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miércoles, 4 de febrero de 2015

En el Chocó continúa la arremetida militar

Tras la liberación del general Alzate y sus acompañantes, la situación social y de orden público se agravan para la población abandonada por el Estado.

Por Pedro

Bloque Iván Ríos

 

Parecía el final del mundo, cuentan los pobladhelicipteroores. Para ellos la arremetida semejó la invasión de un país a otro. Decenas de aeronaves de todo tipo sobrevolaron la zona, realizando desembarcos en los caseríos. Los ametrallamientos y bombardeos indiscriminados eran el pan de cada día, sin tener en cuenta la presencia de la población, seres humanos que también son de Colombia. Cientos de personas caían desmayadas porque no estaban acostumbrados a estas tentaciones, como llaman las negritudes a los actos que les provocan terror.

Un compañero relata que se veían las flotillas de helicópteros, como gallinazos en el aire, rodeados de aeronaves desconocidas para la región, dibujando arcos en el firmamento y realizando cantidad de piruetas, compitiendo a ver cuál podía producir más miedo, unos tripulados, otros no tripulados, pero integrantes de la misma elite para perseguir a los insurgentes que habían desafiado el régimen. Todos los corregimientos y pueblos del medio Atrato se vieron envueltos en la peor ofensiva contra una población abandonada desde siempre por el Estado, con el pretexto de rescatar a uno de sus alfiles, que en acto de violación a su propia seguridad cayó en manos de la FARC-EP. Queda demostrado que este gobierno es capaz de matar si fuese necesario, con tal de hacer ver que tiene una fuerza todopoderosa para reaccionar si se le toca cualquier parte de su ponzoñoso cuerpo.

La personas de la tercera edad y los niños fueron los primeros objetivos de este pánico. Los adultos combatían el miedo, auxiliando al ser querido que caía desmayado a sus pies. Madres hubo saliendo a correr en rescate de su hijo adolescente, que estaba distraído en un lugar o en otro, recreándose en una champa o embarcación, algo así como el equivalente a una bicicleta, dado que el Choco no tiene otra vía que sus ríos.

Lo peor de todo es que pasada la arremetida para rescatar al General y sus acompañantes, las tropas continúan en la región, atropellando a los pobladores, realizando requisas, restringiendo el libre tránsito, prohibiendo a las personas el movimiento necesario para realizar sus labores cotidianas en la hora acostumbrada, o amenazando con órdenes jurídicas. Es muy común ver llegar en cualquier momento los de la Fiscalía y la Policía en helicópteros, a realizar inspecciones al personal en una zona específica. El Ejército se llevó al líder del consejo comunitario de Bidri, dirigente también de ASOCORA (Asociación de Consejos del Río Arquía), al cual tienen en la cárcel acusado de colaborador de la guerrilla.

Cuando el general estuvo capturado, todo el mundo estuvo al tanto de las noticias, para no perderse el desenlace de este episodio, que provocó hasta el rompimiento de los diálogos en La Habana por parte del Presidente. En esas semanas el Chocó estaba en la primera página de los diarios en el mundo. Pero con la entrega sano y salvo del general y sus acompañantes por parte de las FARC-EP, toda la atención desapareció, el Chocó regresó a su normalidad de abandono, volvió a ser el mismo rincón al que sólo llegan a extraer sus riquezas, exhibiéndolo ante las multinacionales en busca del mejor postor. Los chocoanos estamos cansados de ser el patio trasero del régimen y su casta politiquera.

Para el Estado nada sirve tener buena fe en el proceso que se desarrolla en La Habana y corresponder con el cese de fuego y hostilidades. Gobierno y altos mandos militares quieren hacerle creer al mundo que las FARC-EP estamos debilitadas y buscamos es fortalecernos. En el Chocó han adelantado todo tipo de acciones contra los frentes de la FARC-EP, que sin vacilaciones hemos acatado la orden del organismo superior.

Para Colombia y el mundo debe quedar claro que la organización tiene una dirección unificada, y que todos los guerrilleros en general tenemos confianza en nuestra dirección política militar. Esto queda demostrado en la práctica, pues por más que nos saboteen y provoquen hemos cumplido y seguiremos cumpliendo, hasta que a nuestra dirigencia se le colme la paciencia y decida poner fin al cese unilateral.

Sería bueno que los organismos que velan por los derechos humanos hicieran presencia en el departamento, para que constaten las atrocidades a que es sometido el Chocó por parte del régimen y su fuerza pública. Hay regiones donde los niños mueren de desnutrición y enfermedades endémicas, mientras el Estado y los politiqueros se roban los recursos. Hay que exigirle al Estado terco y mezquino, que invierta en el Chocó siquiera la mitad del dinero gastado en operativos desde que comenzó el caso del general a la fecha. Que siquiera invierta el gasto de una hora de vuelo de una de sus aeronaves en cada caserío o comunidad indígena.

Hoy Colombia es peor que ayer y mañana puede ser peor que hoy, si el gobierno no se compromete con la verdadera paz con justicia social por la que clamamos los colombianos.

Montañas del Chocó, 2 de febrero de 2015.

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