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viernes, 24 de abril de 2015

Apuntes sobre la Doctrina de Seguridad Nacional (II)



Guerra de cuarta generación

Por Victoria Sandino Palmera
Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

Terminada la Guerra Fría y la supuesta amenaza del comunismo, la hegemonía imperialista de los Estados Unidos sigue su expansión militar, representada en más producción de armas convencionales y no convencionales, financiación de servicios secretos, tercerización o mercenarización de la guerra para evadir responsabilidades, establecimiento de "pactos" con países en los cuales se instalan bases terrestres, marítimas y aéreas manejadas por las fuerzas armadas norteamericanas, entre otras actividades.

A partir del 11 de septiembre de 2001, y con el pretexto del ataque a las Torres Gemelas, se desata la "guerra global contra el terrorismo", convertida en la doctrina contrainsurgente del siglo XXI, también conocida como "dominación de espectro completo o guerra de cuarta generación" (1), que comprende t

odos los aspectos de la vida humana sobre la tierra, con la que pretenden imponer un estado de excepción global, como una cárcel en un teatro global de control a toda la humanidad, en la cual los mares, el cielo, la tierra y sus entrañas se privatizan a favor de las grandes potencias, las que acceden y se apropian de los recursos estratégicos indispensables para la subsistencia del capitalismo, y mantener sus niveles de despilfarro de materiales y energía.

Estados Unidos utiliza su poderío militar para asegurar el aprovechamiento de estas fuentes en un escenario de disputa entre centros de poder mundial. Por ello su estrategia de guerra contra el resto del mundo, lo que consideran como un "asunto de seguridad nacional". Es la razón para volver a intervenir en Medio Oriente y Asia, en Latinoamérica y particularmente en Colombia (Plan Colombia), bien a través de guerras convencionales o guerras irregulares.

Teniendo en cuenta que la región latinoamericana suministra el 25% de todos los recursos naturales y energéticos que necesita el país del norte, y que tiene el 47% de las reservas de agua potable del mundo, y es además escenario de gobiernos progresistas y transformadores, se puede comprender el creciente interés de los EE.UU. por incidir en la región (2). De esta manera cualquier pequeña comunidad aparece como un estorbo para el posicionamiento estratégico en las regiones de interés para Estados Unidos, por lo tanto son calificadas como "potenciales foco de terrorismo". A partir de este postulado se plantean las guerras preventivas que buscan eliminar cualquier brote de autonomía por parte de las comunidades marginales. Según el profesor Renán Vega Cantor, Colombia se ha convertido en uno de los principales centro de experimentación de esta doctrina.

Están al orden del día una serie de agencias, empresas y laboratorios de investigación y universidades, que desarrollan tecnologías con fines militares. Por mencionar algunas de las áreas de interés: investigaciones sobre diversidad lingüística y cultural, para "incorporar esos conocimientos en un sistema computarizado, capaz de interactuar, asimilar y reproducir ciertas estructuras de pensamiento en el terreno militar y geoestratégico" (3).

Ponen al servicio de los ejércitos protegidos toda la capacidad de entrenamiento; con los desarrollos científicos y tecnológicos pretenden aterrorizar y aplastar a sus adversarios. Usan incluso armas nucleares, biológicas y químicas de manera preventiva. Le dan todo el protagonismo a las operaciones sicológicas, de propaganda y desinformación, junto a acciones cívico militares directas contra la gente, para lograr sus propósitos.

La información es también un arma de guerra, para la cual cuentan con un ejército de publicistas, periodistas, comunicadores y medios a su servicio para adelantar su estrategia de influir sobre las audiencias, para afectar la moral del enemigo entendido este como la población, organizaciones sociales, movimientos políticos y populares y la insurgencia.

También desatan nuevas formas de vigilancia y control sobre las personas en todo el mundo, por medios electrónicos; a través de distintos organismos de inteligencia y espionaje, revelado por sus propios ex-agentes como Edward Snowden. Es conocido el trabajo combinado de la NASA y el Departamento de Defensa, con sus laboratorios tecnológicos de integración de sensores y detectores con capacidad para analizar grandes cantidades de información, creación de plataformas de vigilancia, comunicaciones e inteligencia y captación remota que actúa sobre el hemisferio y con una práctica denodada en Colombia. Es la forma como Estados Unidos pretende el control del espacio de manera permanente, de una vigilancia global de la zona para apoderarse de la biodiversidad del planeta que es el epicentro de su ambición imperialista.

Además poseen una gran cantidad de bases militares regadas en los cinco continentes. Personas expertas en el tema señalan que tiene más de 1.250 bases en más de 100 países. En América Latina, Estados Unidos cuenta con un total de 27 bases oficialmente reconocidas, incluidas las colombianas, a las cuales hay que agregar otras que nunca se mencionan, pero que en la práctica operan, como tres que hay en el Perú (4).

En definitiva los intereses económicos y financieros del imperialismo requieren de un respaldo militar para doblegar a sus oponentes, esa es la esencia de sus nuevas guerras. Por ello la distribución de las bases militares en todos los continentes.

Fuentes bibliográficas:
(1) Se trata de una guerra permanen
te, total e integral donde se realizan acciones ofensivas, defensivas, de naturaleza militar y civil y todas de manera simultánea. También es global: el planeta entero es considerado como un inmenso campo de batalla, donde todos son combatientes.
(2) Renán Vega Cantor, Colombia y el imperialismo contemporáneo. Bogotá: Ocean Sur. 2013. Pag 15.
(3) Vega, Cantor Renán. Idem. Pág. 87
(4) Vega, Cantor Renan. Idem. Pág. 78.

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