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sábado, 30 de mayo de 2015

La paz la ganaremos en la conciencia de los colombianos


 Los hechos recientes que desembocaron en el levantamiento del cese al fuego unilateral y definitivo por parte de las FARC-EP, nos han retornado a un punto anterior, que coloca el proceso de paz en una situación vulnerable frente a los ataques de los pregoneros de la guerra infinita.

Un retroceso peligroso, que desinfló el globo según el cual el proceso ya es irreversible.

El escenario de una confrontación militar recrudecida, con su estela de víctimas y sufrimiento es lo menos conveniente para la Mesa de La Habana y sin duda los enemigos de la paz sabrán aprovechar la situación para sensibilizar la opinión y continuar su trabajo de sabotaje al proceso, máxime cuando cuentan entre sus armas con poderosos medios de comunicación.

De esa realidad surge la necesidad de acordar un cese al fuego bilateral, que genere el medio ambiente propicio para evitar que pueda malograrse este empeño, que nos tiene más cerca que nunca antes, de pararla guerra.

No es poco el peso que descansa sobre los hombros de quienes por fuerza de las circunstancias nos hemos visto abocados a desempeñar un papel en este momento de la historia de nuestro país.

Teniendo el privilegio de conocer de primera mano los entretelones de la Mesa, podemos asegurar nuestro convencimiento de que es posible encontrar los caminos que nos conduzcan al entendimiento; pero igualmente estamos obligados a reconocer los obstáculos que se levantan frente a este propósito, que, no dudamos, es la más cara aspiración nacional.

Es en la opinión pública donde debemos ganar la batalla por conquistar la paz con justicia social para Colombia.

Por lo anterior, cobran gran significación hechos como el acuerdo para la descontaminación del territorio de explosivos, que acaba de terminar su fase 2. No es cualquier cosa, que mientras se suceden violentos hechos de guerra que sacuden con fuerza los sentimientos y la situación política del país; de manera simultánea, los mismos que se enfrentan a muerte en otros rincones del territorio, caminen hombro a hombro tras un propósito común dirigido a mostrar en la práctica, lo que puede llegar a ser un país sin guerra.

Lo que está sucediendo en la vereda El Orejón del municipio de Briceño, Antioquia, es un hecho sin antecedentes; máxime, si tenemos en cuenta que el Comandante del Bloque que agrupa las unidades de las FARC-EP en esa región, el camarada Román Ruiz, acaba de morir en una acción ejecutada por la fuerza pública.

Para quienes atizan la guerra, acostumbrados a vivirla a través de una pantalla de televisión o en los titulares de prensa,quizás esto no les diga mucho; por el contrario, para quienes hemos vivido y padecido su trágica realidad al lado de nuestro pueblo; no nos cabe duda que más temprano que tarde esa semilla, habrá de germinar en el corazón y la conciencia de los colombianos.

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