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jueves, 5 de marzo de 2015

Presencia internacional e imparcialidad

Hablando Claro.

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Las palabras y sus contenidos no son lo mismo para todos. Cabe meditar en ópticas diferentes, de pueblos, de perseguidos, de invisibles.

Al tiempo que el diario El País de España publica la entrevista al Presidente Santos, difunde un folleto propagandístico acerca de las ventajas de invertir en Colombia. Relacionar las dos publicaciones sirve para entender la lógica del proceso de paz que adelanta el actual gobierno. De lo que se trata, al fin y al cabo, es de brindar todas las posibilidades al capital transnacional.

No llega Santos a la conclusión de que es necesaria la terminación del conflicto para establecer en su lugar las condiciones económicas, sociales y políticas que superen las causas de la confrontación y enrumben el país a un escalón superior, en cuanto al nivel de vida y de expectativas de las grandes mayorías necesitadas de protagonismo y atención.

Su gobierno admite un solo enfoque al respecto. Los responsables del largo conflicto colombiano son las guerrillas, ellas deben desaparecer. Por la vía de su reinserción a la sociedad contra la que un día se rebelaron, admitiendo las consecuencias de su conducta y plegándose a la generosidad ofrecida por el régimen, o por la vía de la fuerza en caso de que no acepten esas condiciones.

El Estado y el orden vigente resultan así ajenos a las discusiones en la Mesa de Conversaciones. Se trata de asuntos no contemplados en la Agenda. Propuestas para el desarrollo rural vinculado al circuito del mercado mundial, algunos aspectos no desarrollados de la Constitución Nacional sobre la participación política y el fin del narcotráfico, con límites claros, sería lo único a debatir.

Lo más importante es el asunto de la dejación de armas, la desmovilización y la reintegración. Además del modo como le van a responder a las víctimas ocasionadas durante los cincuenta años del conflicto. La legislación y la jurisprudencia internacionales imponen unos parámetros a los que nadie puede desconocer. Sólo en esos marcos podrá darse el regreso a casa con vida.

Dos años dedicados a los temas menores representan apenas el molesto costo de llegar por fin al único aspecto que interesa. Ya están demás las discusiones políticas o sociales. Cómo, cuándo, dónde va a producirse la entrega de las armas. De qué manera va a desmovilizarse la fuerza guerrillera. A qué régimen punitivo y penitenciario deberá someterse.

Ahora sí se viene lo serio. Sitios de concentración de la fuerza, plazos, cese definitivo de acciones. En medio de frases sonoras sobre los beneficiosos incrementos del PIB que vendrán con el fin del conflicto y la necesaria apología a la reconciliación, comienza el movimiento de las fichas nacionales e internacionales que se encargarán de contribuir al desenlace previsto.

Inadvertidamente se comunica que el gobierno de los Estados Unidos ha decidido apoyar el proceso y vincularse a él de un modo más estrecho, designando un enviado especial para su seguimiento. El gobierno nacional crea una figura y la incorpora a la Mesa, en medio de un contexto de apoyo en el que la insurgencia no va a poder rechazarla.

Justo hubiera sido tratar previamente el tema. Para nadie es un secreto que los Estados Unidos han jugado un papel estelar en el origen y desarrollo del conflicto colombiano, siempre del lado del Estado, vinculándolo a las políticas de fuerza y asesorándolo en sus prácticas militares y paramilitares. Es obvio que su presencia en el proceso estará muy lejos de la neutralidad.

Del mismo modo que violando las reglas acordadas para el funcionamiento de la Mesa, el gobierno de Juan Manuel Santos optó por suspender las conversaciones por el caso del general Alzate, en un gesto unilateral, ahora procede con la inserción del gringo. Las FARC-EP, por justo equilibrio, estamos en condiciones de plantear un enviado especial nuestro también.

Con todo y la importancia que representa para los diálogos de paz la presencia norteamericana, al fin y al cabo son numerosas las cosas que habrá que aclarar con ellos, ella no puede dejar de verse como una imposición del gobierno nacional, un hecho cumplido presentado a su contraparte en la Mesa al calor de las expectativas generadas en torno al tema a abordar en el nuevo ciclo.

De igual modo aparece en el escenario el señor Kofi Annan, ex secretario general de la Organización de las Naciones Unidas. Y lo hace sin tener nada que ver con la organización internacional, ni con las gestiones que ésta adelanta en el país en materia de derechos humanos, fungiendo apenas como representante de una Fundación creada por él mismo.

Lo cual no es obstáculo para que tanto el gobierno nacional como los grandes medios de comunicación se dediquen durante varios días a ponderar su presencia, creando la idea de que el señor Annan realmente actúa como gestor de la ONU. Tras reunirse varios días con el Presidente Santos en Bogotá, se presenta en La Habana como si se tratara de un enviado de Dios.

Conversa por separado con cada una de las partes y luego formalmente con la Mesa. Concede rueda de prensa internacional. Aprovecha la casualidad de coincidir en el lugar y la ocasión y se reúne también con el enviado especial del Presidente Obama. Incluso con las autoridades cubanas. Deja claro que su papel es reforzar la posición del gobierno de Santos en materia judicial.

No puede hacerse abstracción de la condición personal del señor Annan. Un cuadro de la fundación Ford, formado por ella en las mejores universidades norteamericanas y avalado siempre por el gobierno norteamericano en su ascenso en la ONU. Nadie como él en su Secretaría General, para defender la apoteosis del mercado y la globalización neoliberal. Es claro de qué lado actúa.

Su deshumanizada gestión del Programa de Petróleo por Alimentos aplicado en Irak, produjo más de un millón de muertos por inanición y enfermedades curables, de los cuales por lo menos medio millón eran niños, en ese país ocupado y destruido finalmente por los Estados Unidos. Nada de eso le pareció nunca crimen de lesa humanidad o de guerra.

Para no hablar de sus dudosas actuaciones con relación a la antigua Yugoslavia o Ruanda, en donde como era apenas de esperarse, al costo de miles y miles de vidas humanas, primaron los intereses de las grandes potencias y las grandes compañías transnacionales. Es él el encargado de advertir a las FARC sobre los parámetros de justicia y la paz en materia internacional.

Montañas de Colombia, 5 de marzo de 2015.

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