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sábado, 21 de febrero de 2015

Divagaciones en torno al proceso de La Habana

Hablando Claro.

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¿Qué tan equivocado es soñar?

Supongamos, sólo supongamos, que las opiniones de César Gaviria sobre las opciones de la justicia transicional, aun con sus avances y propias limitaciones, son el producto de una especie de acuerdo político entre las distintas tendencias que rodean al gobierno de Juan Manuel Santos. Eso podría deducirse de los comentarios posteriores del Presidente y el ministro de la defensa.

Imaginémonos, sólo imaginémonos, que la declaraciones del magistrado Bustos, Presidente de la Corte Suprema, en la entrevista concedida al periodista Yamid Amat, hacen parte de las aproximaciones del poder ejecutivo con el judicial, en el camino a proponer una salida jurídica a la espinosa cuestión penal derivado del conflicto armado, sin la cual nada sería posible.

Especulemos un poco, sólo especulemos, que las sucesivas declaraciones públicas del señor Fiscal General de la Nación sobre el delito político, la conexidad, las penas alternativas a la privación de la libertad y temas así, apuntan a conseguir el grado de consenso necesario entre las altas esferas del Estado, en torno a la decisión de posibilitar un acuerdo realista que ponga fin al conflicto.

Atrevámonos a inferir, sólo como un ejercicio mental, que cuando el señor Sergio Jaramillo habla de la necesidad de asumir todos la parte de la responsabilidad que nos corresponde, incluyéndose a sí mismo de modo expreso, está admitiendo, por primera vez, que el Estado y el Establecimiento en su conjunto tienen mucho de qué responder en el origen y la prolongación del conflicto.

Juguemos a creer que los afanes expresados por los delegados del gobierno en la Mesa, en torno a la necesidad de concertar con urgencia medidas que conduzcan a disminuir la intensidad de la confrontación, guardan relación directa con la sorprendente decisión del Secretariado Nacional de las FARC-EP, de cesar unilateralmente el fuego y las hostilidades .

Pensemos, sin temor a que se trate de lecturas equivocadas, que más que exigir de la insurgencia otras conductas que demuestren su voluntad inequívoca de poner fin al conflicto, se trata de reconocer que ante tan ineludible realidad del cese al fuego, el régimen está abocado a adoptar medidas equivalentes a las de la guerrilla, para no quedarse aislado y sin discurso.

Interpretemos la apertura de los grandes medios de comunicación alrededor del proceso de La Habana, por encima de las opiniones insoslayables y soportables de algunos de sus columnistas o comentaristas, como el sano convencimiento de que no puede despreciarse, sin grave culpa, la posibilidad que se avizora de la firma de un acuerdo cierto de paz a mediano plazo.

Entonces, admitiendo que la ilusión y la fantasía, siempre tan mal vistas por el sentido práctico, hacen parte de la vida de las sociedades y personas, y que han sido ellas las encargadas de hacer avanzar el mundo a lo que en principio se consideró imposible y luego se torna historia, podríamos concluir, aun en la espera de propuestas, que nuestro sueño se aproxima cada día más a la verdad.

Montañas de Colombia, 20 de febrero de 2015.

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