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viernes, 24 de octubre de 2014

Las propuestas del camarada Timo a Santos

De repente los medios nos vienen a presentar al uribismo como el abanderado de la paz y la solución política, y a Uribe como al divino niño rechazado por las FARC.

Por Gabriel Ángel

No se trata de que por buscar la paz y la solución política al conflicto colombiano, los guerrilleros y mandos de las FARC-EP dejemos de ser revolucionarios, esto es, de soñar con la toma del poder para el pueblo y trabajar por ella. Y desde luego, tampoco se trata de que los reaccionarios y militaristas a ultranza, los patrocinadores del paramilitarismo y el terror, de la noche a la mañana se transformen en ángeles piadosos sin afanes por la ganancia.

En Colombia, como en el resto del mundo, han existido quizás desde cuanto tiempo atrás los que movidos por el ánimo del enriquecimiento y la dominación social, han empleado los más groseros métodos para acrecentar sus propiedades, sin importarles para nada el despojo producido a otros, ni el sufrimiento causado con sus conductas. Se trata de sectores que invocan una supuesta superioridad fundada en su talento natural para los negocios, su inteligencia, su color de piel, su fe religiosa y hasta en su bravura. De malas o pendejos los demás, que nacieron para vivir debajo.

Pero también en Colombia y en el resto del mundo han existido los que creen y cultivan otro tipo de valores, los que piensan en los intereses generales, en que lo de la comunidad en su conjunto tiene prioridad sobre lo individual y egoísta. Los que piensan que el más pobre e insignificante de los seres humanos es también un ser digno, que merece todo el respeto y la solidaridad de los demás a objeto de contribuirle a superar su estado. Este sector de la sociedad es amigo del diálogo, se opone al empleo de la violencia y de la guerra, sobre todo cuando se proponen la expropiación y el vasallaje. En esos casos no ha tenido otro remedio que rebelarse.

Lo que ponen de presente los diálogos de La Habana es esa profunda contradicción de intereses entre quienes están por el camino de la guerra, de la mano dura, de la represión y la intolerancia, y los que están por la vía de la democratización, del debate político abierto, de la paz y la tolerancia. Que la poderosa y venenosa propaganda de los primeros desespere por todos los medios para presentar las cosas al revés, no cambia su real significado.

El camarada Timo acaba de poner el dedo en la llaga. El uribismo y su aparato político cínicamente denominado Centro Democrático, representa la más rabiosa expresión de la ultraderecha de corte fascista, aunque por su estilo respetuoso nuestro jefe no lo exprese así. Son demasiados y contundentes los hechos históricos que prueban los procedimientos de ese sector político, ligado por nexos muy poderosos a la cúpula militar y policial del país, que van desde el destierro y el asesinato individual de compatriotas, hasta las hordas del paramilitarismo y el desplazamiento masivo de millones de colombianos, pasando por su vinculación con las mafias del narcotráfico, su abyección ante las posiciones abiertamente dominantes del imperialismo en el mundo, su intolerancia total a la crítica del sistema económico y del régimen político vigentes, su hipócrita religiosidad cristiana y sus ínfulas de superioridad, entre tantas otras conductas despreciables.

Así que no nos digamos mentiras, el uribismo es un enemigo declarado de la paz, de la solución política y de la reconciliación entre los colombianos. Es el principal azuzador y hacedor de la guerra, del terror de Estado y de la ley del más fuerte. Es la fuente de la que mana toda la podredumbre que padece Colombia. Y lo está demostrando descaradamente con su enfermiza posición ante los diálogos de La Habana y lo acordado hasta ahora. Jamás se había visto tanta construcción mentirosa, sucia y canalla como la exhibida en sus 52 objeciones a los acuerdos alcanzados. Una auténtica letrina de fantasiosas porquerías.

Lo que le está diciendo el camarada Timo a Santos y por su conducto a toda la nación colombiana, es que es urgente, prioritario, vital para la paz de Colombia, que el gobierno nacional haga a un lado y contribuya a aislar esas desquiciadas posiciones extremas. Que si en realidad el Presidente Santos piensa pasar a la historia como el Presidente de la paz, se encuentra en la obligación de definir de una vez por todas si se suma al clamor de la inmensa mayoría de los colombianos que se inclinan por solución política, o permanece atado a las cadenas del uribismo fascista, preocupado como el primero por no disgustar a su mentor. Es decir, si le apuesta a la paz o a la guerra.

Por eso Timo acompaña su respetuosa conminación con la propuesta pública de un armisticio, de un cese bilateral de hostilidades que refuerce y legitime los diálogos que se desarrollan en La Habana. Incluso le sugiere al Presidente que las gestiones que se apresta a adelantar por Europa la próxima semana, que según su dicho apuntan a promocionar la paz en el exterior, las cumpla acompañado de una delegación de las FARC. Esto es, en resumen, que se case definitivamente con la apuesta de la verdadera reconciliación y le dé la espalda a sus enemigos declarados.

El manejo que los grandes medios le han dado a la carta del camarada Timo, pone de presente que en realidad se encuentran alineados con la ultraderecha uribista, aunque se muestren tímidamente solidarios con los esfuerzos de paz del Presidente Santos y lo logrado en La Habana. De otra manera no se explica que salgan a decir que Timoshenko le está exigiendo a Santos que saque a Uribe de los diálogos, incluso hasta ironizando porque no se puede sacar a quien no está dentro. De repente, de la noche a la mañana, nos vienen a presentar al uribismo como el abanderado de la paz y la solución política, y a Uribe como el divino niño rechazado pese a su declarada vocación por la paz. No hay derecho. Qué manera tan miserable de manipularlo todo.

Para Uribe y su séquito es una cuestión de fe el exterminio total de las FARC-EP, y de paso, de quienes de uno u otro modo coincidan con nuestras posturas políticas. La paz para ellos consiste en que no exista nadie que pueda confrontar su avaricia asesina. Es algo que los colombianos debemos tener cada día más claro. Por eso es necesario rechazarlos y aislarlos.

Montañas de Colombia, 23 de octubre de 2014.

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