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miércoles, 29 de abril de 2015

Apuntes sobre la Doctrina de Seguridad Nacional (III)


Estados Unidos y la contrainsurgencia en Colombia

Por Victoria Sandino Palmera
Integrante de la Delegación de Paz de las FARC-EP

La injerencia de los Estados Unidos en Colombia no es distinta a la efectuada en todo el continente; eso sí, tiene vínculos más estables y permanentes, puesto que en el momento mismo en que el país del norte exportó su Doctrina de Seguridad Nacional, los gobernantes colombianos estuvieron, como siempre, no solo solícitos, sino que fueron potenciadores de esa política contrainsurgente.

Colombia contaba con su propia "contrainsurgenica nativa", como le han llamado varios autores, con un exacerbado odio a los sectores populares y al naciente movimiento popular, al que constituyeron como enemigo interno el cual había que combatir puesto que encarnaba la amenaza comunista, en la práctica, amenaza a sus privilegios.

Un ejemplo de tal persecución lo constituye la Masacre de las Bananeras en 1928, a manos del ejército colombiano, en defensa de la multinacional United Fruit Company, en una clara práctica del Terrorismo de Estado, porque no solo se produjo la matanza a los trabajadores, sino la sucesiva persecución y represión a otros sectores populares como indígenas y población campesina.

Se constituyó en acción de primer orden ahogar las luchas populares, a través de agentes privados, civiles armados, o con la misma fuerza pública con las que impusieron el terror. Así devino el magnicidio de Jorge Eliecer Gaitán y el de miles de campesinos, mujeres y niños, en esa larga violencia que aún no termina, donde tuvieron rienda suelta los grupos conocidos como "chulavitas" o "pájaros" al servicio del gobierno conservador, con las consecuencias sangrientas y de despojo de tierras, registrada por muchas investigaciones.

En el mismo contexto de dicha estrategia está la dictadura de Rojas Pinilla, con la que se continuó persiguiendo a las comunidades campesinas y masacrando a estudiantes. No puede pasar por alto el acontecimiento de la constitución del Batallón Colombia, el cual fue organizado, equipado y entrenado, bajo la doctrina táctica del Ejército de los Estados Unidos y dirigido por ese país (1) y su participación en la guerra de Corea.

Estuvo al orden del día, la difusión y estudio de la doctrina militar norteamericana; la suscripción del Pacto de Asistencia Militar de 1952; el acuerdo de junio de 1959 entre asesores norteamericanos y el presidente Alberto Lleras Camargo, para formar unidades contraguerrillas. Todo ello en una simbiosis entre la doctrina del país del norte y la nacional.

Sin embargo, el punto clave y decisivo de la integración entre la estrategia de seguridad norteamericana y la nacional lo constituye la Misión dirigida por el General William Yarborough en febrero de 1962, que, además de las recomendaciones sobre incremento de la asistencia técnica, material y de entrenamiento, recomendó la organización de grupos paramilitares anticomunistas y la utilización de técnicas de tortura (2).

El más significativo hecho de aplicación a las recomendaciones de la misión Yarborough, es precisamente la Operación Marquetalia en mayo de 1964, es decir el ataque a la comunidad campesina organizada, que labraba la tierra en las estribaciones del Nevado del Huila, donde solo 46 hombres y dos mujeres hicieron resistencia a más de 16 mil soldados. Ofensiva efectuada con la participación de unidades militares de Estados Unidos, con personal de entrenamiento y asesores, además de la asistencia técnica, en el marco del Plan Lazo.

Sin embargo, el paramilitarismo ha sido la expresión más efectiva del terrorismo de Estado que han utilizado las élites nacionales para garantizar su hegemonía. Principal responsable de la tragedia del exterminio de la Unión Patriótica(3), de la realización de horrendas masacres y de programas de eliminación selectiva de activistas sociales o desapariciones forzadas y de millones de personas desplazadas y exiliadas o refugiadas. Unido a la lucha ideológica y propagandística, a la represión de la protesta social, la adopción del Estatuto de Seguridad, entre otros.

El fenómeno paramilitar, ha gozado de legalidad a través de varias normas, desde la Violencia bipartidista (chulavitas y pájaros), pasando por la autorización explícita en el Decreto 3398 de 1965 que amparaba la organización de autodefensas civiles por parte de las fuerzas militares.

El Decreto 356 de 1994 que autorizó las Cooperativas de Vigilancia y Seguridad Privada-Convivir- con las que nuevamente se legaliza la acción paramilitar, al tiempo que se fortalecía el narcotráfico y su alianza con este fenómeno en trabazón con terratenientes, ganaderos, empresarios, militares y políticos en cabeza de Álvaro Uribe Vélez.

La implementación de la estrategia no termina ahí; son numerosos los convenios y programas de asistencia, formación y entrenamiento militar en los Estados Unidos, con la orientación de la doctrina de seguridad que continúa reforzando el odio al "enemigo interno", es decir a todos quienes tienen una posición contraria al orden vigente.

La estrategia norteamericana pasa luego por el período de lucha contra el narcotráfico, se afianza y fortalece con el Plan Colombia bajo el gobierno de Andrés Pastrana, que rearma a las fuerzas militares y las prepara para enfrentar la insurgencia con la reorientación antiterrorista posterior al 11 de septiembre de 2001, en una fase de intervención directa de gran magnitud.

La consolidación del Plan Colombia en el contexto de la política de Seguridad Democrática, la reorganización de la misión militar adjunta a la embajada norteamericana en Colombia, con efectivos militares, el asentamiento de siete bases norteamericana en el territorio patrio, y la presencia de mercenarios y empresas privadas de seguridad.

Continúa el apoyo a las acciones adelantadas por los grupos paramilitares, y la organización de redes de inteligencia con la participación del DAS, (hoy Agencia Nacional de Inteligencia), vinculadas a asesinatos de Estado, incluidos los llamados "falsos positivos": asesinatos de civiles a manos del ejército colombiano y presentados como bajas en combate; son apenas, muestras de la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional de los Estados Unidos en Colombia.

Bibliografía:
1) La Participación de Colombia en la Guerra de Corea, VISION GLOBAL
http://www.adeveco.org/index.php/nosotros/5-la-participacion-de-colombia-en-la-guerra-de-corea
2) Vega Cantor Renán, Informe individual, Injerencia de los Estados Unidos, Contrainsurgencia y Terrorismo de Estado, Comisión Histórica del conflicto Armado y sus Víctimas, febrero 2015, pág 32.
3) Genocidio político: el caso de la Unión Patriótica en Colombia.
http://www.desaparecidos.org/colombia/fmcepeda/genocidio-up/cepeda.html

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