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miércoles, 6 de mayo de 2015

De una guerra sucia a una paz tramposa

Todas las acciones militares en una zona guerrillera son defensivas, incluyendo los ataques a unidades militares que ingresan a esa área.

Por Antonio Villa
Guerrillero de las FARC-EP

Tenemos claro que el arte de la guerra incluye el engaño, la sorpresa, la simulación, las falsas retiradas, los desplazamientos por inesperados pasos, los ataques cuando el enemigo menos lo espera, en el punto de su máximo agotamiento, y otras máximas, como nos enseña el príncipe de la paz y gran maestro de la guerra, Sun Tzu, y estudiamos en la escuela militar de cuadros.

Considero que negociamos con los mismos que hicieron una guerra sucia que incluyó bombardeos de poblaciones, escuelas, hospitales, asentamientos de campesinos, campamentos de descanso a altas horas de la noche, en territorios de países vecinos, con bombas de 200 y 500 libras, de una que otra nos salvamos, no explotaron y cuando, después lo hicieron mataron niños, mujeres, colonos, población civil, y ahora hacen la gran alharaca por una acción de legítima defensa.

¿Cómo negociar para llegar a buen puerto, con un interlocutor que se mueve como el cangrejo y se muestra más interesado en los aplausos de la galería, la aprobación de sus cofrades, lo que le conviene a sus socios e inversionistas, los cálculos sobre las elecciones próximas y las tendencias del mercado, guías supremas de sus pasos? Se requieren virtudes sobrehumanas para lograrlo.

Si hiciera falta una prueba más de la conducta sucia y criminal en el manejo de la confrontación por parte de nuestros interlocutores de La Habana, basta con recordar la peor de todas las aberraciones: los falsos positivos, en los que miles de veces asesinaron a jóvenes inermes, a personas discapacitadas e indefensas, sólo para recabar beneficios disfrazándolos de guerrilleros.

Creo que si vamos a insistir en la salida política, debemos seguir la verticalidad en nuestras metas, la no aceptación de la justicia corrompida del sistema, el debate abierto sobre las causas de la confrontación y los nexos del Establecimiento y sus aliados externos con el paramilitarismo, entre otras barbaridades. La guerra sucia no puede trasladarse a las negociaciones de paz.

Montones de mentiras, toneladas de engaños, ardides, lágrimas de cocodrilo: porque lloraron mucho, lloraron como los cocodrilos mientras devoraban a su presa. No precisamente porque les doliera "la patria", "los hermanos soldados", "los derechos humanos", "la guerra", "los campesinos", sino porque sus glándulas lacrimales les quedan muy cerca de las chequeras.

Las cenizas de Goebbels se sienten redimidas con esta gente en Colombia, también los multimillonarios dueños de esos medios y de esos políticos, los oligarcas como Ardida Lule (RCN y NTN24), Grupo Prisa de España (Caracol), Sarmiento Angulo (El Tiempo), familia Santo Domingo (El Espectador), familia Santos (Revista Semana), familia Lloreda (El País), paramilitarismo de Antioquia (El Colombiano, el Mundo), que tienen, entre otros, el gran negocio de la guerra.

¿Entonces porque van a querer que algo cambie en Colombia? ¡Muera quien muera en las cantidades que sea! Por eso hacen un sabotaje sistemático, distorsionan, lloran y patalean, son el palo en la rueda de la Mesa de La Habana.

Los soldados del Cauca, los del Meta, los de Arauca o Urabá son la carne de cañón con la que alimentan sus ganancias. Los de ahora, los que murieron en la retoma del Caguán, los que mandaron a morir en la retoma de Casa Verde y en la operación Guayabero, los de Marquetalia. Esos militares muertos, que nadie dice cuántos son, han sostenido desde siempre un régimen político violento y terrorista, excluyente y corrupto.

En Colombia este régimen político se mantiene con los votos de un promedio de 27 y 30%, pero juran y sin pudor publican permanentemente, que representan al pueblo, son el pueblo, aman al pueblo. Los medios masivos de falsificación impresos publican 151,8 copias por cada 1.000 personas, 15%, pero se toman la vocería de todo el pueblo y a veces del mundo.

Para representar al pueblo hay que luchar por sus intereses y poner la vida en función de eso, sacrificándolo todo. Las FARC no engañamos a nadie, porque no hay razones de lucro de por medio, nadie se enriquece aquí, es más, hacerlo es un delito gravísimo que no se perdona. La guerrilla fariana combate con las armas en la mano y con ideales de libertad, de igualdad y de fraternidad en una guerra que nos impusieron y que siempre hemos querido terminar.

El asunto es que no han logrado derrotarnos y les toca negociar. Negociar lo que no han podido por inútiles y no han querido por miserables, unas reformas democrático burguesas. Pero el temor a un gran movimiento popular que se desencadene irrefrenable, los obliga a recurrir a su doctrina "zona de confort": la Seguridad Nacional. Por eso no aceptan un cese el fuego bilateral, que de inmediato pararía la guerra, los muertos, las víctimas. Por eso se aprovechan del gesto unilateral de las FARC, quieren ganar ahora el territorio físico, político y social perdido en las guerras.

Todas las acciones militares en una zona guerrillera son defensivas, incluyendo los ataques a unidades militares que ingresan a esa área. ¿O esperamos que nos maten en el patio del campamento, o que nos expulsen de las regiones? ¿Dejar las regiones y al pueblo en manos del narco paramilitarismo? Ya hay suficiente angustia en la gente por ese tema.

Quieren reducir el tema de las transformaciones fundamentales que urgen al país a uno solo, la cárcel para los alzados. En el fondo tampoco eso les importa, lo que buscan alcanzar es que se proscriba, se condene, se sepulte para siempre el derecho universal a la rebelión. Ilusos, a pesar de todo, la humanidad avanza, hay valores que se conquistan para siempre.

Nota: Invito cordialmente, a los malditos guerreristas de este país, los de escritorio, los de corbata y corbatín, falda y minifalda, a los del iPhone más moderno, a que acompañen a esos pobres soldados a un día de guerra.

Montañas de Colombia, 3 de mayo de 2015.

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