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martes, 12 de mayo de 2015

Por la lucha y por ellos

Por: Jency
Guerrillera BCJB \ Una Situación Difícil

Antes de que yo ingresara a las filas guerrilleras, mi hermano más cercano ya había ingresa años antes, lo que me generaba gran preocupación por mi gran relación de hermandad con él. El anhelo de verlo siempre me acompañaba, extrañando su presencia y sus abrazos. Deseaba neciamente volver a sentir su cariño, por lo que tome la decisión de ingresar y contribuir a esta gran causa uniéndome a las FARC-Ejército del Pueblo.

Estando ya en la guerrilla pasaron cuatro años sin ver a mi hermano, cuando sin esperarlo, una persona cercana me contó que lo había visto, lo que me emociono mucho. Casualmente para esos días posteriores asignaron un comando mixto para realizar una acción, para la cual nos enviaron a los dos, logrando por fin, después de tanto tiempo  volvernos a ver. La alegría invadió nuestros corazones, además por fortuna la acción a realizar había sido todo un éxito.

Pasados pocos días nos volvieron a separar; a él lo enviaron por poco tiempo para el frente donde pertenecía; por fortuna no estuvo mucho tiempo. La expectativa fue mucha al ver que nuevamente, ya que habían reestructurado los frentes, volvíamos a estar juntos en la unidad donde me encontraba. Nuevamente quedamos juntos en una compañía de orden público, lo que trajo consigo sentimiento encontrados al sentir lo difícil que sería en caso de que pasara algo lamentable con algunos de los dos, reconociendo que era algo  difícil de evitar por lo complejo de esta guerra. 

Tiempo después, sin mayor novedad, nos separaron; a mi hermano lo enviaron para una compañía de organización. Conscientes de nuestra gran responsabilidad nos despedimos con el gran orgullo de ser revolucionarios. 

A mí me asignaron para el frente 43 donde el camarada Efrén. Una mañana, estando reunidos por unidades en la charla matutina, escuchamos como un avión se acercaba; cada segundo los sentíamos más cerca, la sensación desde un inicio era extraña. De repente comienzan a disparar hacia nosotros, todos corríamos, el camarada Efrén gritaba "métanse en las trincheras", cuando comienzan a caer sobre nosotros las feroces bombas; desafortunadamente no todos alcanzaron a hacerlo. 

Cuando termino el bombardeo salimos del campamento; pasado un rato volvimos a ver y entender la catástrofe que había dejado el salvaje ejército. El saldo era terrible, se veían camaradas caídos irreconocibles, destrozados debajo de empalizadas, heridos. Un completo desastre.  Los camaradas ante fatal panorama resistieron con toda su fuerza y dolor, impidiendo así el desembarco de tropas en el sitio. Consiguiendo sacar heridos, brindándoles por parte de los enfermeros los primeros auxilios, aplicándoles los medicamentos requeridos para no perder más camaradas.

Partimos del lugar con el dolor de haber perdido muchos compañeros. Con el alma también destrozada, marchamos dos días por la selva, buscando mayor seguridad para aquellos que quedábamos,  nuestros compañeros heridos ya estaban recuperándose y con mejor semblante.

Pasaron 8 días. Era 3 de agosto, cuando nuevamente, a las 00:00 se escucharon los aviones bombarderos. Los guardias de ese turno comenzaron a llamar al personal para que estuviesen  en alerta, pero esta vez las bombas no iban orientadas a nosotros. A lo lejos se escuchaba los estruendos de bombas al caer, parecía que se iba acabar el mundo. A los pocos minutos iniciaron las ráfagas desde los helicópteros. A las dos horas todo quedo en un silencio perturbador, la luna ya se estaba ocultando.

Amanecimos ese día sin saber que había ocurrido. El camarada Efrén ordeno por seguridad, guardar todos los objetos electrónicos. Salimos de marcha, ubicándonos de forma tal que tuviéramos mayor información sobre lo sucedido o que se reportara algún camarada. 

A las 9 de la mañana comenzaron a llegar pocos compañeros heridos. Ellos con tristeza confirmaron que el bombardeo había sido en contra el frente donde se encontraba mi hermano, el dolor fue inmenso. Los muertos eran bastantes, había heridos, muchos desaparecidos y los pocos que lograron salir estaban disgregados por toda la zona, corriendo con la suerte de ser auxiliados por la población civil.  Los compañeros que llegaron no daban razón de mi hermano, unos decían que él había salido con vida, otros al sospechar de su suerte, no decían nada. Ocultándome así la triste realidad. Yo empezaba a sospechar, me estaban mintiendo; en mis adentros un nudo, mi sexto sentido me decía que algo  había sucedido con él.  Sin poderlo resistir llore de rabia y tristeza hasta el cansancio, me sentía "sola".

Pasaron los días sin saber de él. Preguntaba constantemente por su suerte al camarada Arbei, pero solo me decía que tenía que esperar, ya que algunos compañeros estaban aún disgregados por la zona. 

Trascurridos 8 días me encontraba de guardia; por donde yo me encontraba situada vi llegar a unos camaradas. Llegaron solo 12, después de ser más de 50, mi hermano no venía allí, fue asesinado por el ejército en esa nefasta noche, en aquel cruel y cobarde bombardeo.  

A pesar de ser uno de los momentos más difíciles y saber que la muerte es uno de los riesgos que corremos, esto me da más fuerza para continuar en la lucha revolucionaria. Porque la resistencia y la persistencia en este camino rebelde es por el pueblo y por los cientos de camaradas que han entregado su vida por esta hermosa causa.

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