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jueves, 18 de septiembre de 2014

Sobre crímenes de Estado contra sus familias (IV)

Por Jeiner

Bloque Comandante Jorge Briceño


En Los Alpes (Cundinamarca), cuando yo tenía 7 años, en el año 2002, viví una tragedia, cuando los paramilitares mataron a mi hermana por venderle una economía (víveres) al Frente 53 de las FARC-EP.


En ese momento llegué a la casa y miré a mi hermanita bañada en sangre y dos personas que estaban golpeándola y ella empezó a gritar y yo me les boté encima.


Un paramilitar de los que estaban allí, me cogió de la mano derecha y me sacó para afuera de la casa, y me dijo "váyase si no quiere que lo matemos".


Yo arranqué a correr, a buscar a mi papá, que estaba trabajando donde un señor llamado Luis Carlos Ramírez. Su casa quedaba más o menos a 10 minutos del pueblo.


Ya en su casa le dije lo que estaba sucediendo en mi casa.


Mi padre, todo angustiado, me llevó donde un tío, y él se fue para el pueblo donde estaba sucediendo esa tragedia.


Cuando mi padre llegó a la casa, ésta estaba quemada. Lo único que no se quemó fueron los baños, porque eran de cemento.


Mi padre entró al baño y miró a mi hermanita despedazada, como cuando despresan un animal.

Con dolor y rabia, comenzó a recoger las partes del cuerpo, y las iba echando en una lona blanca que estaba por ahí tirada.


Después de esa situación mis padres se fueron para un pueblo llamado Restrepo, para darle sepultura. Luego mis padres se fueron para el Guaviare, perdiendo todos los bienes.


Llegaron al Guaviare a empezar de nuevo. Ni siquiera podían darnos una limonada.


Duramos un tiempo sufriendo, mientras mi padre conseguía trabajo. Mi madre lavaba ropa para darnos el sustento. Nosotros no podíamos estudiar por falta de dinero; hasta ahora estábamos empezando. En el transcurso del tiempo mi madre se aburrió de todo lo que estaba viviendo y se separó de mi padre.


Él me puso a estudiar mientras él trabajaba. Pasado un tiempo, mi padre compró una finca que queda a orillas del rio Inírida. Mi padre trabajaba mucho para sacar la finca adelante. De allí fui conociendo más la guerrilla. Por medio de un tío llamado Álvaro pude estudiar durante dos meses y finalmente decidí ingresar a la guerrilla.


Cuando llegue a la guerrilla fui adquiriendo más conocimientos acerca del proceso revolucionario. Fui entendiendo mejor la realidad del país, del conflicto colombiano. Entendí que no era cierto lo que dicen los medios de la guerrilla.


Al instante que llegué a la guerrilla fui mirando el cambio de vida, todo muy diferente a como vivía en la casa. Nosotros los revolucionarios luchamos por un cambio social. A la medida del tiempo los guerrilleros me enseñaron a leer y escribir, yo he ido aprendiendo lentamente, pero convencido de construir una patria en la que no sucedan ni queden impunes crímenes como el asesinato de mi hermana a manos de los paramilitares.


Montañas de Colombia, 18 de septiembre de 2014.

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