, logran arrancar del gobierno nacional la conformación de mesas de diálogo para tratar sobre la solución a los problemas que dieron lugar a la inconformidad y el paro, nosotros pretendemos que en la Mesa de Conversaciones de La Habana se pacten las soluciones a los problemas que han dado origen a la larga confrontación armada existente en nuestro país.

Ningún otro fin perseguimos en la Mesa de La Habana. Atendidas y solucionadas las causas económicas, sociales y políticas que dieron lugar a la guerra, seguramente que podrá ser cierta para siempre la paz. Eso requiere que la oligarquía se ponga la mano en el corazón y acepte muchas transformaciones a favor del pueblo.

¿POR QUÉ ACEPTAMOS DIALOGAR CON SANTOS?

El primer interrogante que cabe responder es este. El gobierno de Juan Manuel Santos es un gobierno oligárquico, reaccionario, neoliberal y militarista, un gobierno que defiende por encima de todo los intereses de las grandes compañías multinacionales mineras y extractivas. Que piensa todo el tiempo en cómo acrecentar las ganancias para los bancos, las grandes compañías financieras y los más poderosos inversionistas nacionales y extranjeros.

Un gobierno que privilegia el incremento masivo de los cultivos agroindustriales como la palma africana, de la que se extrae ya no el aceite de palma para consumo humano, sino para la producción de combustible para los automóviles. Es un gobierno completamente entregado a los intereses del imperialismo norteamericano, que incluso contribuye disimuladamente a la desestabilización de los gobiernos democráticos de los países vecinos. Un gobierno que aspira a que nuestro país en un futuro, desempeñe en nuestro continente el papel que hoy juega Israel en el Medio Oriente.

Un gobierno enemigo de las luchas populares, campesinas e indígenas, porque sabe que estas se oponen a los fabulosos proyectos que él tiene para los grandes capitales. Así quedó demostrado en el Paro del Catatumbo y después en el Paro Agrario Nacional, en los que la violencia, el asesinato, la represión y la cárcel fueron empleados como primeras armas de intimidación contra las comunidades movilizadas a la protesta.

Santos aceptó al final emplear la vía del diálogo y crear una mesa de interlocución con los campesinos que no se rindieron, porque se dio cuenta del desprestigio y el daño político que se hacía a sí mismo si no busca otro tratamiento para la inconformidad. Tal y como lo ha hecho desde siempre la oligarquía gobernante, guarda la aspiración de engañar a los líderes de la protesta social, de contentarlos con migajas, de ganárselos incluso para su proyecto político. Pero otra cosa muy distinta pasa con los dirigentes y activistas de las organizaciones sociales que se sientan a la Mesa, quienes aspiran en realidad a arrancar importantes conquistas y concesiones a favor de sus comunidades.

Igual nos pasa a nosotros en la Mesa de La Habana. Santos parte de la idea equivocada de que somos una guerrilla vencida, desmoralizada y a punto de rendirse. Él no entiende nuestras concepciones y métodos de lucha, cree ciegamente en lo que le dicen sus asesores y sus generales. Por eso nos propuso dialogar, con la secreta ilusión de que nosotros aceptaríamos en seguida, pera rendirnos ante él y salvar nuestras vidas. Incluso cometió la torpeza de ordenar que mataran a nuestro máximo Comandante Alfonso Cano, pensando que así nos quedaríamos sin cabeza y no sabríamos qué hacer.

Pero se equivocó completamente. Nosotros conformamos una organización político militar con 50 años continuos de lucha revolucionaria. Hemos pasado por toda clase de situaciones, unas muy favorables y otras muy desfavorables, pero siempre hemos sabido sostenernos y salir adelante. La arremetida estatal de los últimos 14 años, con los Planes Colombia, Patriota y demás, fue capaz de causarnos daños, algunos considerables, pero ha estado muy lejos de ponernos en condiciones de inferioridad y derrota. Hemos enfrentado al poderío militar colombiano, apoyado además por los miles de millones de dólares y toda la tecnología y asesoría de los Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel. Y nos hemos sostenido, y hemos salido adelante. Hay un pueblo que cree en nosotros y nos apoya contra todo el poder de la oligarquía y el imperialismo.

Como revolucionarios somos hoy mucho más experimentados. Nunca hemos estado tan lejos de una entrega o rendición como ahora. Así que si aceptamos sentarnos a una mesa de diálogos con el gobierno, lo hacemos con nuestra propia idea: encontrar una solución distinta, de carácter civilizado y pacífico, a los graves problemas políticos, económicos y sociales que padece el pueblo colombiano. La oligarquía de este país siempre ha querido tratar los problemas por la vía de la represión, de la violencia y la cárcel. Y eso precisamente fue lo que originó el conflicto armado, primero con los campesinos de Marquetalia y luego con una buena parte del pueblo colombiano que se fue sumando a la lucha contra la brutalidad y el terrorismo del Estado.

Así que el diálogo para nosotros significa en primer término mostrarle a la oligarquía que hay otras maneras de tratar los problemas. Y que es mejor por esas otras maneras. Es lo que desde que nació nuestra organización siempre hemos dicho. Y por eso cada vez que un gobierno nos ha propuesto dialogar, lo hemos aceptado, incluso conociendo de las intenciones con las que lo hace. No importa, creemos que junto con las mayorías de los colombianos, podemos en algún momento hacer comprender a esta oligarquía, que los problemas deben ser solucionados y no negados, y que se puede hacerlo por vías políticas, dialogando por las buenas, y aceptando que se requieren muchas reformas y cambios en este país. Por eso acudimos, cargados de propuestas, a la Mesa de La Habana.

Además hay que reconocerle a Santos que a diferencia de Uribe, aceptó que en Colombia existía un conflicto armado y no una amenaza terrorista. Y que ese conflicto tenía unas viejas causas que había que solucionar. Haber reconocido eso, ya era algo muy importante para nosotros y para el pueblo colombiano. Otra cosa que él crea que las soluciones son unos paños de agua tibia. Pero ese precisamente es el gran tema de discusión en la Mesa: las verdaderas soluciones para nuestro pueblo. En eso estamos.

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