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sábado, 9 de mayo de 2015

Apuntes sobre la derrota nazi

Cada día surgen más razones para comprender la gran estafa ideológica, histórica y política cumplida por los amos del capital contra la mayoría de la humanidad.

Por Equipo de Redacción Resistencia

El tiempo va cumpliendo con su tarea de revelar verdades y secretos. Ahora sabemos que la segunda guerra mundial fue el recurso más expedito para que el gran capital en crisis en los años treinta, encontrara el modo de reproducirse, ampliarse y concentrarse, en un momento en que parecía inminente su derrumbe definitivo. Ahora sabemos que las distintas expresiones del totalitarismo fascista fueron creaciones de ese capital urgido de salvación.

Desde la perspectiva de los setenta años después es fácil entender por qué el gran objetivo del Tercer Reich era la Unión Soviética. En ese enorme país se había puesto en marcha un sistema económico, político y social que rep

resentaba una alternativa real para los pobres y explotados del resto del mundo. Un sistema que había logrado en el breve período de dos décadas convertir a un país pobre y atrasado en una pujante potencia industrial sin lacras sociales.

A régimen comunista de la Unión Soviética podían atribuírsele todos los crímenes posibles contra los pueblos que la conformaban. En eso se emplearon a fondo los aparatos de propaganda nazi y de occidente en general. Pero setenta años después es apenas justo reconocer que hechos como los imputados escandalosamente a Stalin y los suyos, tenían ocurrencia, incluso en dimensiones más terribles, en cada uno de los países obsesionados en condenar la URSS.

La historia de la industrialización norteamericana en el siglo XX está plagada de inmundicias. Grandes novelistas, como John Steinbeck, lo describen crudamente en sus obras. La penetración del capital estadounidense en América Latina, para la misma época en que ascendían los nazis en Alema

nia, es más que conocida para repetirla aquí. Las guerras de conquista, el saqueo, las dictaduras más sangrientas sirvieron de base a la prosperidad de sus negocios.

Sólo que no hacían alboroto con ello. Los llamados campos de concentración en Rusia, está probado hoy día, eran mucho más humanos que el sistema carcelario de los Estados Unidos o Inglaterra, que autorizaban el empleo gratuito de la mano de obra de los reclusos por parte de los empresarios. Importantes consorcios florecieron a costa del sufrimiento y la vida de miles y miles de desgraciados llevados a la cárcel para tan inhumana sobreexplotación.

Para no hablar del comportamiento del imperio británico en la India, en África y el sudeste de Asia, lugares en los que los llamados nativos fueron siempre seres de inferior categoría, paganos despreciables a los que había pleno derecho de explotar, someter y humillar. Los franceses tampoco fueron hermanas

de la caridad en el Sahara. Hoy sabemos que los más crueles métodos de tortura en materia de contrainsurgencia los concibieron ellos en Argelia.

De acuerdo con las revelaciones de los archivos de la KGB, publicadas por los más encarnizados enemigos de los comunistas tras su caída, las víctimas del llamado horror estalinista no alcanzan a completar el número de 800.000. En más de treinta años de oprobiosa dictadura, como dicen. Las víctimas de los nazis durante los doce años que permanecieron en el poder son infinitamente superiores. Y las de americanos, británicos y franceses en sus países no son muy distintas.

Debe tenerse en cuenta que los soviéticos luchaban por construir un país sin propiedad privada ni explotadores. Que edificaron la más impresionante obra social a favor de una nación en toda la historia. Empleo, salud, educación, vivienda, cultura, recreación. Y que lo hicieron en medio del acoso y el sabotaje permanentes por parte de las grandes potencias de occidente. Además lo hicieron solos, con sus propias manos y uñas. No debió ser fáci

l.

Siempre estuvieron infiltrados por sus enemigos de Occidente. En sus fuerzas militares, en el Partido, en las fábricas. Los nazis se empeñaron en contar con una quinta columna en su interior para cuando se produjera la invasión. De todo eso tuvieron que defenderse. Al mismo tiempo, los más grandes banqueros e industriales occidentales suministraban recursos en crédito y asistencia a la Alemania nazi, convencidos de la necesidad de fortalecerla en defensa de sus intereses.

Hoy día es claro que Inglaterra esperó hasta el último momento la firma de una paz por separado con Alemania, a fin de que esta pudiera libremente aplastar la Unión Soviética. Y que los Estados Unidos retardaron hasta lo imposible la creación de un frente en Occidente, para dejar las manos libres a Hitler contra Rusia. El día D tuvo el real propósito de impedir el triunfo total de la URSS en Europa. La derrota militar de Alemania era

un hecho inminente a manos del Ejército Rojo.

No figuran en la historia oficial los americanos y británicos pro nazis. Ni los ucranianos, búlgaros, rumanos, finlandeses, lituanos y demás gobiernos que afanosamente buscaron entendimientos con Hitler. Tampoco las atrocidades cometidas por los ingleses en Grecia y otros países liberados con su participación, a fin de impedir la llegada al poder por parte de los partidos comunistas que habían organizado la resistencia popular y la lucha sin tregua contra el fascismo.

Se rinde culto a los millones de judíos sacrificados por nazis y fascistas, pero se borra que no fueron las únicas víctimas de la persecución nazi. Que también, y sobre todo, fueron víctimas los socialistas, los comunistas, los demócratas, las personas de otras razas o culturas a las que se exterminó de la manera más brutal. Los mayores horrores de la Segunda Guerra Mund

ial los soportó el pueblo ruso, con sus más de veinte millones de muertos.

Por eso es importante la gran celebración que del acontecimiento tiene lugar en Moscú. Puede que la Unión Soviética haya desaparecido. Pero su huella en la humanidad es tan profunda que, por encima de las deficiencias y errores cometidos, cada día surgen más razones para comprender la gran estafa ideológica, histórica y política cumplida por los amos del capital contra la mayoría de la humanidad. Es seguro que vendrán nuevos tiempos, eso se respira en el aire.

Montañas de Colombia, 9 de mayo de 2015.

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