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sábado, 13 de septiembre de 2014

Nariño: sembrador de paz y esperanzas

La convicción que nos anima de paz para Colombia, tiene el sentido que nos inculcaron nuestros fundadores: Nariño, Jacobo y Manuel: el de la Justicia social y la Democracia.

 

Por: Alirio Córdoba

Bloque Martín Caballero

 

En el 11 aniversario de la muerte del camarada Efraín Guzmán, el Comandante Nariño, me vienen a la memoria anécdotas y vivencias compartidas con él, especialmente en la última etapa de su vida, que fue la época en la que lo conocí tras su llegada al Caribe, lleno de vitalidad y optimismo revolucionario.

 

Intercalados con las notas de la guitarra y los versos de Chumbí, los relatos del comandante Nariño brotaban de su memoria prodigiosa una noche de mayo de 2003. Nos habló de la resistencia en Villarrica, de la Operación Sonora y de la acción en la que al mando de Castañeda, "Richard", desarticularon la banda de Dumar Aljure, a orillas del rio Guayabero.

 

La convivencia con el camarada nos enseñó que la mejor manera de conferenciar con él, era dejando que su memoria se deslizara sin interrupción por los parajes inhóspitos que recorrieron sus botas guerrilleras desde edad temprana. Sin forzar los temas de la conversación, él, narrador excelente, abordaba con detalles y anécdotas episodios de luchas en los que su carabina M -2 retumbó e hizo historia. Su verbo sencillo, apoyaba con el ejemplo personal de maestro insurgente su permanente enseñanza al guerrillero.

 

Al despuntar la mañana, con las herramientas de labranza al hombro, rodeado de guerrilleras y guerrilleros de la Unidad que hoy con orgullo lleva su nombre y de otros de los frentes por los que transitó a su llegada al Bloque Caribe, salía al área de cultivos a adelantar las labores que más satisfacción le producían: las de la agricultura. Sabía que el maíz, la caña panelera, la yuca, habían sido la base alimenticia de los guerrilleros farianos a lo largo de su historia de construcción del movimiento de resistencia y transformación social, que hoy son las FARC-EP. En El Davis, Marquetalia, y en toda la geografía de la patria a medida que el Ejército de Marulanda se fue expandiendo, la panela y los productos derivados del maíz salvaron al guerrillero de los cercos de hambre y exterminio lanzados sin éxito por la tropa enemiga.

 

En los preparativos de las fiestas de fin de año, Guzmán, Nariño, o el camarada, como preferíamos llamarlo, dirigía la preparación de la natilla, los buñuelos, los tamales y la lechona tolimense. Y allí no faltaba el trago guzmanero, así llamábamos al trago de su medida, trago grande de ron servido en el mismo vaso donde tomaba el café por las mañanas. El guzmanero lo seguimos sirviendo en su honor en nuestros campamentos, cada vez que los avatares de la guerra nos dan un espacio para celebrar los éxitos o brindar por los caídos.

 

Guzmán, como escribiera Juvenal Herrera del Libertador Simón Bolívar, es presencia y camino para las generaciones presentes y futuras de guerrilleros farianos. Lo sentimos entre nosotros como al olor de las barbas del maíz, la fragancia del trapiche panelero en las moliendas, y en los preparativos del combate en cuyos detalles participaba como jefe y maestro. Su valor y perseverancia en la lucha contra los opresores son ejemplo para todos los que seguimos cultivando la esperanza de la revolución y la paz para Colombia, cultivo que él regó durante medio siglo con dignidad y patriotismo.

 

Invocamos en el aniversario de su muerte, su malicia e instinto natural para develar las maniobras engañosas del adversario, y, con el ejemplo de grandeza y dignidad de combatiente invicto que nos dejó al partir, declaramos que no habrá rendición de nuestras armas, ni entrega cobarde. La convicción que nos anima de paz para Colombia, tiene el sentido que nos inculcaron nuestros fundadores: Nariño, Jacobo y Manuel: el de la Justicia social y la Democracia.

 

Montañas de Colombia, 11 de septiembre de 2014.

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