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viernes, 26 de diciembre de 2014

El lenguaje de los gestos

Desde La Habana y desde las montañas de Colombia, las FARC-EP venimos hablando un nítido lenguaje de reconciliación.

Por Alirio Córdoba

Bloque Martín Caballero

Atendiendo el clamor de diversos sectores sociales y del pueblo colombiano en general, que abrazan en su mayoría la esperanza de una paz estable y duradera cuya esencia sea la justicia social para Colombia, las FARC-EP declaramos un cese unilateral al fuego y a las hostilidades por tiempo indefinido, a partir del 20 de diciembre de 2014; un nuevo gesto político con el que aspiramos avanzar en el camino de la superación de tantos "episodios inútiles de sangre" ocurridos en estos 50 años de conflicto social y armado.

Con esta nueva declaración de Cese Unilateral, que tiene la novedosa cualidad de ser indefinido, no pretendemos conmover a los sectores de la oligarquía vinculados al negocio de la guerra, al empresariado de la "confianza inversionista", o a los sectores uribistas vinculados tradicionalmente con el paramilitarismo latifundista y ganadero, que hoy con nuevas denominaciones sigue causando víctimas y despojo con la complicidad de la máquina del Estado. Tampoco es un regalo para el Presidente Santos, como interpretara el mandatario, sino un gesto de humanidad de nuestra organización insurgente "en homenaje a todas las víctimas ocasionadas en razón del conflicto que buscamos superar".

De ceses al fuego unilaterales tenemos varios antecedentes. En todos, los resultados prácticos a favor de la paz han sido evidentes. Al realizar el balance del Cese Unilateral declarado entre el 20 de noviembre de 2012 y 20 de enero de 2013 pudimos constatar sus consecuencias: "durante el mismo período un año atrás, es decir, entre el 20 de noviembre de 2011 y el 20 de enero de 2012, los 292 enfrentamientos armados presentados entre las FARC-EP y el Estado colombiano produjeron al menos 284 muertos y 278 heridos en los miembros de la fuerza pública". ¿Cuántas familias colombianas se libran con el cese al fuego de sufrir el dolor que produce la muerte de jóvenes soldados, provenientes siempre de hogares humildes?

No se entiende cómo, de manera insensata, personeros de la intriga y la guerra en Colombia desconocen la importancia de decisiones como esta, que nos pueden aproximar a la reconciliación. Utilizando su investidura de Procurador General de la Nación, Alejandro Ordoñez, se ha dedicado a torpedear toda iniciativa en favor de la paz de Colombia, a oficiar como francotirador de la discordia, a azuzar la guerra. Suficientes gestos de paz y reconciliación ha realizado nuestra fuerza insurgente para construir confianza y todos han sido respondidos con manifestaciones de hostilidad y rencor de parte de los procuradores de la guerra, del totalitarismo y el odio, de los cuales Ordóñez es destacado exponente.

Desde los altoparlantes de la desinformación mediática, en pretendidos "espacios de opinión" donde sólo se escucha la de ellos, siguen disparando a todo lo que se mueva en dirección a la paz. El asesor político-militar ahora senador Alfredo Rangel, sumido en la nostalgia del "fin del fin" de la insurgencia, propagandizado por la "seguridad democrática", deletreando los mensajes que le dicta el Pentágono, encuentra defectuosos todos los esfuerzos y avances que ocurren en la Mesa de La Habana, línea que sigue toda la bancada de su partido de ultraderecha. Testaferros al micrófono, como Erwin Hoyos, acuden a la calumnia como arma contra las FARC y sus múltiples iniciativas de entendimiento. Les asusta la paz, tal vez porque ha sido a través de la guerra y sus diversas prácticas de terror contra el pueblo, como han amasado sus enormes fortunas.

Es evidente que por su ceguera militarista sus concepciones quedaron ancladas en la quimera de la derrota militar a la insurgencia. Aturdidos por los nuevos acontecimientos políticos del país, se han atrincherado en sus ideas fascistas, que les impiden asimilar la abrumadora realidad política actual que los desborda.

En contraste es mayoritaria la opinión pública nacional e internacional a favor de la decisión de las FARC EP de declarar un cese al fuego y hostilidades unilateral e indefinido; gesto que va en dirección al desescalamiento del conflicto. El Presidente Santos, para demostrar un verdadero compromiso con la salida dialogada al conflicto interno, debería cambiar de dial y sintonizarse con las grandes mayorías que hoy en Colombia se la juegan por la paz. Es hora de que guarde sus cartas marcadas, abandone las "reglas del póker" donde prima la trampa, la ventaja y el engaño. El momento político no requiere de los gestos inexpresivos del tahúr, sino los del estadista que se la juegue por los cambios sociales, implícitos en los anhelos de los diversos sectores que respaldaron sus aspiraciones reeleccionistas a cambio de poner fin a la guerra.

Desde La Habana y desde las montañas de Colombia, las FARC-EP venimos hablando un nítido lenguaje de reconciliación. Todos nuestros gestos apuntan a un mismo objetivo: la paz con justicia social. En ese sentido va nuestra declaratoria unilateral de tregua, que esperamos se prolongue en el tiempo, sobreponiéndose a las provocaciones de los sectores más militaristas y reaccionarios de la oligarquía colombiana. Ella debe abonar el terreno para un cese bilateral de fuegos, con la posibilidad de un armisticio.

Montañas de Colombia, 23 de diciembre de 2014


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