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martes, 7 de octubre de 2014

Censura a la fuerza

Mariana Campos – PCCC - Desde las barriadas de la capital.

censura-prensaEn Colombia  la muerte se ha vuelto cotidiana. La cultura del odio establece las normas y el pan de todos los días se convirtió en una venganza de los poderosos en contra del pueblo.

Triste es ver a diario que siguen los asesinatos sistemáticos a sindicalistas, defensores de derechos humanos, periodistas,  líderes sociales. Los medios de comunicación ya no pueden mentirle más al país negando que la muerte es el destino de todo aquel que denuncia, critica el estado colombiano o emprende la lucha por los derechos humanos. Adolece sentir que el único sentimiento de orgullo por nuestro país que se despierta en los medios de comunicación son los exitosos triunfos de nuestros deportistas.

Nada más falsa la intención del estado colombiano que por un lado explota al pueblo con reformas laborales que no garantizan un trabajo digno; se nos niega el acceso a una salud decente; se nos condena a la ignorancia y analfabetismo gracias a una educación privatizada; se desplaza a campesinos e indígenas en función del acaparamiento de los recursos y sus tierras; y además se nos asesina cuando promovemos la defensa por la vida. El estado en manos de gobiernos asesinos y corruptos nos ahoga en mentiras y nos confunden con todos sus aparatos mediáticos que hacen creer de su buena voluntad, usando sofismas que solo dejan ver el descaro y cinismo que la oligarquía de este país usan para controlar la rebeldía justa del pueblo.

Son inútiles las denuncias que hombres y mujeres en Colombia exponen ante el estado con el fin de conservar su vida, ejemplo de ello son los asesinatos de periodistas en distintas zonas del país como lo sucedido, en el mes de agosto al periodista Luis Carlos Cervantes en Tarazá, Antioquia, quien ya había denunciado amenaza y las instituciones del estado que tenían el deber de proteger su vida, días antes le retiran el esquema de seguridad. Según la fundación para la libertad de prensa (FLIP) en Colombia, en el año 2013, el ejercicio del periodismo en el país dejo 194 víctimas, donde las zonas más críticas para ejercer el periodismo son  departamentos como Antioquia, Norte de Santander, Cauca, Sucre y Córdoba. Paradójicamente en departamentos donde las mal llamadas BACRIM, ciertamente paramilitares tienen azotada la población y además la fuerza pública trabaja  en contubernio con estos grupos asesinos. Además de las decenas de amenazas que a diario recaen sobre periodistas. En Colombia no solo pensar diferente se convierte en un objetivo militar, el periodismo honesto también se ha convertido en su víctima. ¿Cómo pedir protección a aquellos que quieren exterminarnos?.

En el caso de líderes sociales el panorama no es menos sombrío; el programa "somos defensores" en años pasados advertía sobre el asesinato de defensores de derechos humanos cada semana, registrando en el año 2013, 78 asesinatos a líderes, acompañada esta cifra con más de 209 amenazas. Para lo que lleva corrido el 2014, organizaciones populares como "Marcha Patriótica", ha sufrido más de 60 asesinatos selectivos, llevando a esta organización a una posible desaparición, por el vigilante miedo que sus integrantes tienen de continuar con la tarea pacifica, ardua y espinosa de denunciar y luchar por los derechos del pueblo colombiano.

Ahora bien, es necesario resaltar la valentía que hombres y mujeres emprenden en contra de un sistema salvaje y un gobierno asesino, pero es claro que en Colombia, por la experiencia vivida, es imposible opinar diferente o tan solo denunciar, limitando el poco espacio que queda para luchar de manera política y pacifica por los derechos que nos corresponde, y no por providencia divina, sino por ser hijos de esta patria adolorida.

Es más que evidente la negación y violación por parte  del estado Colombiano de todos los derechos;  su lógica de gobierno nos condena a la pobreza y nos somete al terror; abre las puertas de nuestro territorio para la explotación desenfrenada de riquezas naturales, contaminando el aire y las fuentes de agua; nos obliga a vender nuestra fuerza de trabajo por míseros salarios de hambre, llevando a la juventud a recurrir al robo, como manera desesperada de obtener lo que el sistema les vende y a su vez niega;  a nuestros campesinos se les desplaza o asesina, acaparando así su tierra; a los jóvenes, arbitrariamente se les compromete a la guerra, reclutándolos y convirtiéndolos en asesinos a sueldo de su propio pueblo empobrecido; en las ciudades, sus periferias son sinónimo de hambre, donde los niños sufren de desnutrición, muchos no acceden a la educación y su diario vivir en el barrio es de consumo de drogas, sin ninguna garantía de "progreso" para sus familias; nos niegan la verdad de sus implicaciones con el paramilitarismo y las masacres; censuran la verdad y la libertad de prensa; nos impiden vivir en paz; pero a los muchos que luchan por los suyos y por la vida, nunca podrán impedirle el derecho a soñar un país libre y soberano ante la imposición gringa y extranjera, ni tampoco lograran empantanar la lucha justa de un pueblo que no se cansa de resistir, siendo esta la única salida ante la muerte.

Ante este panorama triste se conserva la esperanza y nos convencemos que la lucha es justa y necesaria, con el fin último de vencer, porque Venceremos, sino por la fuerza, si por la razón, una razón sustentada en el amor al pueblo y la vida.

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