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miércoles, 1 de octubre de 2014

Pensando en torno a la paz

Supongamos que entregamos las armas y nos desmovilizamos sin que cambie nada de fondo en la forma de gobernar, sin que cambie el modelo económico.

Por Rubín Morro

Bloque Iván Ríos

La paz es un derecho básico de todos los seres humanos. No es regalo de los gobiernos para sus conciudadanos. El concepto de la paz  encierra toda una realidad de vivir dignamente, un país sin guerra, un país soberano, una nación libre, dichosa;  una país con educación gratuita para todos, con asistencia médica para todos, con vivienda digna, con trabajo y remuneración justa para todos; un país con plenos derechos organizativos y políticos; una nación  que participe en las grandes decisiones del poder, un Estado y un gobierno que protejan los recursos naturales y los exploten para el bien de las mayorías; una nación  que viva en completo equilibrio con  el medio ambiente y la naturaleza; un país cuyos órganos centrales de poder, legislen para el beneficio del pueblo; una sociedad sin paramilitarismo, con  unas  FF.AA.  bolivarianas que protejan la nación en caso de una ataque extranjero. Para llegar a la paz real, se necesitan cambios estructurales en la maquinaria del Estado, en resumidas cuentas, una forma nueva y democrática de gobernar en lo económico, político y social.

Esta es la gran utopía de las FARC-EP, conquistar junto al pueblo una nueva nación democrática y moderna. ¿Qué tipo de paz quiere imponer el Estado? Siempre ha sido la paz de los arrodillados, la de los sepulcros, la paz de las imposiciones y de las condiciones,  la paz de los traidores que fungen como falsos revolucionarios, la paz de los conformistas, de los pusilánimes, la falsa paz  de los que siempre han pretendido dominar por siempre al pueblo. Pactar acuerdos sin bases sólidas, sin cambios en la forma de gobernar y en la estructura del Estado es una irresponsabilidad para el presente y el futuro del país. La paz que preconiza  Juan Manuel Santos es llegar acuerdos con la insurgencia sin que sean abordadas por las partes  las causas que generaron esta larga guerra.

Las clases dominantes creen que la paz  es la entrega de armas, la desmovilización, la claudicación del proyecto revolucionario y la traición al pueblo que nos ha acompañado y apoyado en estos 50 años de lucha. Pero metámonos un poco en el plano de la ilusión. Supongamos que entregamos las armas y nos desmovilizamos sin que cambie nada de fondo en la forma de gobernar, sin que cambie el modelo económico. Sucedería  que al pueblo en nada le beneficiaría aquella paz insulsa,  y  no tenemos la menor duda de que el gobierno, con sus aparatos de seguridad, mataría uno a uno a comandantes y guerrilleros, como aconteció con Guadalupe Salcedo y Dúmar Aljure en los años 50, y recientemente con Carlos Pizarro y otros guerrilleros que cayeron en la trampa y el engaño del gobierno. Por eso no podemos echar en bolsillo roto toda esta experiencia.

La paz que concebimos todos los guerrilleros de las FARC-EP tiene un nombre y un apellido: paz con justicia social. Así lo hemos dejado claro en La Habana.  Esto pone de presente que cualquier acuerdo en materia de paz, debe comenzar, en su esencia, con el bienestar de toda la población. Erradicar de raíz las causas que han originado esta vorágine sangrienta y de desigualdades económicas, políticas y sociales. La verdadera paz tiene que tener corazón y alma de pueblo. La paz real debe acabar con los privilegios de unas minorías que lo han tenido todo, mientras la mayoría es cada vez  más pobre y miserable.

Un acuerdo de paz que no sea realizado bajo los anteriores preceptos, es una ilusión y una irresponsabilidad, que con seguridad  nos llevaría una tragedia peor  de desesperanza y frustración. Por eso no se puede pensar en firmar una paz en tiempo record, una paz exprés, sin abordar en la mesa los grandes temas trascendentales que impliquen transformación y cambios en la estructura del Estado.

Montañas de Colombia, 28 de septiembre de 2014.

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