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jueves, 19 de febrero de 2015

Los Niños del Pueblo

Por: Samuel Pardo. integrante del Partido Comunista Clandestino Colombiano

La Doctrina de Seguridad Nacional y el paramilitarismo no distinguen si eres niño, joven o anciano. Tampoco distingue género. Su objetivo son los luchadores y luchadoras sociales forjadores de una nueva sociedad, y contra ellos aplica su brutal fuerza sin distinción. Por eso, da grima escuchar el planteamiento de los sectores poderosos en Colombia acerca de la participación de los niños en el conflicto social y armado.

Valga recordar que por allá en el año de 1964 cuando las familias campesinas que dieron origen a las FARC fueron atacadas con más de 16.000 militares, también fueron muchos los niños que en ese acto de terrorismo de estado fueron arrojados a la vorágine espantosa de la guerra. Estos niños y sus familias se vieron obligados a internarse en el monte, realizando grandes jornadas de marcha soportando bombardeos y cercos militares. Es una verdad histórica documentada, y al respecto puede verse la película con material fílmico real de los directores Jean Pierre Sergent y Bruno Muel, en Riochiquito. Podemos contar los casos por miles, antes y después de la fecha mencionada, en los que sucedieron situaciones similares y el Estado por medio de sus acciones de violencia victimizó niños; la mayoría de las veces esa victimización se presentó de forma colectiva.

No tiene autoridad moral el Estado colombiano para hacer una exigencia unilateral acerca de la desvinculación de niños de las filas cuando son muchos los que mueren por desnutrición por causa de la aplicación de sus políticas neoliberales. No se trata acá acerca de si es buena o mala la participación de niños en el conflicto armado; al respecto las FARC-EP ya han expresado públicamente su posición y además han tomado medidas históricas para evitar que más niños sean en adelante parte del conflicto armado. Se trata en este caso de la hipocresía de la oligarquía colombiana.

Muchos de los niños que en estos 50 años de lucha llegaron a las filas guerrilleras fueron rescatados por la insurgencia de la indigencia, la drogadicción y la descomposición social del capitalismo. Mientras estuvieron deambulando por las calles de ciudades o en veredas nunca supieron qué era que el Estado se preocupara por ellos, o hiciera algo para aliviar su situación ¿Por qué sí se preocupa cuando esos niños llegan a las filas de la guerrilla? Muchos niños han sido protegidos por la insurgencia de la violencia terrorista del estado y sus paramilitares. Cientos han sido acogidos en el seno de la guerrillerada luego de quedar huérfanos en masacres o acciones de los paramilitares. Hay muchos casos en los cuales madres guerrilleras se han fugado con sus hijos de prisiones o burlando medidas de detención domiciliaria, y luego se les ha brindado protección y refugio en los frentes guerrilleros.

Al respecto, por ejemplo valdría la pena que el gobierno mirara hacia las cárceles de Colombia y viera los hijos e hijas de las guerrilleras que se encuentran pagando pena con sus madres. Esas son las verdaderas situaciones de la guerra que hay observar y resolver, porque el conflicto no puede mirarse de manera simplista y unilateral.

Es fundamental que el establecimiento de pasos ciertos en la solución de las causas que dieron origen al conflicto armado para poder de esta manera resolver de forma estructural situaciones tan dramáticas como la vinculación de menores a la guerra.

Mientras tanto, es necesario y urgente que el gobierno colombiano tome medidas que alivien el rigor de la confrontación sobre los niños. Por ejemplo, debería parar de inmediato el reclutamiento forzado de menores de edad que son entrenados en bases militares para posteriormente ser infiltrados en los frentes guerrilleros, táctica macabra que se ha vuelto común a lo largo y ancho del país.

La participación de los niños en la guerra no es un problema de las FARC-EP, es un problema histórico de carácter social y político. No estamos de acuerdo con la participación de los niños en la guerra, eso está claro. Pero también entendemos que hay otra cara de la moneda, en la que los niños históricamente excluidos y victimizados por el Estado se han visto obligados a participar del conflicto armado, y ahí hay causas profundas, originarias del conflicto, y por ello, no dejamos tampoco de hacer honor a su contribución  heroica en las luchas sociales y populares, armadas y no armadas, por la construcción de un nuevo país. En la continuidad histórica de nuestra lucha, la participación de los niños ha sido también histórica. Al respecto vale traer a colación la historia de Pedro Pascasio Martínez, quien entró al Ejército Libertador en el Batallón Rifles, participó en la batalla del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá. Cuenta la historia que Pedro Pascasio encontró al comandante realista José María Barreiro escondido luego de haber huido cuando se vio perdido en la batalla de Boyacá. Pedro Pascasio venció en combate al comandante realista, quien una vez que se vio perdido le ofreció al niño de tan solo 12 años, una faja con onzas de oro que llevaba al cinto a cambio de su libertad. Sin embargo, el niño se negó a tomar el oro e hizo prisionero a José María Barreiro llevándolo hasta la casa de Teja donde estaba el General Simón Bolívar y el Estado Mayor del Ejército, victorioso de la batalla de Boyacá. Con Pedro Pascasio y su historia, recordamos también a todos los niños de la Nueva Colombia.

Samuel Pardo, integrante del Partido Comunista Clandestino Colombiano (tomado de http://resistencia-colombia.org/index.php/pccc/3995-los-ninos-del-pueblo

19 de febrero de 2015, Calles y barriadas de la Nueva Colombia

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