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martes, 28 de octubre de 2014

“Pueden cambiar de brazalete; la doctrina sigue siendo la misma”

FF.MM.AUCpor:  Alexandra Nariño


Siguió hoy el estreno de los nuevos integrantes de la Delegación de Paz; el Comandante Francisco González, quien hace parte de nuestro Estado Mayor Central, leyó los sub-puntos 1 a 4 de la cuarta propuesta mínima llamada: Responsabilidad sistémica, responsabilidad principal del Estado y responsabilidades múltiples, incluidas las responsabilidades guerrilleras, frente a las víctimas del conflicto.

Expuso apenas cuatro sub-puntos de esta propuesta mínima que trata sobre las responsabilidades frente a las víctimas del conflicto. Así como existen "víctimas del desarrollo" concepto expuesto en las propuestas anteriores, por deducción lógica también existe la responsabilidad sistémica, nos dice el sub-punto 4.1. Nadie negará hoy día que hay condiciones inherentes al sistema capitalista que producen más víctimas que cualquier otro factor. Además, estas mismas circunstancias provocan unas respuestas por parte del pueblo excluido y marginado, que va desde la protesta social hasta la legítima rebelión armada. La historia de Colombia nos muestra una amplia gama de posibles respuestas de abajo cuando los de arriba utilizan violencia y represión para mantenerse en el poder.

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El sub-punto 4.2., que se divide en 8 literales, nos explica de forma muy puntual cuáles son las consideraciones que necesariamente nos llevan a la conclusión que existe una responsabilidad general y principal del Estado colombiano frente a las víctimas del conflicto. Los principales factores tienen que ver con la Doctrina de la Seguridad Nacional, la infame doctrina militar importada a Colombia desde la Escuela de las Américas, que considera la existencia de un enemigo interno que hay que combatir. De ahí se desprendieron políticas fascistas de regímenes militares en América Latina. Así también pasó en Colombia, escenario histórico de militarización del país, estigmatización y persecución de la oposición política, terrorismo de Estado, pactos de impunidad y un sistema judicial que lo encubre todo.

La victimización por parte del Estado colombiano ha sido una política sistemática, y por tanto no se puede tapar hablando de "agentes estatales" o con el ya famoso cuento de las manzanas podridas. Reportes de múltiples ONGs y organizaciones nacionales e internacionales han demostrado una y otra vez la innegable realidad del terrorismo de Estado, expresado a través de sus Fuerzas Militares y de policía, en estrecha colaboración con las estructuras paramilitares. Incluso, y así lo confirma la población civil en el campo colombiano, son dos caras de la misma moneda. Pueden cambiar de brazalete, pero su esencia y doctrina siguen siendo las mismas.

Pero no termina ahí. Las destructivas maquinarias del paramilitarismo que han causado desplazamiento, despojo, terror y muerte en Colombia, han sido creadas por un bloque de poder contrainsurgente, en que participa la élite económica, política y militar del país. Esto último ha sido confirmado por estudios académicos; sin embargo, nunca ha sido reconocido por el gobierno ni suficientemente ventilado en los grandes medios de comunicación, ignorando de esta forma a un alto porcentaje de víctimas del conflicto.

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