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lunes, 10 de noviembre de 2014

Un paso al frente por la paz de Colombia

Por Carlos Antonio Lozada.
Integrante del Secretariado de las FARC-EP.

La presencia en La Habana de un número plural de comandantes guerrilleros para integrar la comisión técnica, además de ser un hecho sin precedentes  que reunirá  representantes de la insurgencia con militares activos en torno al propósito común de elaborar recomendaciones para ser llevadas a la Mesa con relación al punto 3 de la Agenda, sobre los temas del cese bilateral del fuego y la dejación de armas, es sin lugar a dudas un acontecimiento de singular importancia política, producto de los avances logrados en la Mesa; pero es además un gesto inequívoco del compromiso de las FARC-EP con el proceso, un paso al frente por la paz con justicia social para Colombia.

Una bocanada de aire fresco, en medio del ambiente político enrarecido por los continuos ataques de la ultraderecha contra la Mesa de La Habana, alentada en parte por la pusilánime postura gubernamental, que no supo defender desde el comienzo, y con la decisión debida, su principal y casi única realización en los primeros 4 años de gobierno, consecuencia de su ambivalente posición frente a la solución política del conflicto.

La importancia de los temas a tratar y la composición de la comisión, no dejan de crear gran expectativa toda vez que del resultado de su trabajo, va a depender que la Mesa pueda avanzar en la construcción de acuerdos en uno de los puntos cruciales de la Agenda.

Por lo que respecta a las FARC-EP, llegamos a este momento del proceso convencidos de la posibilidad real de alcanzar acuerdos en estos sub-puntos, si partimos  de la voluntad expresada por las partes, ratificada en nuestro caso con la decisión de sacar de los escenarios de la confrontación un número considerable de mandos y cuadros, para que dediquen sus esfuerzos a la construcción de propuestas que en un tiempo razonable, hagan viable el cese bilateral de fuegos y la dejación de armas; algo que a nuestro modo de ver, puede tener como punto de partida acuerdos parciales para el desescalamiento de la confrontación, hasta llegar a la firma de un armisticio entre las partes, como preludio del fin del conflicto armado; que debe llevarnos a que los colombianos podamos seguir tramitando nuestras diferencias por las vías de la política sin necesidad de recurrir a las armas.

Tarea nada fácil, si tenemos en cuenta la complejidad de los temas que faltan por  tratar y la cantidad de obstáculos que se deben sortear, hasta llegar a los acuerdos definitivos en la totalidad de los puntos de la Agenda; acuerdos definitivos que deben sentar las bases estructurales sobre las que ha de levantarse la paz con plena y real democracia, con soberanía y justicia social. 

El encuentro cara a cara de comandantes insurgentes y mandos militares activos, para trabajar en torno a un propósito común sin haber concluido la confrontación, es una señal inequívoca del avance del proceso, lo que debe convocar el más amplio y activo respaldo de todos los colombianos, hasta crear una masa compacta que con su fuerza y empuje aísle y derrote la ultraderecha militarista agrupada bajo la enseña uribista. Solamente la movilización social de los sectores mayoritarios que aspiramos a una Colombia en paz, podrá imponerse por encima de los poderosos intereses que se le oponen y las vacilaciones gubernamentales.

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