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viernes, 10 de octubre de 2014

Pildora de la Memoria I

Los Acuerdos de la Uribe.

Por Manuel Antonio Lugo

Partido Comunista Clandestino Colombiano

 

Los acuerdos de la Uribe es el nombre por el cual es conocido el proceso de paz que entablo el presidente de Colombia Belisario Betancur con varios grupos alzados en armas bajo la consigna de guerra guerrillera entre los que se encuentran el M-19, ELN, EPL y las FARC – EP quienes encabezaban la insurgencia, los dialogos y acercamientos empezaron en 1982 y concluirian con los acuerdos en 1984.

Despeje, cese de hostilidades y amnistia, fueron algunos de los temas mas polemicos a nivel mediatico, sin embargo las exigencias de las guerrillas mas antiguas eran mucho mas que simples reformas, he incluian transformaciones concretas a nivel estructural. Las guerrillas mostraron verdaderas iniciativas en busca de la solucion politica al conflicto, sin embargo diversos sectores minaron el proceso; entre los saboteadores al proceso encontramos en primer termino los intereses yankis, sectores de la oligarquia naciona e influyentes generales del ejercito. Más temprano que tarde los acuerdos se rompieron y la confrontacion armada tomaria nuevos y sofisticados matices tacticos y estrategicos.

El proceso de paz desarrollado por el gobierno de Betancur es de gran importancia ya que marca trascendencia a nivel internacional, recordemos que se da en decadas donde el contexto latinoamericano estaba empapado de luchas revolucionarias, que particularmente en centro America y el Caribe estaban resultando victoriosas. Simultaneamente, la guerra fria se desarrollaba a fondo entre las potencias capitalistas y comunistas, Estados Unidos siendo el pilar del capitalismo tenia sus interes estrategicos puestos en paises como Colombia, y sus politicas intervencionistas no serian discutidas ni con los soberanos de los territorios a determinar politica y militarmente, a proposito, el diario el Tiempo se referia así:

Regan rechaza propuesta de Betancur de no aislar regimenes izquierdistas, rechazo de plano el  llamamiento… para que Estados Unidos acepte la realidad del hemisferio y concluya los intentos de "aislar" o "excluir" los regimenes izquierdistas del continente… descartó la posibilidad de dialogar con Cuba y Nicaragua porque "cualquier nación que… protegiendo la guerrilla y exportando la violencia" debe renunciar a mantener estrechas relaciones con los Estados Unidos[1].

Como vemos, los intereses que corren riesgo con la solución al conflicto colombiano y en particular con el complejo tema de la subversión, trascienden las fronteras de nuestro país y son determinantes frente al desarrollo geopolítico de toda la región Americana.

Sin embargo, para el caso concreto de esta breve píldora de la memoria, me centrare en revisar las confrontaciones políticas e ideológicas que se presentaban a nivel interno de la nación y cuyas posturas se ven representadas en diarios, discursos y otros documentos que son evidencia de las diferencias chocantes existentes entre diversos sectores de la sociedad he incluso entre representantes o miembros de diversas instituciones del Estado, sin dejar de lado las confrontaciones causadas por las nuevas dinámicas del paramilitarismo.

Ejemplo es la confrontación dada entre el entonces Procurador General de la Nación, Carlos Jiménez Gómez y el Ministro de Defensa, General Landazábal, que se expresaba al respecto de la siguiente forma, en carta dirigida al Procurador:

"Me he enterado del comunicado conjunto expedido por el señor Procurador… algunos jueces de instrucción criminal y agentes especiales del ministerio publico, sobre el estado y nombres de personas vinculadas a las investigaciones relacionadas con el llamado "Grupo Muerte  a Secuestradores- MAS"… tratándose  de instituciones militares y de policía, me veré siempre en la forzosa posición de rechazar el juzgamiento político de sus actuaciones"[2]

El momento político tenía esperanzas de cambio fundadas en las grandes masas de la sociedad, el impulso del gobierno en busca de paz y reformas sociales, era la oportunidad de la insurgencia para visibilizar sus proyectos políticos y sus visiones de país. Sin embargo esto seria visto como una amenaza para los intereses de diversos e influyentes sectores de la economía, la política y el estamento armado del Estado.

La sociedad colombiana en general y buena parte de la opinión publica veía a la Fuerzas Armadas como un elemento desestabilizador, no garante democrático y proclive a irrumpir el orden democrático en pro de defender el status quo que privilegia a pequeñas capas de la sociedad especializadas en detentar el poder mediante diversas estrategias legales e ilegales. Los titulares de prensa se referían así reproduciendo declaraciones del entonces Ministro de Defensa:

"Mientras haya desconfianza en las FF.AA. no habrá paz: en el momento en que se encuentre el eslabón de la confianza de las clases dirigentes en las Fuerzas Armadas y viceversa las cosas cambiaran"… el funcionario -que ha sostenido agria polémica en los últimos días con el Procurador- señaló que "es posible que en el MAS haya personal retirado pero que no esta en servicio en la actualidad"[3] 

Por su parte los guerrilleros tenían diversas concepciones frente al proceso que se adelantaba con el gobierno nacional, algunos grupos aceptaron la amnistía y otros acuerdos, otros grupos buscaron salidas políticas, sin embargo, la postura de los militares y sus acciones bélicas, llevarían a la desaparición de algunas guerrillas y la radicalización de otras como el ELN y las FARC, que se referían al respecto de la siguiente forma:

"De nuestra parte hemos cumplido al pie de la letra los acuerdos de la Uribe. No acontece de la misma manera con la orden presidencial de cese el fuego. A partir del 28 de mayo de 1984 el ejercito despliega operativos contraguerrilleros en los frentes 14 y 15 en el Caquetá, en el frente 10 en Arauca, en el 21, 22 y 23, en el 4º en el 12 y 20 frentes en el Magdalena Medio, en el 3º y el 13 frentes en el Huila, y dispuso operativos en ante-orden contra todos los demás frentes de las FARC en el país. Esta violación de los acuerdos de la Uribe y de la orden presidencial de cese al fuego de parte del Ejercito tiene base en la circular del General Vega Uribe aparecida en la prensa el 1º de junio de 1984 y que en concreto dice: "las Fuerzas Militares continuaran tal como se ha dispuesto intensificando hasta el momento en que las organizaciones subversivas de las FARC tomen su determinación de cese al fuego, operaciones de inteligencia, de combate y control militar buscando a toda costa debilitar al máximo su accionar subversivo"[4]

A modo de conclusión quiero hacer reflexión acerca de las palabras de Carlos Marx, cuando se refería a como la historia se repite una vez como tragedia y otra vez como comedia; y es que en nuestra coyuntura actual hay que ver y entender el origen y las raíces de las concepciones ideológicas y políticas que sustentan las posiciones en conflicto, no olvidemos que la justicia penal militar fue base de los acuerdos de la Uribe, y hoy en día se ha aprobado el fuero militar, así que indaguemos acerca de las verdaderas garantías democráticas y el peligro para las libertades que implica el fuero militar y el avance de las Fuerzas Armadas como sector político del país al servicio no de la nación, sino de determinados sectores de la sociedad.

Por otra parte  como colombianos verdaderamente patriotas debemos indagar en la lógica del "poder formal" y el "poder real", ya que así fueran reales las intenciones de paz del actual gobierno del presidente Santos, hay que ver la dinámica contrainsurgente del ejército y los grupos paramilitares que ejecutan la guerra sucia contra el pueblo desarmado.

 

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[1] Diario El Tiempo, Bogotá, 5 de diciembre de 1982, Primera página.

[2] El Precio de la Paz, Gral. Landazábal Reyes Fernando. Editorial Planeta: 1985. Pág. 93.

[3] Diario El Tiempo, Bogotá, 2 de marzo de 1983, Primera página.

[4] Cese el Fuego: una historia política de las FARC. Jacobo Arenas. Editorial Oveja Negra: 1985. Pág. 9.

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