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viernes, 10 de octubre de 2014

La sequía del Magdalena

"En el cuarto aniversario de la muerte de Sixto Cabana, dirigente destacado de la Zona bananera, quien reivindicando las raíces de su pueblo campesino y afro-descendiente, ingresó a las filas de las FARC-EP para burlar la persecución estatal y continuar la lucha desde las montañas".


Por: Frente 19 José Prudencio Padilla de las FARC-EP      

                             
La sequía en el departamento del Magdalena es el reflejo de la concentración de la "propiedad" de miles de hectáreas de tierra en unas pocas familias, que ancladas en la administración pública y apoyadas en el poder de las fuerzas militares y las bandas paramilitares, han despojado a campesinos y etnias indígenas de sus territorios, lanzándolos a los lugares más inhóspitos de la Sierra Nevada, donde se han visto obligados a  ampliar la frontera agrícola para sobrevivir. Al problema de la desigual concentración de la tierra se suma el de su uso inadecuado, especialmente el asociado a la ganadería extensiva y los cultivos de palma aceitera. Estos dos factores son al tiempo la causa de la sequía y pobreza en el departamento.


Con el pretexto de impulsar programas de reforestación, la dirigencia política corrupta y mafiosa del Magdalena creó a Corpomag, no para resolver el problema al pueblo que vive en el abandono total, sino como un instrumento legal para aumentar sus riquezas por medio de contratos millonarios. Con estas fachadas le han entregado las mejores tierras y  las fuentes hídricas a las multinacionales y a la agro industria, verdaderos responsables de la tragedia medioambiental.


La entrada en escena de la indus¬tria de la palma aceitera, ha sustituido la mata de plátano que en décadas pasadas fue la principal fuente de empleo en la región. De las 40 mil hectáreas que llegó a tener la zona bananera en su época floreciente, para el año 2000 ya la cifra había descendido a 12 mil hectáreas, de las cuales sobreviven en la actua¬lidad 7.600 hectáreas. Por su parte la palma aceitera ya alcanza las 35.000 hectáreas cultivadas, ubicadas especialmente en los municipios de Zona Bananera, Ciénaga, El Retén, Aracataca, Fundación y Santa Marta; los mismos que en el pasado fueron los principales productores de banano.  

Para lograr su propósito, la industria de la palma se vistió de paramilitarismo; a sangre y fuego desalojó a los campesinos de las riveras de los ríos Córdoba, Tucurinca, Sevilla, Río Frío, Aracataca, entre otros, acaparando sus aguas para los sistemas de riego que son del disfrute de las tradicionales familias poderosas del departamento. El departamento del Magdalena es el segundo cultivador de palma aceitera en la costa caribe, después del Cesar.


Fue en esta región del país donde familias latifundistas con musculo financiero, según palabras del ex-ministro Arias (como los Vives Lacouture, Vives Prieto, Lacouture Dangond, Pinedo, Dávila Jimeno y Dávila Fernández De Soto, entre otras), se apoderaron de recursos del Estado, a través del programa Agro Ingreso Seguro, y construyeron modernos sistemas de riego a presión para el sostenimiento de las grandes plantaciones de palma. De las 7.214 hectáreas que conforman el distrito de riego de Tucurinca, el 95 % están sembradas de palma, y el resto en banano, pancoger y ganadería. Curiosamente, los resultados electorales de los últimos tiempos en el Magdalena, han sido favorables al ex-presidente y ahora senador Álvaro Uribe Vélez, lo cual podría interpretarse como el resultado de su siembra mafiosa y paramilitar en esa región, primero con su socio Hernán Giraldo y posteriormente con Jorge 40.


Por lo tanto, si queremos encontrar las causas de la sequía y la miseria en la que vive la mayoría de habitantes de este departamento, lo que se acompaña de altos niveles de desnutrición, analfabetismo, falta de vías, salud y empleo,  no las busquemos en el recalentamiento global, sino en fenómenos más criollos, que son además generadores de violencia como: El latifundismo improductivo, el despojo violento de las tierras campesinas, el acaparamiento de las aguas de los ríos para la agroindustria, la corrupción y por supuesto el paramilitarismo disfrazado con otras denominaciones.


El pueblo magdalenense está llamado a parir un nuevo tipo de dirigentes sociales y políticos, con una visión de democracia popular, esa que pone por encima el interés y anhelo de las mayorías; un nueva cultura política que sepulte para siempre las viejas prácticas de la democracia clientelista, que se caracteriza por el soborno, el chantaje y engaño a los desvalidos. La lucha por vivienda digna, servicios públicos, salud y educación gratuita y para las amplias capas de la población marginada debe orientar las luchas populares.


El anhelo de paz con justicia social que palpita en este pueblo azotado durante décadas por la pobreza y el paramilitarismo de Estado, debe sacudir los recintos y plazas públicas para impedir que los niños se sigan alimentando con desperdicios de comida de los basureros. El grito es el de ¡basta ya!: no más ancianos pidiendo limosna en las esquinas, no más jóvenes sin educación, no más campesinos viviendo en la pobreza, no más indígenas viviendo en el hielo de la nevada porque le robaron sus territorios, no más gente viviendo en ranchos de lata y cartón, no más pleitesía a las multinacionales, empresarios y terratenientes. Lo de Colombia para los colombianos.
                                    

¡Desde Marquetalia, Hasta la victoria!
   50 años por la nueva Colombia
 FARC-EP

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