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viernes, 26 de diciembre de 2014

¿Por qué no se callan?

En las FARC-EP siempre hemos estado dispuestos a concertar la paz con justicia social, lo que no quiere decir rendición ni entrega miserable.

Por Solís Almeyda

Integrante del Estado Mayor Central de las FARC-EP

La declaratoria de Cese el Fuego unilateral por parte de las FARC-EP tiene que entenderse tal cual es, un gesto magnánimo de paz que rodeará de confianza el proceso que se desarrolla en La Habana. Pero sobre todo, es corroborar una vez más el compromiso íntegro del conjunto de mandos y combatientes farianos con la salida política que tanto necesita nuestra sufrida patria y tanto anhela la mayoría del pueblo colombiano.

Tenemos claro que este es un conflicto que lleva más de medio siglo, que se ha prolongado en el tiempo, no porque los revolucionarios hayamos escogido la violencia como único fin para luchar por los derechos y reivindicaciones de todo el pueblo, sino porque hay una clase dominante que no quiere ceder un poquito de sus privilegios en favor de los oprimidos que hacen hasta lo imposible por sobrevivir en este paraíso de desigualdad en que se ha convertido Colombia.

Esta declaratoria de Cese Unilateral de Fuego tiene una característica especial, y es su carácter indefinido, a lo que se suma su acreditación por una verificación nacional e internacional, a objeto que no ocurra como en los anteriores Ceses al Fuego, cuando los combates ocurridos y las bajas de militares y policías, han sido producto de las provocaciones suscitadas por la arremetida de las fuerzas militares, antes que por el incumplimiento de la orden emitida por nuestro Secretariado Nacional. Tenemos la orden de no atacar, más no la de dejarnos matar con los brazos cruzados.

Al respecto los mandos militares son expertos en torpedear los procesos de paz. No podemos olvidar que cuando se pactó la Tregua Bilateral con el gobierno del entonces Presidente Belisario Betancur, como resultado de los Acuerdos de la Uribe, fueron múltiples los combates que se presentaron en el territorio nacional, no porque la guerrilla realizara operaciones ofensivas, sino porque las fuerzas militares ejecutaban provocaciones en las áreas de presencia guerrillera.

Ahora, con el anuncio por parte nuestra de Cese el Fuego, ya comenzamos a escuchar las descalificaciones a nuestra actitud de parar las acciones militares, empezando por el Presidente, quien se refirió a nuestro acto comparándolo con una rosa llena de espinas, al tiempo que expresó que no está de acuerdo con la verificación internacional y ordenó arreciar la ofensiva a las fuerzas militares. Junto a él se manifestaron también el ministro de defensa, el Procurador, Uribe y sus partidarios de la guerra, esos que prefieren ver a Colombia bañada en sangre, que se han enriquecido con el expolio y el desplazamiento, que participaron de la barbarie paramilitar, que han minimizado los crímenes de Estado, esos que se solazan con la confrontación eterna antes que buscar entre todos la salida política al conflicto social y armado que estamos viviendo.

Causa escozor escuchar a estos personajes y a algunos llamados analistas a través de los medios de comunicación, que, desde la comodidad de los escritorios o de las salas de redacción, se empecinan en la continuación de la guerra, sólo porque saben que la sangre la derramarán otros, ya que están seguros que ni ellos, ni sus hijos, ni familiares cercanos irán a poner el pecho en el campo de batalla; los enfrentados somos los hijos del pueblo, es decir los oficiales y suboficiales de baja graduación, así como soldados, policías y guerrilleros, mientras que los generales seguirán beneficiándose económicamente con la guerra y los ricos celebrando en fiestas y cocteles en los que no faltará el caviar, el whisky, el coñac y las ganancias de sus rentables empresas.

Aquí bien cabría decirles, ¿por qué no se callan? Si queremos de verdad doblar la página de esta "horrible noche" que ha propiciado la violencia, es urgente un Cese Bilateral del Fuegos y ahorrarle otros miles de muertos a Colombia.

Las FARC-EP siempre hemos estado dispuestos a concertar la paz con justicia social, lo que no quiere decir rendición ni entrega miserable; es el Estado con todo el poder de su aparato represivo el que se ha opuesto durante décadas a la reconciliación de todos los colombianos.

Montañas de Colombia, 24 de diciembre de 2014


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