Video

lunes, 11 de mayo de 2015

Le temen más a la verdad que a las balas.

Por Ramiro Pardo

Militante PCCC

 

Concurridamente se habla de 50 años de conflicto en Colombia, como si la confrontación hubiese empezado en 1964 con la agresión a Marquetalia. Sin duda, se trata de uno de los hechos históricos más relevantes de la historia reciente, pero no porque fuera el inicio de la violencia, sino porque marcó el punto de nacimiento de una insurgencia organizada y con vocación de poder.

 

Pareciese que antes de dicha fecha, todo hubiere sido un clima de eterna paz y tranquilidad y se oculta con ello la verdad y las responsabilidades de quienes desde siempre han desangrado la patria. Para no ir muy lejos, baste decir que la oligarquía gobernante es hija de la corona Española, aquélla que bajo el auspicio de la cruz y la espada, masacró a miles de indígenas en toda américa latina. Ese fue el bautismo de sangre de nuestro pueblo. Allá en algún lugar de nuestro origen, tenemos un tatarabuelo o chozno indígena, que fue asesinado, y una tatarabuela que seguramente fue violentada.

 

A la larga nadie pagó por ese primer genocidio de nuestra historia. Desaparecieron y borraron de la faz de la tierra a numerables pueblos, apoderándose de la tierra y la riqueza, con la cual la decadente Europa pudo desarrollar su revolución industrial y el capitalismo. Nunca hubo ni verdad, ni justicia, ni reparación. 


Ya en la época de la gesta independentista, el gran Antonio Nariño fue traicionado recurrentemente por aquéllos criollos americanos que con ínfulas de superioridad racial, y seguramente por su origen noble, pretendían una independencia de la España, pero sin libertad para el pueblo. A sus juicios, indios, mestizos, negros y mulatos debían seguir bajo el dominio explotador de nuevos amos.

 

Marcó el signo trágico de nuestra historia, el asesinato del mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, cuyo pensamiento fue silenciado por los mismos traidores de Bolívar. Escasamente se señala a José María Obando de tal magnicidio. No empezábamos la época republicana, cuando cientos de guerras civiles se habían producido, y luego de un periodo liderado por las ideas liberales de Mosquera, cayó sobre esta tierra el manto triste del oscurantismo que nos gobierna desde entonces. La constitución de 1886 estableció un modelo de colombiano y sujeto de derechos, basado en ser propietario, hombre, mayor de edad, blanco, católico e ilustrado. Con ello se institucionalizó el pensamiento ultraconservador, excluyente y radical, que desconoció la ciudadanía al resto de colombianos e impidió la construcción de una Nación. Bajo tal sistema antidemocrático nos regimos por más de 100 años, y sus efectos aún persisten al pervivir la matriz de pensamiento que engendró. 

 

Los muertos de la guerra de los mil días, tampoco fueron hechos cuenta. Ante la derrota de las guerrillas liberales del general Rafael Uribe Uribe se desató la más feroz persecución contra quienes no comulgaran con el pensamiento hegemónico. El genocidio liberal jamás fue reparado, y las verdades se saben a medias. Al fin y al cabo dicho partido prefirió la alianza con la oligarquía haciendo pactos por lo alto, y dejando al pueblo raso a su suerte. Lo cierto es que nunca pagaron un minuto de cárcel personajes perversos para la historia como Rafael Reyes, Mariano Ospina Rodríguez, José Manuel Marroquín, o los mismos ideólogos de tan sombría historia, Miguel Antonio Caro y Rafael Núñez. 

 

No cesaba la persecución, principalmente a los campesinos para arrebatarles su tierra, y los muertos se contaban por miles. A la par, empezaban a resurgir resistencias desde lo más hondo del raigambre popular al estilo de Manuel Quintín Lame. Justo cuando amenazaba con romperse la hegemonía conservadora, Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez, determinaron la muerte de Jorge Eliecer Gaitán. Verdad que todos saben pero nadie afirma. Se iniciaba con ello la etapa de la violencia actual contra el pueblo, y el genocidio al movimiento gaitanista quedó ahogado en la sangre de miles y miles de colombianos y colombianas humildes. Apenas era el año 1948 y las Farc – Ep, ni siquiera existían en la historia. Veinte años antes, en 1928, para complacer a los gringos, el ejército había masacrado a los trabajadores bananeros, en pleno gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez. Sobre ese cruento episodio tampoco hubo justicia, ni reparación. La verdad todo el mundo la supo.

 

Entonces, a modo de resumen, ¿quiénes han sido los causantes de la guerra y el conflicto en Colombia?... la respuesta es sencilla, los mismos que defienden y defendieron el modelo de país basado en la economía de hacienda y el hombre, blanco, rico, católico, e ilustrado. Son ellos los que con su ambición excluyeron al 98% del país de la posibilidad de construirse como nación; fueron ellos quienes desde el principio arrebataron la paz y ahogaron la democracia. Es hora de esclarecer las verdades y ajustar las cuentas. Para ello, con armas o sin ellas, es que hemos jurado vencer y venceremos!!!! 

0 comentarios:

Publicar un comentario